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'El Lazca': La conexión Hidalgo-Coahuila

En la muerte oficialmente anunciada de Heriberto Lazcano Lazcano abundan los misterios, entre ellos el de cómo logró el eje de protección que tejió en dos estados geográficamente tan lejanos, políticamente tan cercanos

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No hay familiares, amigos, conocidos, ni vecinos en el mausoleo. Tampoco en la iglesia de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, en el cruce de las calles Ocote y Nogal, en la colonia Tezontle de Pachuca
"No se llora por quien no se sabe si ya murió”
A Miguel Ángel Treviño Morales lo acusan en su propia organización de traidor y esto podría empeorar ahora con la muerte de “El Lazca”

La muerte oficialmente anunciada, pero no comprobada por la desaparición del cadáver de Heriberto Lazcano, alias  “El Lazca”, podría abrir una Caja de Pandora. 

Lo que de confirmarse sería el golpe más importante al narco en el sexenio calderonista, también podría convertirse en un duro sacudimiento para algunos personajes políticos del circulo priista.

Algunos de ellos oriundos de Hidalgo. Otros originarios de Coahuila. El común denominador es que terminó por confirmarse que en ambos territorios operaba a discreción quien era considerado uno de los grandes jefes Zetas.

Y es que el líder fundador del grupo delictivo de Los Zetas es un ex militar de elite, entrenado en Estados Unidos pero oriundo de la comunidad de Acatlán, Hidalgo.

Heriberto Lazcano creció en la ciudad de Pachuca, capital del estado de Hidalgo. Vivió la primera década de su vida en una casa ubicada en la colonia el Tezontle, a tan solo unas cuadras de la 18 zona militar.

La cercanía a las instalaciones militares despertó su  curiosidad y en 1990 se enlistó a las filas del Ejército Mexicano.

Pocos años después, producto de su determinación de servir al país, formó parte del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (Gafes). Ahí recibió entrenamiento especializado de parte del comando Norte, en Virginia, Estados Unidos.

Fue en las entrañas de la élite militar en donde conoció a un grupo de jóvenes ambiciosos. Entre ellos, Arturo Guzmán Decena, quien para 1997 ya habría desertado de las filas castrenses. 

Bautizado como “Z-1”, Guzmán Decena pasó a servir al capo Osiel Cárdenas Guillén, quien disputaba el mando del Cártel del Golfo, tras la captura de Juan García Abrego.

Con la encomienda de estructurar un “brazo armado” que proveería protección a Cárdenas Guillén y eliminaría a sus enemigos, Guzmán Decena invitó a 14 de sus ex compañeros militares: así nacieron “Los Zetas”.

Catorce elementos Gafes que desertaron del ejército para cambiar su uniforme color azul por ropas de civil e incursionar en el mundo del narcotráfico. Y con ellos se unieron decenas de compañeros bien entrenados.

Para el 2000, año en que Vicente Fox asumió la presidencia, el grupo de Los Zetas fungía como un “ejército privado” a las órdenes del Cártel del Golfo.

Un año después sucederían dos grandes sucesos. Uno, la fuga del Joaquín “El Chapo” Guzmán del Penal de Puente Grande. Y el otro, el juicio a los militares Jesús Gutiérrez Rebollo y Mario Arturo Acosta Chaparro, por presuntos nexos con el Cártel de Juárez. 

El juicio a los militares se ejecutó a través del entonces procurador general de la república, Rafael Macedo de la Concha, otro prominente hidalguense.

Para el 2002, Arturo Guzmán Decena, investido ya como Z-1, había sido abatido en Tamaulipas por el Ejército. 

El hecho dio lugar a que Heriberto Lazcano tomara un fuerte liderazgo dentro de la organización. 

Tras la aprensión de Osiel Cárdenas Guillen en 2003, Los Zetas se fragmentarían ante la imposibilidad de aceptar el liderazgo de Antonio Cárdenas Guillén, alias “Tony Tormenta”.

Sin embargo, no fue sino hasta el 2006 cuando Los Zetas  oficialmente se separaron del Cártel del Golfo y declararon la guerra a sus exaliados.

A lo largo del sexenio de Felipe Calderón, los de “La Letra” como también se les conoce a Los Zetas,  tomaron mayor fuerza y acorralaron a un Cártel del Golfo debilitado en su liderazgo formal.

La organización mutó, e incursionó en todo tipo de actividades criminales en Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila, Veracruz, San Luis Potosí, Zacatecas e Hidalgo. Aterrorizaron a la ciudadanía, mostrando un grado de violencia nunca antes visto.

Coahuila, bomba de tiempo

Heriberto Lazcano, también apodado “El Verdugo”, habría operado desde distintos puntos del territorio nacional. Inclusive existen registros de su permanencia en el extranjero. 

Pero como todo narcotraficante mexicano, su paraíso regional fue durante años su lugar de origen, el estado de Hidalgo.

Distintos medios de comunicación han dado a conocer que en la ciudad de Pachuca habitaban los familiares de Lazcano y el capo pasaba tiempo en diferentes regiones de aquel estado.

Consolidó en esa entidad su presencia operativa, hasta extenderse y controlar los 84 municipios hidalguenses.

Hidalgo nunca fue un corredor de importancia para el crimen organizado, tampoco una plaza con potencial de mercado.

Por ello, esta región gozó de cierta tranquilidad a lo largo de los años. Y por ello fue que el capo de Los Zetas asentó su principal operación en ese estado.

Sin embargo, la presencia de un líder de una de las más grandes organizaciones criminales difícilmente pasa inadvertida.

Pronto existieron indicios de su presencia y participación en la vida pública. Como la construcción de una iglesia en Pachuca, develada con una placa que testimoniaba la fe del capo. Y con ello también se despertaron la de presuntas relaciones de “El Lazca” con el círculo político estatal.

Sin embargo, ante la sospecha de las autoridades federales el misterioso capo hidalguense solía trasladar su centro de operaciones a distintos estados como  Zacatecas, Veracruz, Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila.

Fue en el último estado en donde permaneció mayormente los últimos dos o tres años de su vida.

Con las habituales plazas del centro del país calientes, y librando una sangrienta batalla en Nuevo León, Tamaulipas y Veracruz con el Cartel del Golfo, Lazcano encontró cierta tranquilidad estratégica en la desértica región carbonífera de Coahuila.

Eran los territorios en los que operaba con relativa opacidad su principal comandante, Miguel Ángel Treviño Morales, alias “Z-40”.

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