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Reporte
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Justicia

Los secretos de Puente Grande

Félix Arredondo

Jesús Lemus, periodista de Guanajuato, permaneció preso en el Penal de Puente Grande, Jalisco, condenado por delitos políticos. 

Reporte Indigo lo entrevistó a propósito de la publicación de su libro “Los Malditos”, en el cual aparecen conversaciones con varias “celebridades criminales” que se encuentran recluidas en el penal de máxima seguridad. 


Jul 28, 2013
Lectura 20 min

http://www.youtube.com/watch?v=ZCrYmdZK_WE http://www.youtube.com/watch?v=38fFq4LDXWU

"Lo que yo quería era sacar una fotografía de cada uno de estos presos. No tenía cámara pero tenía forma de narrarlo y escribirlo”

- Jesús Lemus

periodista

http://www.youtube.com/watch?v=ZJisFF09_6I

"Espero que este libro sirva para voltear los ojos hacia las cárceles. Estamos creando centros de exterminio”

http://www.youtube.com/watch?v=wF88BROSiVE

"Nosotros los enterramos. Nosotros llegamos como sociedad hasta donde comienza la historia de ellos en la cárcel”

http://www.youtube.com/watch?v=RAS1iJMUBpU

Jesús Lemus, periodista de Guanajuato, permaneció preso en el Penal de Puente Grande, Jalisco, condenado por delitos políticos. 

Reporte Indigo lo entrevistó a propósito de la publicación de su libro “Los Malditos”, en el cual aparecen conversaciones con varias “celebridades criminales” que se encuentran recluidas en el penal de máxima seguridad. 

“El Mochaorejas”, el “Duby” –el narcosatánico– Alfredo Beltrán Leyva, el “Mochomo”, Mario Aburto, Daniel Aguilar Treviño –asesino de Ruiz Massieu– Ovidio Sanchez Limón, lugarteniente de “El Lazca”, y el “Gato”, cómplice de Joaquín “El Chapo” Guzmán, entre otros, hablaron en exclusiva para Lemus. 

Estas conversaciones fueron reproducidas en “Los Malditos”, un libro que da a conocer algo más que los retratos hablados de la personalidad de sus entrevistados, de sus creencias y de lo que dicen.

Lemus, a través “Los Malditos”, que ya circula bajo el sello de la editorial Grijalbo, también nos hace voltear a ver cómo se violan cotidiana y sistemáticamente los derechos humanos en las cárceles mexicanas, sobre todo en los penales de máxima seguridad. 

Y cómo cualquiera puede ir a dar a ahí, trátese de un general de alto rango, o de un modesto periodista, si sus expresiones molestan al presidente de la República, o a sus amigos. 

Ni una disculpa

Hoy, Jesús Lemus está libre. Lo absolvieron en segunda instancia después de haber pasado más de tres años en prisión. 

Nunca se demostró culpa alguna, salvo la de molestar con sus críticas a políticos locales amigos del entonces presidente, Felipe Calderón. 

Cuando Lemus salió, ni una disculpa recibió. 

“Un día me mandan llamar al juzgado y me dicen que tengo la notificación de libertad”, dice Lemus en entrevista exclusiva para Reporte Indigo.

Y así como así, me dicen: ‘¿Es usted éste?’ y les digo que sí. Me dicen: ‘entonces está usted libre porque llegó la apelación que dice que no hay ninguna responsabilidad y que se le decreta su libertad en forma inmediata’. 

“Entonces le pregunto: ¿Cómo así nada más? ¿Ya me voy o qué? Y les digo: ¿Ni un disculpe, ni nada nada? –en tono de broma. Yo estaba contento–. Y me responde la notificadora que no, que eso no viene en ningún lado. ‘Eso de disculpe usted es una falacia’, me dice.

“Todo lo perdí pero me quedé con lo más importante: con mi esposa y con mi hija. Lo pude conservar y siempre se mantuvieron al lado mío. Y pienso que eso fue también lo que me ayudó mucho a sobrevivir a la cárcel.

“Cuando salí, traté de reincorporarme a mi vida, pero encontré que no tengo nada. Que tengo deudas y que tengo mil problemas económicos, y que no tengo trabajo.

