#LosPuntossobrelasíes

La encuesta escarlata

A fuerza de repetir todos los días que uno era invencible y que los demás estaban estancados, nadie puede descartar que se diera el fenómeno que los analistas llaman “profecías autocumplidas”.
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Una disculpa no es suficiente para salvar cara ante el fracaso de las encuestas más sonadas de la pasada elección presidencial.

Decían una y otra vez que la distancia entre el primero y el segundo lugar sería de 18 puntos –unos–, de 14 ó 12 –otros–. Todos fallaron. 

Y a los que pronosticaban que la pelea era más pareja, se les buscaba quemar en leña verde. La herejía de ir contra la ciencia de la estadística, matemática precisa, aun en un país de desconfiados o de iletrados, era imperdonable.

Sobre esa premisa se tejió la invencibilidad de un candidato y se fortaleció la vulnerabilidad de los otros tres. 

Desde sus pedestales mediáticos, los comunicadores descalificaban a cualquiera que se atreviera a cuestionar metodología y resultado.

Y fue así como los números del invencible se fueron articulando a lo largo de tres meses, hasta desembocar en editoriales firmados por los propios comunicadores anunciando que ya existía un ganador.

Fue entonces cuando las encuestas dejaron de ser un instrumento de medición y se convirtieron en propaganda. 

Un instrumento útil para convencer a los indecisos o a los que esperan hasta el último minuto para apostarle “al ganador”.

Y para dar mayor certidumbre a su apuesta, los comunicadores repetían una y otra vez que eran tan confiables, que ya se vería el día de la elección de qué estaba hecha cada encuesta. Hasta que el “Día D” los alcanzó.

La de un periódico que daba un tracking diario falló por 18 puntos. La de otro diario que los acercó a cuatro puntos y luego los alejó a 12, falló por seis puntos. Le habría ido mejor si no hubiera corregido el escándalo que le generó revelar que solo estaban separados por 4. Habría fallado por dos, dentro del margen de error.

Pero a fuerza de repetir todos los días que uno era invencible y que los demás estaban estancados, nadie puede descartar que se diera el fenómeno que los analistas llaman “profecías autocumplidas”.

Sea como fuere, algo tenemos que hacer para impedir que las encuestas, las bien intencionadas y las patrocinadas, vuelvan a servir como instrumento inefable de propaganda política.

Una propuesta que lanzamos desde aquí es que el IFE intervenga, no para impedir o inhibir las encuestas, sino para darles un grado de credibilidad.

Y que a cada casa encuestadora se le dé una calificación de confiabilidad en función a sus últimos resultados. Una letra escarlata para aquellas que fallen ostensible y consistentemente.

¿Qué credibilidad habrían tenido las últimas encuestas presidenciales si a los ciudadanos se les hubiera advertido que habían sido hechas por las mismas encuestadoras que pronosticaron el triunfo arrollador del PAN en las elecciones de Michoacán que terminó ganando el PRI?

Los encuestadores políticos que fallan de manera tan brutal, más allá de los llamados márgenes de error, no deben publicar sus resultados con impunidad. Tienen que pagar el precio de la deshonra.

Si un banco hace préstamos irresponsables, incobrables, pone en riesgo su solvencia, y las calificadoras lo degradan. Paga un precio. Al inversionista lo alertan. Por eso los bancos cuidan su cartera.

Lo mismo debe suceder con los medios que hacen encuestas irresponsables, insostenibles, sin solvencia. A una calificadora académica, sujeta a las reglas del IFE, se le debería otorgar un grado de calificación. Pagar un precio frente al error.

Es la única forma en que podremos evitar que en el futuro aparezcan los Madoffs de las estadísticas, los que defrauden a diestra y siniestra, impunemente, creyendo que con un “Usted disculpe” el daño es reversible.

Por lo pronto, a las que fallaron por arriba de su margen de error, impongámosles ya la letra escarlata, para que transiten con su vergüenza a cuestas. 

