Las últimas encuestas electorales 2012 vienen a confirmar lo que pronosticamos una y otra vez. Pésele a quien le pese (Felipe Enríquez dixit), la elección presidencial del primero de julio no está decidida.
Y a decir de las tendencias, la carrera sucesoria se emparejará todavía más conforme se acerque el día de la votación.
Sea la encuesta de Grupo Reforma, que acerca a López Obrador a solo cuatro puntos de Peña Nieto, o la de Excélsior, que los separa 18 puntos, las tendencias son las mismas.
Peña Nieto viene en caída libre. En la de Reforma se despeñó de abril a mayo de 42 a 38 por ciento; en la de Excélsior se deslizó de 50 a 45 por ciento.
Vázquez Mota también va a la baja. En la de Reforma se desploma en un mes de 29 a 23 por ciento; en la de Excélsior cae de 29 a 24.
López Obrador es el gran ganador en ambas. En la de Reforma se alza de abril a mayo de 27 a 34 por ciento; en la de Excélsior de 20 a 27 por ciento.
Quadri duplica o triplica adeptos. En la de Reforma se eleva en un mes de 2 a 5 por ciento; en la de Excélsior de 1 a 4 por ciento.
Caídas de cinco y seis puntos para el priista, también de cinco y seis puntos para la panista. Ascensos de siete puntos para el perredista y de tres puntos para el panalista.
Pero hay otros factores a considerar. El más importante, el de los indecisos, que ronda los 20 puntos. ¿Son panistas, son priistas o son perredistas? ¿Estarán esperando el voto útil?
Y el de los saldos positivos y negativos. Los positivos de Peña Nieto y Vázquez Mota van a la baja, los de López Obrador al alza. Los negativos del priista y la panista van al alza, los del perredista a la baja.
Por eso los ánimos se están crispando. Porque en la ecuación 2012 de los que diseñaron la imagen perfecta del candidato perfecto, o los que pretendían operar desde la sombra presidencial, nunca imaginaron algunas variables sorpresivas e incontrolables.
Por encima de todas, el movimiento #YoSoy132 trastocó desde las redes el escenario electoral, obligó a las televisoras a abrirse y el antipeñanietismo pasó de ser trending topic a moda nacional.
Luego, la exhibición de la corrupción priista, personificada en los casos de Tomás Yarrington y Felipe Enríquez. El ex gobernador y el compadre incómodo del candidato priista se convierten en un lastre para los tricolores.
Por eso hay que esperar que los estados alterados produzcan misiles mediáticos en los próximos días. Porque el que perdió pisada quiere recuperar lo perdido. Y el que repuntó quiere confirmar la máxima de que “caballo que alcanza gana”.
Lo que sucederá entre hoy y el día del debate sacudirá las campañas y alterará todavía más los ánimos de quienes no se resignan a que les cambien los privilegios que les da el statu quo.
Son los que después de ver las últimas encuestas no aceptan cómo el favorito de ayer se convirtió en el repudiado de hoy. Cómo la diferencia se volvió indiferencia. Y cómo el peligro de ayer es contemplado como la esperanza de un mejor mañana.