“Me doy cuenta que tengo padecimientos de salud física y emocional. Y comienzo a luchar, pero entonces yo vuelvo a sentir la fuerza de la cárcel, otra vez.

“El peso y el estigma de la cárcel lo siento. Hasta la fecha lo sigo sosteniendo porque he buscado dónde incorporarme, pero ya no hay forma de revertir el daño que se me hizo en los medios, cuando yo caí la cárcel, cuando yo fui señalado por el Ministerio Público falsamente y por periodistas también”.

Víctima de Felipe Calderón

¿Quién es Jesús Lemus? ¿Por qué fue encarcelado?

Primero, debo de comentarle que yo he ejercido el periodismo en la zona de Michoacán, del bajío michoacano. Llevó unos 20 años trabajando para medios de información impresos en el estado de Michoacán. Modestos algunos, otros más o menos. Y un día, bueno como es natural e inherente en hombre, quise tener mi propio periódico.

Me endeudo. Compro escasamente algunas cositas por ahí y empiezo a hacer un diario en la región de la Piedad, Michoacán, y comienzo a hacer señalamientos -en ese tiempo muy de moda- a la política panista neoliberal. 

Entonces, pienso: mis comentarios lastiman demasiado a algunas gentes que se manejan en las esferas políticas del poder a nivel local, estatal, y pienso que a lo mejor hasta nacional. No por el impacto de la influencia del periódico ¿no? sino simplemente porque estaba trastocando intereses de amistades de amigos que estaban muy arriba.

Y eso es lo que hace que un día yo me vea de repente detenido por un policía, que era mi fuente informativa, y ese policía es el que se convierte en mi principal acusador. Dice que yo soy un narcotraficante, y que pertenezco a una célula criminal de Michoacán.

Yo fui detenido el día 8 de mayo de 2008. El presidente era Felipe Calderón”.

Un reo ‘peligroso’

Jesús Lemus cuenta: El proceso inicia como un “levantón”. Me mantienen privado de libertad y más de dos días secuestrado y torturado. Luego aparezco ante un Ministerio Público de fuero común de Guanajuato, que es el que me toma la declaración. No del fuero Federal.

La violación a los derechos humanos dentro de mi proceso fue desde el primer momento en que me detiene una persona sin haber flagrancia del delito, sin haber una orden de aprehensión de por medio. 

Después ellos son los que me consignan ante un Ministerio Público Federal, y este a su vez, ante un juez Federal, y yo aparezco en la cárcel estatal de Guanajuato, en Puentecillas, acusado de delitos de narcotráfico y delincuencia organizada.

Mis enemigos, no conformes con haber influido para mi detención, me señalan como un delincuente de altísima peligrosidad.

Para clasificarme así, se ordenó un estudio criminológico que me hizo una persona de la cárcel de Guanajuato, y que se fundó en dos preguntas: ‘cómo te llamas’ y ‘qué edad tienes’ y con eso ya determinó que yo era un reo de altísima peligrosidad. 

Eso le bastó al juez para clasificarme como una persona de alta peligrosidad y mandarme a Puente Grande.

Torturas clásicas 

En cuanto fui detenido empezaron las torturas. Todas las formas que usted se imagine. 

Desde la bolsa de plástico en la cara, desde los golpes, desde las sumersión en el agua, los toques, la simulación de ejecución cortando cartucho en la cabeza. Incluso hubo disparos cerca del oído. Golpes en el en el cuerpo, en las plantas de los pies. Con tal de que firmara.

En Guanajuato es una práctica común. Yo puedo hablar por eso, por lo que pasó ahí.

Primero querían que yo firmara un acta incriminatoria para que yo reconociera que era gente de Osiel Cárdenas Guillén. Me negué.

Siguieron las torturas. Luego querían que firmara una declaración para que reconociera que yo era parte Los Zetas. También me niego. 

Y después también quisieron que firmara una incriminatoria donde yo reconozco que soy parte de una célula criminal de Michoacán. También me negué. 

