El meteórico fenómeno de Gabriel Quadri podría descuadrar el añejo y férreo liderazgo que Elba Esther Gordillo mantiene al frente del sindicato de maestros en México.
Los resultados electorales del candidato presidencial del Partido Nueva Alianza (Panal) podrían convertirse en un factor de cambio para el gremio más poderoso de América Latina.
Si Quadri obtiene 3 por ciento de la votación para retener el registro del Panal, el statu quo se mantendrá. Si, como se vislumbra, supera el 6 por ciento de los votos, el alumno podría superar a su maestra al convertirse en factor de legitimidad para el ganador del primero de julio.
Esta situación colocaría en una débil posición el reinado sindical de Elba Esther Gordillo, quien podría, frente a los nuevos liderazgos, terminar por buscar una salida negociada del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).
¿Sueño guajiro? Quizás, pero ésta podría ser la primera vez en muchos años que la mítica dirigente del magisterio terminara por no ser la que defina su propio destino.
Y las muestras comienzan a aparecer. Deslindándose cada vez más del sindicato y del poder de su dirigente, Quadri se muestra independiente y firme en sus posturas, que hasta ahora le han servido para mejorar su imagen y aumentar su popularidad.
Por ejemplo, al ser cuestionado sobre el papel del Estado, en contraposición con el del sindicato, en el tema del pliego petitorio de aumento de salarios, el candidato del Panal es contundente. “Yo no soy del sindicato, eso lo tiene que negociar el gobierno, porque está en su facultad y es su responsabilidad negociar con los maestros hasta llegar a un acuerdo”.
Y en entrevista exclusiva con Reporte Indigo, Quadri deja en claro su postura frente a las largamente debatidas reformas de la educación. Sobre todo, en lo que se refiere al candente asunto de la evaluación de los maestros.
“La evaluación del rendimiento de los maestros debe ser un fin, no un medio en sí mismo. Por tanto, debe ser transparente y debe de realizarse por medio de un órgano autónomo, separado tanto del Estado como del sindicato”, afirma el candidato del Panal, a contracorriente de lo que promulgan los poderosos dirigentes magisteriales.
“Además, la evaluación, como tema central en materia de educación, debe servir para definir mecanismos de compensación para los maestros. Pero esto implicaría una reforma a la Ley de Trabajadores al Servicio del Estado”. Provocador, ¿no?
Por eso hay que evaluar a fondo el fenómeno Quadri y sus potenciales consecuencias postelectorales. Porque más allá del primero de julio, podría cambiar drásticamente el tablero político del sindicato de maestros y el poder real de su dirigente, Elba Esther Gordillo. Analicemos.
La ruptura: Primera batalla
Para entender las fuerzas políticas que están en juego a menos de dos meses de las elecciones presidenciales, hay que remontarse a la última década de la historia política nacional.
Corre el año 2003. Roberto Madrazo y Elba Esther Gordillo se unen para derrotar a su colega Beatriz Paredes en la disputa por la Presidencia del PRI. Lo logran. Él se queda con la Presidencia del tricolor, y ella con la Secretaría General.
Poco después, el tablero se mueve de manera dramática. Madrazo se va a la candidatura presidencial tras la debacle de Arturo Montiel y le incumple a Gordillo con la promesa de entregarle las riendas del PRI.
La disputa entre La Maestra y los priistas se enardece en un choque frontal con Manlio Fabio Beltrones y Emilio Chuayffet. La manzana de la discordia: el control de la bancada priista en la Cámara de Diputados.
La acusan de estar al servicio del gobierno panista de Vicente Fox y de operar con Marta Sahagún los acuerdos que, por encima del partido, se hacen con el ex presidente Carlos Salinas. Las negociaciones de la reforma fiscal foxista en la residencia salinista de Santa Teresa son una prueba contundente.
Beltrones y Chuayffet tienen éxito al desbancar a Gordillo. Pero ella no solo se margina del PRI. Comienza a operar en su contra.
La disputa Beltrones-Gordillo inicia la ahora legendaria historia de las jugadas de La Maestra al margen del PRI. Es así como, tras un escándalo nacional, termina expulsada en 2006. Expulsada, pero no fuera de la jugada política. Crea su propio partido, el Panal.
Hace una alianza con Vicente Fox, con quien fortalece un cogobierno. Al mismo tiempo, busca ganarse las simpatías del entonces candidato puntero, Andrés Manuel López Obrador.
La Maestra no lo logra, y termina sentada en la mesa con el panista Felipe Calderón. Le articula a media docena de gobernadores que están en contra de la candidatura priista de Roberto Madrazo.
Crean el TUCOM (Todos Unidos Contra Madrazo), que con la operatividad electoral del magisterio, trasvasa al PAN votos estratégicos que eran del PRI. Gana Calderón por .56 por ciento. Pero nada es regalado, ni en la política ni en la vida.
Las facturas comienzan a cobrarse. El yerno de Elba Esther, Fernando González, es designado subsecretario de Educación. El entonces candidato presidencial del Panal, Roberto Campa, es nombrado secretario técnico del Consejo de Seguridad, y Miguel Ángel Yunes se queda con la Dirección General del ISSSTE.
También le dejan la Lotería Nacional. Primero para Francisco Yáñez, muy cercano a Elba Esther, y luego para Miguel Ángel Jiménez, otro allegado a la lideresa del magisterio.
Pero los encuentros y desencuentros entre La Maestra y el presidente se dan a lo largo del sexenio calderonista. Miguel Ángel Yunes es el epicentro.
El regreso al PRI y la alianza frustrada








