Mientras que los electores se desgastan en decidir por quién votarán para presidente, un puñado de políticos de todos los partidos ya fueron electos para gobernar México. Y para su elección no se necesitan urnas.
Son los legisladores plurinominales, los que fueron elegidos por los dirigentes de sus partidos y que, pase lo que pase el primero de julio, ya tienen seguro su asiento legislativo y serán los jefes de las bancadas de sus partidos.
Son hombres y mujeres cuyas lealtades no están con los electores. No los necesitaron para hacerse del poder.
Ellos dependen de los jerarcas de sus partidos. Y a través de ellos, sus partidos someterán con la unanimidad a los que sean elegidos democráticamente.
Son los legisladores que encabezan las listas plurinominales y que con su posición asegurada dan continuidad a un proyecto político que poco o nada tiene que ver con lo que buscan los ciudadanos. Su misión es atender los intereses de los dueños de su partido.
Es así como nace la partidocracia.
En esos cotos de poder se discuten los cambios estratégicos, los que promulga un pequeño grupo de notables y que más tarde son impuestos a “las mayorías”.
Legislatura tras legislatura, los diputados y senadores que llegan por lista o por la vía plurinominal son quienes acuerdan, firman, deciden, definen, forman y reforman. Son los que premian, congelan o castigan a sus pares.
El sistema de representación proporcional fue establecido en la Constitución para elegir a 200 diputados federales mediante cinco listas regionales y a 32 senadores de una sola lista.
Cada tres años en San Lázaro y cada seis en el Senado, llegan estos políticos que tienen asegurado un papel predominante en cada legislatura.
Ningún partido se escapa. Estas figuras de la política solo cambian de cámara o se separan temporalmente, pero siempre regresan para ser los grandes operadores.
Sea por la falta de formación de nuevos cuadros en los partidos o por aferrarse a sus posiciones de poder, esta élite prevalece. Y con las nuevas elecciones, algunos vienen de regreso. Analicemos quiénes son.
EL VIEJO PRI
En el PRI todo es discurso. El nuevo PRI aquí, el nuevo PRI allá. Esa supuesta nueva faceta del partido la encarna su candidato a la Presidencia Enrique Peña Nieto, pero en las cámaras del Congreso no hay novedad, estarán los de siempre.
Son los operadores del partido que aseguraron su lugar antes de que el propio ex gobernador mexiquense tuviera garantizado su triunfo en la lucha electoral.
A la Cámara de Diputados va en el primer lugar de la primera circunscripción Manlio Fabio Beltrones, ex gobernador de Sonora y considerado en los círculos políticos como quien cogobernó durante todo el sexenio de Felipe Calderón.
El actual coordinador de los senadores del PRI estará al frente de la bancada del tricolor, que se espera sea mayoría por los espacios que el partido ha ido recuperando y por la fuerza que le daría Enrique Peña Nieto en caso de ganar las elecciones.
La Cámara de Diputados tiene la facultad de negociar y definir el Presupuesto de Egresos de la Federación ca-da año, y Beltrones ya tiene experiencia en esto porque fue diputado y presidente de la Mesa Directiva en la Cámara Baja en la 59 Legislatura.
Como es costumbre entre los priistas, Beltrones no llega solo, tendrá a su lado a sus actuales compañeros en el Senado, quienes también pretenden llegar por la vía plurinominal.
Entre ellos está Francisco Arroyo Vieyra, que va en el primer lugar de la segunda circunscripción y estuvo al frente de las principales negociaciones del PRI en el Senado durante este sexenio.
Oriundo de Guanajuato, Arroyo es vicepresidente de la Mesa Directiva en la Cámara Alta y ya ha sido diputado.
Otro que tiene una alta probabilidad de entrar por la vía plurinominal es Alejandro Moreno, secretario de Operación Política del PRI y miembro del equipo de senadores que actualmente coordina Beltrones.
Carlos Aceves del Olmo, cetemista de hueso colora-do y parte del equipo de Beltrones en la Cámara Alta, encabeza la cuarta circunscripción. Ha sido dos veces diputado federal.
El ex gobernador de Hidalgo Jesús Murillo Karam, quien fuera secretario gene-ral del Comité Ejecutivo Nacional del PRI con Beatriz Paredes y también integrante del círculo de negociadores de Manlio Fabio, está al frente de la quinta circunscripción.
Al Senado regresa en primer lugar Emilio Gamboa. El político transexenal por excelencia, con un largo recorrido por las cámaras del Congreso y las secretarías de Estado, fue secretario particular del ex presidente Miguel de la Madrid.
Después de Gamboa está la secretaria general del PRI Cristina Díaz. La legisladora fue alcaldesa del municipio de Guadalupe, en Nuevo León, y dos veces diputada federal por ese estado.
En los primeros 10 lugares de la lista se encuentran el líder de la CNC Gerardo Sánchez y Arely Gómez, hermana del presidente de Noticieros Televisa.
Otros negociadores cerca-nos a Gamboa son Joel Ayala, líder de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado, y el polémico Carlos Romero Deschamps, líder de los trabajadores petroleros.
Los que llegan son viejos y experimentados priistas que evitaron la campaña, pero ocuparán lugares preponderantes, tanto en comisiones como en la negociación de acuerdos.
LAS TRIBUS
En el PRD, la definición de las listas nacionales para el Senado y las circunscripciones es siempre un reparto de cuotas entre las diferentes tribus. Y como hay más grupos en cada elección, el reparto se complica.








