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Balazos de comunicación

La guerra contra el narcotráfico o lucha contra la delincuencia organizada en México es un conflicto armado que inició el Estado Mexicano contra las bandas que controlan diversas actividades ilegales, principalmente el tráfico de drogas.
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 Esta situación comenzó el 11 de diciembre de 2006 cuando el gobierno federal anunció un operativo en contra el crimen organizado en el estado de donde a lo largo de 2006 se habían contabilizado cerca de 500 asesinatos de miembros de los cárteles del narco. Desde el inicio del conflicto, se ha movilizado a la Policía Federal en compañía de los cuerpos de seguridad de cada entidad federativa y de diversos municipios. A ellos se han sumado el Ejército y la Marina.  

Entre diciembre de 2006 y enero de 2012 se estima que han muerto alrededor de 60 mil personas por ejecuciones, enfrentamientos entre bandas rivales y agresiones a la autoridad. Este número incluye narcotraficantes, efectivos de los cuerpos de seguridad y civiles.     

No vamos a cuestionar los fines de esta lucha, pero sí los medios. El próximo cambio de gobierno significa necesariamente un replanteamiento de la cuestión. Más de 300 mil litros de sangre derramada no justifica nada y menos aún cuando los resultados no se ven claros por ningún lado, cuando no se mira la luz al final del túnel.

La estrategia de las balas no funcionó. Las balas siempre mienten y mienten porque matan, no solo al que las recibe sino al que las dispara. Son más de 60 mil mexicanos que ya no están, se han ido dejando dolor, lágrimas, amargura, soledad y abandono en sus padres, sus esposas, sus hijos…

Transitemos de las balas a la comunicación, del pleito al diálogo, de la agresión a la negociación, de la presunción y prepotencia a la educación. La muerte, no lo olvidemos,  no es ninguna solución, es solo final de todas las opciones.

No es fácil ni ingenuo el planteamiento. Solo el tiempo y la medicina adecuada nos devolverá la paz y la medicina que proponemos se llama comunicación: los mensajes adecuados, en el momento debido, con la frecuencia necesaria y por los medios más eficaces, lo que nos devolverá lo que hemos perdido, la paz que merecemos.

En la solución, de un modo armónico y coordinado hemos de participar todos: medios, educadores, empresarios, padres de familia y políticos. Podemos definir actividades claras que permitan al país pasar de la queja a la acción.

Desde el punto de vista de la comunicación la guerra al narcotráfico ha sido un fracaso, primero porque no ha habido una estrategia y segundo porque lo que se comunica, sin quererlo –suponemos– en muchas ocasiones lo que hace es fomentarlo. 

Si las películas presentan prioritariamente la cara exitosa de los narcotraficantes, si los medios les regalan espacios privilegiados, si los gobiernos los usan para ponerse medallas vuelven la “actividad” de narco algo exitoso y hasta sexy...

Si hemos tenido creatividad para hacer sentir mal a quien compra una película pirata, no podremos acaso hacer algo conjunto, organizado y de largo plazo para evitar que los jóvenes y adultos miren con desagrado esa actividad. 

Podríamos, por ejemplo, dejar de llamarles por su alias como a los personajes de ciertos sectores –deportivo, artístico…– y llamarles por su nombre y su apellido acompañado del calificativo oportuno: pillo, delincuente, ladrón, asesino.  

Tras su captura en vez de centrar el mensaje en un éxito vano, podríamos difundir información que desmitifique la actividad y entere a quien la ejerce o piensa ejercerla de lo que le espera

En consenso y por un bien superior ¿no podríamos revisar los mensajes que se mandan a los jóvenes en películas, y lo que es más, enviar los mensajes adecuados que presenten la vida  de soledad, mentira, angustia y abandono en la que viven estos delincuentes? 

Presidente Electo Enrique Peña Nieto y miembros de su equipo de transición, no lloremos más por un México que lucha. Luchemos –con herramientas superiores– por un México que llora. 

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