Atrincherados en un balcón, aislados y protegidos de los reclamos, los integrantes de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados tomaron finalmente la votación para aprobar una reforma laboral muy cuestionada que ha ocasionado malestar entre la clase trabajadora, las izquierdas y los sindicatos en todo el país.
Con 351 votos a favor (PRI-PAN), 130 en contra (PRD-PT-MC) y las 10 abstenciones de Nueva Alianza, consumaron lo que unos ven como la posibilidad de modernizar una ley obsoleta y con ello “movilizar” la economía y crear 400 mil empleos; pero otros la ven como la demolición de los derechos ganados por los trabajadores, “con su sangre”.
“Externo mi felicitación a la Cámara de Diputados por la aprobación de la Reforma Laboral que aumentará el empleo para jóvenes y mujeres”, dijo al día siguiente, el sábado pasado, el presidente Calderón a través de Twitter.
El presidente electo no se quedó atrás. A través de su cuenta @EPN, tuiteó: “Celebro la aprobación, en la Cámara de Diputados, de la Reforma Laboral que contribuirá a la generación de empleos y crecimiento económico”.
Y mientras Calderón y Peña tuiteaban mensajes hermanos, un aluvión de protestas inundaron las redes sociales, mostrando el rostro de descontento ante la reforma laboral.
Por lo pronto, López Obrador, tuiteó: “Hoy Peña aseguró que la reforma laboral contribuirá a generar empleos. No solo miente, reafirma que es igual de pelele que Calderón”.
Poco antes, el miércoles 26, el tabasqueño tuiteó algo que no pierde vigencia: “Si fueran representantes populares los legisladores, indagarían en dónde se diseñó la reforma laboral y quiénes la promueven en México”.
La división entre los “representantes populares” ostensible ese viernes 28 en San Lázaro, recordó la ocurrida en 2006, cuando la izquierda reprobó la cuestionada llegada de Felipe Calderón al poder. Ahora, el PAN y el PRI volvían a estar unidos en una esquina, y en la otra, las izquierdas.
La tribuna estaba tomada por algunos diputados del Frente Progresista encabezados por Martí Batres, quien calificó a Peña Nieto de “traidor” y advirtió que la lucha continuará con controversias constitucionales, amparos y ante instituciones internacionales. Esto, sin descartar las movilizaciones.
Todo esto motivó a los priistas Jesús Murillo Karam, Francisco Arroyo y Tanya Rellstab, así como al panista José González Morfín, al verde Javier Orozco y Fernando Bribiesca, de Nueva Alianza, a encapsularse en un palco y dirigir todo a control remoto.
No había medias tintas este viernes 28 en el pleno de la Cámara, el PRI y el PAN actuaron como en nado sincronizado, alabando las supuestas bondades que traería una tan “indispensable” reforma al artículo 123 constitucional, como la calificaron.
Y algunos miembros del PRD, PT y Movimiento Ciudadano, habiendo tomado la tribuna, o desde sus curules, manifestaban su aversión a los cambios que arrancarían las conquistas históricas de los trabajadores, despojándolos técnicamente de la posibilidad de firmar contratos colectivos de trabajo, generar antigüedad, y contar con seguro social.
Tres de los puntos de la reforma laboral que por alguna razón –inexplicable para las izquierdas– resultaban urgentes para el presidente Felipe Calderón, eran la contratación por hora, por temporada, o como primer empleo, facilitando a las empresas contar con mano de obra.
Pero esos tres casos, donde el pago de una hora equivaldría a cerca de 7 pesos, fueron rechazados por las izquierdas.
El concepto de “patrón solidario”, según el cual una empresa que utilice a otras – “outsourcings”– para no contratar directamente a los trabajadores, de todos modos debería hacerse responsable de ellos, de modo “solidario”, queda eliminado.
A las 14:50 horas de este sábado, Murillo Karam dio a la sesión un receso de una hora. La tribuna estaba ocupada por legisladores con playeras blancas opositores a la “contrarreforma”. Una gran manta decía: “Esta reforma laboral es traición a la Patria”.
Martí Batres hizo uso de la palabra, lamentando que el PRI y el PAN avanzaran en algo a lo que se oponen los trabajadores.
Ricardo Monreal, del MC, dijo que lo que se estaba consumando “no tenía madre” y pidió que se actuara con dignidad. Un otrora colaborador suyo cuando era gobernador de Zacatecas, Tomás Torres, ahora del Verde, con rostro feliz, dijo que votaría a favor porque “México no puede permanecer inmóvil”, y que no había derecho a “sindicalizar” la reforma. Que su bancada estaba pensando en garantizar empleo a la juventud.
Silvano Aureoles, líder del PRD en la Cámara Baja, prometió defender los derechos de los trabajadores. Se quejó de que los tenía metidos en esa dinámica la pretensión de última hora del titular del Ejecutivo.
“No negamos que se requiere una reforma laboral, pero no ésta”, expresó, y criticó al sindicalismo charro del PRI, que seguiría campante aún con reforma. También señaló al PAN por dejarse manipular por intereses empresariales.
¿Por qué avalar el contrato por hora, o el despido injustificado por correo?, se preguntó el michoacano. “No es un asunto menor”.
Juan Bueno Torio defendió la reforma. Sus correligionarios le aplaudieron. Dijo que era histórica, por lo buena que es. Dijo que se acaba con el tabú de no tocar una ley vieja, de hace 42 años. “Es una reforma muy importante para el país”.
“Diputados con malas costumbres”
Ricardo Mejía, cercano a Monreal, señaló la existencia de una suerte de pacto secreto entre Felipe Calderón y Peña Nieto en el que se despoja al pueblo de derechos elementales. Y advirtió que el siguiente paso de la unión Calderón-Peña, sería privatizar Pemex.








