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El condón digital

Un nuevo padecimiento amenaza a los mexicanos: las Enfermedades de Transmisión Digital (ETD). Se contagia a través de la Red, no respeta edad ni género y ya es una epidemia. ¿Tú ya te vacunaste? Conoce los alcances de este sida digital y protégete

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La Red es tan solo una extensión de la vida real. Lo que sucede ahí… no se queda ahí, sino que se vuelve público, al alcance de cualquiera y sin la posibilidad de revertirlo
Un adolescente busca tres cosas: ser aceptado, valorado y querido. Las redes sociales e Internet se han vuelto la “solución” para obtener esos tres elementos
"Será imposible inventarse un aparato físico que proteja a la intimidad (…) ahora empezarán los mecanismos para evitar el sida digital”
Juan Francisco Vélez
Fundador y director de Protege tu Corazón
13000
fotografías se extraen mensualmente de 63 redes sociales y se suben a plataformas digitales pornográficas
20
por ciento de los jóvenes en EU se ha tomado fotos desnudos o semidesnudos
1
de cada 6 jóvenes en EU (de entre 12 y 17 años) ha recibido fotos íntimas de conocidos, por mensaje de texto
11
años era la edad promedio en la que un niño alcanzaba la pubertad

Las Enfermedades de Transmisión Digital (ETD) se han convertido en la plaga del siglo 21 bajo la lógica inversa de Las Vegas: ‘lo que sucede en la Web...” no se queda ahí, se puede volver público, al alcance de cualquiera y sin la posibilidad de revertirlo.

Es imposible que un aparato físico logre proteger la intimidad, si el joven no ha sido educado para protegerla y cuidarla. Por ello se necesitan medidas de prevención para no infectarse con el sida digital.

En 1983 Robert Gallo y Luc Montagnier identificaron el virus del sida. De ese año a la fecha, se han implementado un sinfín de campañas de prevención e información alrededor del mundo. 

Incluso tiene apartado el 1 de diciembre para celebrar el Día Mundial de la Lucha contra este padecimiento, del que todavía no hay cura. Aunque en noticias recientes, este verano se dio a conocer en la XIX Conferencia Mundial del Sida que podría haber indicios de una.

Pero, ¿qué sucede con la infección de megabytes? Esa enfermedad con la que se pierde la virginidad virtual de manera irreversible, afectando a la dignidad, la integridad, la intimidad y la reputación de la persona.

No existe el “Día Mundial del Sexting”, ni de “La Prevención al Riesgo de padecer el ‘sida’ digital”.

Parece que hemos llegado a una etapa en la que se necesita de una protección para la interacción en línea, es decir, un condón digital.

La protección de la persona y su privacidad pueden empezar por el conocimiento; antes de “hacerlo”, la persona debería saber y estar consciente de lo que significa la exposición en Internet y sus consecuencias.

Se podría decir que el estar activo sexualmente –en forma virtual– se traduce en el riesgo de contaminarse de las que se podrían bautizar como ETD (o Enfermedades de Transmisión Digital).

Uno de esos virus es la prostitución de la integridad humana, que al igual que el sida, no tiene cura. Algunos de sus síntomas más peligrosos es el fichaje de alcance –que daña la reputación– y su expansión (o “viralización”) se podría volver global en cuestión de minutos.

Lo que pasa en la Web…

La Web es tan solo una extensión de la vida real. Lo que sucede ahí… no se queda ahí, sino que se vuelve público, al alcance de cualquiera y sin la posibilidad de revertirlo.

Esta enfermedad está en ebullición en la juventud actual y se podría decir que una de sus causas es que el Internet va a una velocidad diferente a la nuestra. 

Las personas se han dejado someter a la conectividad de la Red y la esclavitud que confiere el tener dispositivos durante todo el día.

Tal es el caso del fenómeno actual sexual-virtual, pues el sexo inseguro no es nuevo, pero la actividad sexual digital de los jóvenes está en una revolución desinhibida con prácticas como sexting y el envío de información considerada pornográfica.

Un ser humano, que es mayor de edad, está en plena libertad de hacer lo que se le plazca en la Web. Un adulto puede medir –hasta cierto punto– las consecuencias de lo que significa publicar contenido en la Red, ya sea en su computadora o un dispositivo móvil.

No importa el gadget, el efecto es el mismo. Es algo así como rentar un espacio, la información es tuya, pero está ocupando un espacio del dominio público.

En Facebook, por ejemplo, se interactúa bajo el clásico y estereotipado lema de Las Vegas, solo que aplicado al Internet: “Lo que ves en Facebook, se queda en Facebook”. Error magistral, lo que ves en Facebook, ya está en la Web, al alcance de cualquiera.

En cambio, un adolescente tiene mayor dificultad a la hora de percatarse de lo que conlleva la realización de sus actos. Por ello el peligro “en charola de plata” que supone hoy el riesgo de sufrir una adicción.

Y es que la corteza cerebral –región que se encarga del razonamiento– de un adolescente no está totalmente desarrollada, no así la amígdala, el área responsable de los impulsos y el comportamiento instintivo.

Es por eso que los jóvenes tienden a actuar por impulsos, a leer o malinterpretar las señales que se les presentan social y emocionalmente, así como a sentirse atraído por comportamientos arriesgados y peligrosos, según asegura una publicación en la American Academy of Child and Adolescent Psychiatry.

Si a eso se le agrega el despertar precoz de la sexualidad actual, un adolescente se encuentra entre el deseo y su desarrollo sexual y con un alcance globalizado y tecnológico a la mano –en su smartphone– las 24 horas del día, los siete días de la semana.

Es decir, el niño y el adolescente, está conectado y expuesto todos los días a un universo de información que no solo se traduce en mayor cantidad de material para fuentes bibliográficas escolares, sino que también puede activar su sexualidad –y con ello perder su virginidad virtual– en cualquier momento.

¿Cuándo se pierde la virginidad virtual?

Sin rayar en lo moralista, una persona pierde su virginidad virtual en el momento en que sube una fotografía o cualquier contenido que hable o muestre su persona, desde el número de su cuenta bancaria en un correo electrónico, hasta un álbum con las fotos de las vacaciones de verano en la playa.

No tiene que ser contenido de carácter sexual para perder la virginidad virtual.

De este “sida” digital nadie está inmune y cada vez son más los niños que obtienen acceso a la Red a una edad temprana.

Y sí, tú, joven que estás leyendo esto, tanto el que lo produce, como el que lo distribuye (aunque sea por morbo, frivolidad o diversión entre amigos y sus celulares), subir y compartir contenido sexual te vuelve un infectado más y un cómplice.

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