Si es verdad que la política es una convicción generalizada, entonces está claro que están tratando de conseguir, por todos los medios, que lo que les gustaría que fuera a unos y a otros acabara siendo verdad.
Lenin dijo: los hechos son tozudos. En este caso, las encuestas son confusas. Sin embargo, la encuesta de verdad, la única que importa, es la del primero de julio.
A 18 días de los comicios, me empieza a preocupar mi propia sensación de mareo. Porque, como poder pasar, todo puede pasar, pero hay que ser serios. Quizá sucede que quienes creen que el país es absolutamente inmune a cualquier cambio y evolución tienen razón y que, pese a todo lo que parece que se está modificando, no pase de ser más que un salpullido primaveral.
Pero, al mismo tiempo, podría ser lo contrario. Y si hay primaveras en los países árabes, ¿por qué no podría haber primavera en México?
¿A dónde quiero ir a parar? Si está usted entre los que creíamos que eran dos los que se disputaban realmente la Presidencia –sabiendo que, tal como pasó con Cordero en la competencia interna del PAN, si eran tres, todo cambiaría–, pues naturalmente recomiendo mucha prudencia.
La prudencia es necesaria también en el tramo final de quien representa a todos los mexicanos y la jefatura del Estado. Por una parte, me alegro que parezca estar tan convencido de lo que ha hecho y que no tema a nada, ni a nadie. Ésa es la ventaja de tener fuertes convicciones. Ya veremos qué piensan los demás.
Por otra parte, me preocupa mucho que pueda ser malinterpretado –como efectivamente puede serlo, aun en la más pura buena voluntad oficial– aquello de que él ve una fotografía de tres. Porque una cosa es que lo diga un gacetillero como éste que les escribe, y otra cosa es que lo diga el presidente de la República.
Puestas así las cosas, estos Puntos Sobre las Íes son sobre mí mismo y sobre todos aquellos que por una razón u otra tenemos que interpretar esta complicada elección presidencial.
Si sigue adelante la espiral del entusiasmo entre los que lo tenían todo y parece que en este momento lo siguen teniendo –según la encuesta que usted lea–, o se da un giro copernicano de las posiciones, según señala otra encuesta pagada por la propia bolsa de académicos ilustres como la de Berumen y Asociados, uno concluye que no hay un México. Hay muchos Méxicos. Siempre lo supimos.
Lo único seguro es que solo puede haber un presidente. Así que mientras sigue la guerra de las encuestas, ojo con lo fácil que es desestabilizar el proceso electoral. Ojo con pasar de los gritos y las manifestaciones en contra de uno de los candidatos –Peña Nieto, por hablar de alguien– a poner las manos sobre la camioneta, porque después, dónde más se ponen las manos. Ojo con el furor de nuestros jóvenes –los peñistas y los antipeñistas–, no vayamos a tener una catástrofe. Pero, sobre todo, ojo con algo que me molesta y preocupa profundamente: pase lo que pase, la elección está envenenada.
Si gana Peña, ¿cómo podrá gobernar? Me encanta la visión de “súper” Ebrard: cree en un gobierno de consenso. Yo también. Pero suponiendo que no gane López Obrador, lo que realmente se habrá conseguido es que, gane quien gane, tenga una victoria muy envenenada y un mandato quizá ingobernable. Eso no está en las encuestas. Eso no está en la mente de los que hablamos o hacemos los periódicos o los programas de radio y televisión. Por eso es bueno que esté en su mente como ciudadano.
Mire qué frágiles nos hemos vuelto de golpe. Basta con pasar de las manos en la camioneta al cuerpo del candidato o el fervor de los jóvenes para que lleguemos a tener una catástrofe nacional.









