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Lady Profeco

El “juniorismo” no se da por generación espontánea. Es genético y viene en la sangre de unos hijos que desde que nacieron vieron a sus papás abusar del poder

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A Jacobo Zabludovsky por su medalla Eduardo Neri

El “juniorismo” es uno de los males sociales endémicos de México. Cualquier hijo o hija de papi con algo de poder,  se siente dueño del mundo.

El “juniorismo” se define como el uso y el abuso del poder que usufructúan los hijos de personajes –públicos y privados– para hacer valer su ley. 

Acaba de suceder con Lady Profeco, la hija del mexiquense  Humberto Benítez, Procurador Federal del Consumidor, quien en un arranque de “juniorismo” se asumió con el poder de papi para influir en el cierre de un restaurante que, a su criterio, no la atendió como ella se merecía.

Las reacciones en las redes sociales, fueron de una condena colectiva que obligó a papi y a la “junior” a salir – ¡oh humillación!– a pedir disculpas por los excesos.

Pero el de Lady Profeco no es un caso aislado de “juniorismo” en la clase política, aunque sea el primero en el sexenio de Enrique Peña Nieto.

Cómo olvidar a la hija de Carlos Romero Deschamps, el líder petrolero que pone a disposición de su “junior” helicópteros y tarjetas sin límite para sacar a pasear hasta a los “junior perritos”.

¿Alguien borró ya de su memoria los desfiguros de los hijos de Ernesto Zedillo cuando pretendieron hacer valer su charola de “juniors presidenciales” que buscaban  saludar a Bono, el vocalista de U2?

O qué decir del “junior de todos los juniors”, Jorge Emilio González, mejor conocido como El Niño Verde. Sus aventuras de “charolazo” desde gestionar moches para autorizar fraccionamientos en Cancún, sus “junior” amoríos y sus aventuras etílicas en El Torito, con salida a dormir a casa, son de antología.

Pero el “juniorismo” no se da por generación espontánea. Es genético y viene en la sangre de unos hijos que desde que nacieron vieron a sus papás abusar del poder.

Nadie puede proclamarse “pirrurris” si antes no vio en el ejemplo de papi a un “papas fritas” que siempre le dijo que todo lo puede. 

Si lo dudan volteen a ver a uno de los “juniors” de Marta Sahagún. Si mami cumplió 60 años y se dio el lujo de invitar a que cantara Juan Gabriel a sus mil invitados en el cuestionado rancho de San Cristóbal, ¿por qué asustarse de los desplantes de Manuelito Bribiesca?

Por eso cuando Lady Profeco llama a quienes considera “guarros de papi” para que clausuren el restaurante, es altamente probable que su único pecado fuera exhibir lo que aprendieron de papá o de mamá. ¿Veeeees?

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