Todas las Biblias provienen del mundo judío. El domingo es reconocido por los judíos como El Primer Día.
Pues bien, en la nueva era y en la religión democrática mexicana, ayer domingo fue El Primer Día.
Ganó un candidato. Pero, ¿ganamos nosotros con él? No. Solo ganó él. La única manera de que nosotros ganemos es no aflojar. La única manera de que nosotros ganemos es, sin miedo, incrementar el nivel de demanda. La única manera de que nosotros ganemos es no estar contra él, sino vigilar que cumpla lo que nos prometió.
Llegó el momento de hacer el registro nacional de promesas. Hoy sabemos ya quién será nuestro próximo presidente: Enrique Peña Nieto.
A él le encanta ir recorriendo el país y firmando compromisos, por ello propongo la inmediata creación del registro nacional de los compromisos del próximo señor presidente.
También propongo la creación de un comité ciudadano en cada estado que se encargue de recordarle qué nos debe.
Propongo que la fe la tengamos en los dioses –cada quien en el que crea– y que a los hombres les dediquemos dos cosas: vigilancia y activación.
Hoy, más que nunca, #YoSoy132 debe seguir vivo. Hoy, más que nunca, lo que significó el movimiento en las calles de México debe seguir vivo.
Hoy, más que nunca, la sociedad, la compuesta por los hijos de nosotros –quienes crecimos de rodillas–, que ahora nacieron de pie, debe seguir ocupando las calles y las plazas.
Durante todo este tiempo hemos estado sufriendo una alucinación. Siempre pensamos que nuestra vida estaría mejor o peor según quién ganara. Nunca quisimos aceptar que nuestra vida solo cambiará cuando nosotros la gobernemos, es decir, cuando exijamos y vigilemos a quien, a fin de cuentas, solo es nuestro empleado: el presidente.
Llegó el momento de recordar dónde está el problema. Me decía Lulú, una joven que representa a muchos: “Tengo miedo, y lo tengo porque también conocí la ilusión en el año 2000 y 2006, y en ambas me quitaron la ilusión”.
Lo que le digo es que ahora no deje su ilusión en manos de los demás. Que ella controle el uso que hacen de su ilusión y que no se desorganice, que no vuelva a la resignación de su derrota.
Es imprescindible que sepa reconocer su victoria y que se convierta en el más leal colaborador del señor presidente, pero también en el más exigente detractor de sus incumplimientos.
Es la hora de la lealtad al país. Es la hora de la lealtad a las instituciones, pero, sobre todas las cosas, es la hora del respeto al pueblo de México.
Eso exige que el propio pueblo se respete, que el pueblo no sienta pena y lástima de sí mismo, que no se considere un objeto a maltratar, despreciar, humillar, abusar y matar.
Es necesario que el pueblo sepa que está arriba y que todos los demás, los políticos, quienes tienen un puesto político, lo ejercen a su nombre, no contra la gente.
Felicidades, gracias y bienvenidos a este primer día. Sin embargo, todo esto habrá sido en vano, y algún día nuestra historia nos lo demandará porque, por primera vez, el efecto mariposa de la Plaza Tahrir de Egipto llegó al Paseo de la Reforma.
Y la sociedad que en 1988 se levantó a decir no, que fue abruptamente sentada en la acera de la historia a través de la sangre derramada de Colosio y el levantamiento de los zapatistas en Chiapas, que sufrió después la humillación de la pérdida de su sueño a través del tequilazo, que vivió la decepción de la transición fracasada y traicionada con Vicente Fox y que ha vivido los últimos seis años en medio de un proceso bañado en sangre, tiene derecho a esperar, conformar y exigir ser el verdadero dueño de su destino.
No crea que con votar ya triunfó. Usted triunfará el día que no lo engañe aquel por quien la mayoría votó. Triunfará cuando no sea fácil verle la cara y que garantice que no solo sus hijos, sino también sus nietos, nacerán de pie y nunca tendrán que aprender a arrodillarse.








