#Narcotráfico

La narcografía de Calderón

Atrás quedaron los cárteles de Tijuana, Ciudad Juárez y el Golfo. Ahora quienes dominan la escena son Sinaloa y Los Zetas. A seis años de declararse la guerra contra las organizaciones criminales, éstas tienen más recursos, más armas, son más violentos y están en todo el país. Conoce la nueva radiografía del narco

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El narco se esparció por todo el país en busca de resguardo y nuevas bases
de operación
Peña Nieto heredó un monstruo de muchas cabezas: el crimen organizado
El desmembramiento del Cártel del Pacífico Sur dio origen a tres nuevas células delictivas
Sinaloa y los Zetas aumentaron su prescencia y se consolidaron como los más fuertes
90
por ciento de la cocaína que ingresa a los Estados Unidos proviene de México.
30
por ciento de la cocaína que ingresa a los Estados Unidos lo hace por los estados del Golfo de México.
50
por ciento de la cocaína que ingresa a México de Sudamérica entra por los estados de la costa del Pacifico.
20
por ciento de la cocaína entra vía terrestre a través de la frontera con Guatemala.

Enrique Peña Nieto llegará a la Presidencia de México con una herencia ineludible: la guerra contra el narco iniciada hace años por Felipe Calderón. 

La herencia incluye un país erosionado por organizaciones criminales que se han multiplicado como la cabeza de la hidra, en una guerra que lejos de debilitar a los cárteles, los ha fortalecido.

Casi seis años han pasado desde que Calderón declarara la guerra al narcotráfico, en una acción que habría marcado su antecesor, Vicente Fox. 

Hoy vemos los resultados de la lucha con dos cárteles que al momento que el presidente asumió el poder eran organizaciones calificadas como emergentes y se han posicionado como las más poderosas y sanguinarias: El cártel de Sinaloa y los Zetas. 

El primero liderado por Joaquín “El Chapo” Guzmán es considerado como el más grande del mundo, y los Zetas, que habrían iniciado en 1999 con 30 ex militares al servicio del Cártel del Golfo, han asumido el control del 90 por ciento de la región Este del país.

Este grupo ha aterrorizado a México ejerciendo un grado de violencia nunca antes visto. La organización libra una feroz batalla con seis cárteles y aún que existen reportes de una división interna, pareciera que han salido fortalecidos de los embates en su contra.

El gobierno Calderonista y su predecesor dirigieron esfuerzos para desmembrar a toda costa al Cártel del Golfo. Tan solo en el sexenio de Felipe Calderón detuvieron a cinco líderes del más alto nivel.

En el mes de septiembre de este año, en sólo una semana, el gobierno federal decapitó a esta organización deteniendo a sus últimos dos líderes: Mario Cárdenas Guillén y Eduardo Costilla alias “el Coss”.

El por qué aun es incierto. No sabemos realmente cuál era el fin de estas operaciones, el propósito, ni la estrategia.

Lo que si sabemos, es que muy probablemente estas acciones finalmente beneficien a  alguno de los dos cárteles consolidados durante este sexenio: Sinaloa o los Zetas.

El mandato del presidente Calderón terminará el primero de Diciembre, y con ello entregará un balance sobre la situación por que atraviesa el país.

Enrique Peña Nieto heredará por tanto una nueva serie de retos en materia de seguridad. Se enfrentará a un régimen del crimen organizado que tiene influencia en todos los espacios de la vida pública.

Durante los seis años de lucha contra las drogas, los cárteles cambiaron de estructuras. Algunos desaparecieron, otros nuevos surgieron. Y todo como consecuencia inequívoca de la estrategia del gobierno federal.

Algunas oportunidades aprovechadas que culminaron en casos de éxito. 

Sin embargo, la monotonía de la estrategia también provocó nuevos brotes de violencia híbrida para lo que el país no estaba preparado.

La nueva radiografía de los cárteles

En el 2006 Calderón recibió un país socialmente convulso tras la estrecha victoria electoral, y un territorio nacional en donde durante décadas incubaron organizaciones dedicadas al narcotráfico.

Heredó un escenario en el que un problema de seguridad pública rápidamente evolucionó a uno de seguridad interior. 

La violencia exorbitante rápidamente incrementó y se esparció por diversas zonas del país.

Fueron las consecuencias de políticas públicas fallidas durante las dos administraciones previas. Acciones que el gobierno ejecutó sin apuntar, y de oportunidades que no supo aprovechar.

Estas oportunidades son básicamente tres: 

Primera, el colapso del Cártel de Juárez al morir su líder emblemático Amado Carillo Fuentes “El Señor de los Cielos”, por lo que la organización fue perdiendo capacidad operativa y poder ante los cárteles rivales.

Segunda, la muerte de Ramón Arellano Félix en Mazatlán en el año 2002, hecho que derivó en un vacío de poder al interior de esa organización, generando una pugna interna que fue aprovechada por el Cártel de Sinaloa.

Y tercera, la detención de Osiel Cárdenas Guillen, líder máximo del Cártel del Golfo.

La evolución del narcotráfico en México se ha visto especialmente marcada en los últimos 15 años. 

En este tiempo pasó de un “régimen” unipolar en los años 70 y 80  con Miguel Ángel Félix Gallardo al frente del Cártel de Guadalajara, a convertirse en bipolar en los 90 con la consolidación del Cártel de Juárez y el Cártel de Tijuana como los principales grupos.

En el siglo XXI se convirtió en multipolar con siete cárteles principales y diversas células considerablemente menores.

Especialmente dedicadas al narcotráfico, estas organizaciones evolucionaron y hoy se han consolidado como un poder fáctico en nuestro país. 

Pese al esfuerzo del gobierno federal, estas organizaciones han incrementado su presencia en diversos estrechos del territorio nacional, y hoy, a casi seis años del inicio de la guerra contra la delincuencia organizada, al monstruo –narcotráfico- le han crecido más cabezas y controlan diferentes zonas del territorio nacional; incluyendo entidades federativas por completo. 

Los cárteles

Las siete organizaciones con mayor capacidad operativa son: Cártel de Sinaloa, Cártel del Golfo, Organización de los Beltrán Leyva o Cártel del Pacifico Sur, La Familia Michoacana/Caballeros Templarios, Los Zetas, Cártel de Juárez y el Cártel de Tijuana.

Durante los seis años de gobierno del presidente Felipe Calderón las estructuras y la conformación de los cárteles cambió, y el fenómeno de evolución criminal ha sido un hecho que dejó huella en este sexenio. 

Igualmente el modus operandi de las organizaciones criminales cambió, y marcó un parteaguas en la historia de crimen organizado trasnacional.

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