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Pienso que se deberian anunciar nuevamente el nombre de las encuestadoras y los nombres de los periodistas q constantemente repitieron los resultados falsos y manipulados a favor de EPN que con la misma ostenticidad con la que divulgaron esta informacion ahora se divulgen sus nombres y las empresas. Que se hagan responsables, que reparen los daños, que restituyan lo causado, no solo pidan disculpas... eso no es suficiente

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Era evidente que las encuestas de estas elecciones eran compradas por el mejor postor sinviendo solo como un instrumento mas de propaganda para el partido que soltara mas billete. Lo increible es que esto no haya estado regulado y como siempre en este pais esta situacion no tendra castigo. Ojala esta experiencia sirva para que se regule al respecto y las metan en cintura porque este tipo de instrumentos mediaticos indudablemente ayudaron malamente a definir el voto de muchos mexicanos afectando asi los resultados de la elecciones.

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Como dicen los políticos, la democracia se va perfeccionando. Después de cada elección aparecen nuevos candados para sancionar conductas pasadas indeseables. El problema es que, aunque se taparan todos los boquetes posibles, las consecuencias de las conductas electorales no deseadas no hacen mella en los infractores. Si se estableciera una sanción realmente severa a los candidatos y partidos (al grado de perder su participación en el proceso electoral) que usen tácticas no deseables para lograr el voto, otro gallo nos cantaría. La impunidad es nuestro lastre.

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claro.

nexos generó una evaluación muy buena.

pero, y aunque no es en descargo de las encuestadoras, siempre van a estar mal. predecir el futuro es difícilismo, y las encuestas no sirven para eso. si la gente les da credibilidad, la que está mal es la gente.

una encuestadora intenta primero hacer un muestreo representativo de méxico, es decir agarrar 3,000 a 4,500 hogares y que se busca sean una miniatura de méxico. tantos pobres como en todo el país, tantos ricos, hombres, mujeres, norteños, sureños, derechistas, izquierdistas, etc. está muy cabrón. luego, se levanta la encuesta y puede pasar lo que sea, no te contestan, no te reciben, no tienen tiempo. eso le quita mucha información. y luego, de los que te contestan, hay que filtrarla, porque aunque todo mundo dice que va a ir a votar, nomás va el 50-60% y para eso no hay método ciéntifico alguno, es al tanteo y al gusto de la casa encuestadora, se llama filtro de votantes probables.

invito al autor a tomar un curso en opinión pública o a leer sobre el tema para que se dé color.

claro que lo que hace milenio y telerisa que son abiertamente príistas, pos eso no hay manera de regularlo ni arreglarlo.

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Ahora lo interesante es hacer una encuesta para saber cuanta gente definio su voto en base a las encuestas ya que la teoria de la conspiracion afirmaría que mas del 70% de los que votamos lo hicimos influenciados por las encuestas. Si esto es cierto, por una parte es una verguenza pero por otra, habria que felicitar a los medios y casas encuestadoras por los casi 35 millones de clientes cautivos que compran sus periodicos, leen sus editoriales, analizan sus encuestas. Un alto porcentaje para un pais cuyos habitantes no leen y mucho menos compran periodicos. Por un lado se acusa a los que no votaron por AMLO de ignorantes y desinformados, por otro lado, se les acusa de que votaron influenciados por la prensa (que no leen) , los editorialistas ( a los que ni conocen) y por las encuestas ( que ni entienden)...

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Veto y letra escarlata a Televisa, estuvieron repitiendo esta basura de encuestas incluso mucho antes de que iniciara la elecvión.

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Sería mejor que el ife desaparezca y que televisa mejor elija el presidente de manera más abierta. Las encuestadoras son una vergüenza, favorecieron día a día a epn y castigaron a Amlo. Ciro gómez leiva desde el principio apoyo al pahora ri. Seis años más de continuidad ahora con el pri serán la tormenta que puede derramar el vaso.