Después me llevan a Puente Grande y mi entrada a ese penal es tormentosa también. Todo el que ingresa a Puente Grande es torturado.

La tortura empieza por el esposamiento por la espalda, los golpes, y un trato violatorio a la dignidad.

Hay una revisión corporal extenuante de todo, desde todas las cavidades corporales, practicada por mujeres y con gritos de guardias y oficiales. Ladridos de perros y la amenaza y golpes constantes en la espalda, en las piernas, en la cabeza, en el estómago.

Recuerdo que a la entrada a todos los presos a Puente Grande les hacen que hagan gárgaras con una sustancia que no sé qué sea, pero que te deja seca la boca. No hay salivación y eso te aumenta la sensación de ahogamiento. 

De ahí, con la boca seca, te 

llevan corriendo y cada 10 metros te detienen y te golpean y te asfixian con la mano.

Seis meses desnudo

Ingreso a Puente Grande el 27 de mayo de 2008 y se me asigna al área de “COC” que es el Centro de Observación y Clasificación. En esa área permanezco por seis meses, cuando la regla o norma establece que un preso que entra a COC debe durar máximo 22 días.

Me mandan un pasillo donde permanezco desnudo en una celda de 2 por 3 metros. No tengo nada a mí me alcance. 

En ese pasillo donde yo estaba, había otras cinco celdas en las que estaban también otros reos clasificados como de “alta peligrosidad”. Es decir personas supuestamente capaces de crear un instrumento letal a partir de cualquier cosa que se les proporcione.

Así estuve yo. Así estuvieron muchos. Y estoy seguro que así están muchos.

Las revisiones de la Comisión de los Derechos Humanos nunca pasan por ahí. No hay un visitador que entre y que vea. 

Las cámaras funcionan cuando hay visitas de los de Derechos Humanos, pero ya para entonces el oficial te dio tu ropa, tu uniforme, te vistió y te puso guapo.

Te da un libro, te da galletas, un colchón, tus cobijas, sábanas, almohada y eres un preso modelo en una cárcel modelo.

Pero en cuanto se iba el visitador, volvíamos a lo mismo. A la condición de desnudez. 

El ‘Protocolo de Estambul’, a chingadazos 

Cuando llegué a la cárcel esa, me dice el comandante: denúdese y deme la ropa. Usted saldrá en la noche al patio a hacer ejercicio. Yo pensé: Bueno, que a todo dar ¿no?.

Después van por mí a la 1 o 2 de la mañana, me sacan al patio desnudo y me dice el oficial: “Usted va a darle dos vueltas a la cancha y nos devolvemos”. Sin embargo en cuanto empecé a caminar sentí el chorro de agua de agua fría a presión en la espalda, que me tumbó. 

Así con la presión del agua de una manguera de bombero sobre mi cuerpo, me fui rodando por el suelo y tuve que dar las vueltas al patio. Y después de eso vino una golpiza y luego el regreso. 

En eso consistía “salir al patio”. Supuestamente era una terapia de reeducación.

Eso, a pesar que desde que ingresé al Cefereso supuestamente me aplicaron el Protocolo de Estambul, a petición de Periodistas Sin Fronteras. 

Supuestamente el protocolo es para evitar torturas, pero a mí me aplicaron el Protocolo Estambul a base de chingadazos.

Los ‘Guantánamos’ mexicanos

Se supone que Puente Grande es un centro Federal de readaptación social, pero en realidad es un centro de exterminio. 

Es cierto que en México no hay pena de muerte, pero a lo que jugaron las autoridades en ese tiempo que yo estuve ahí, fue a exterminar a la gente que está adentro, a matarla poco a poco, a disminuirla todos los días. 

A irla acabando, a irla apagando en sus sentimientos, en sus esperanzas, en su físico, o en su intelectualidad. 

En todo lo van acabando. Todos los días hay esa tortura. Eso lo debe saber la Comisión de Derechos Humanos. 

Yo espero que este libro sirva para voltear los ojos hacia las cárceles. 

Las cárceles como Puente Grande llevan una dinámica de tratamiento los presos como la de Guantánamo y la de Abu Ghraib en Irak.

La de Guantánamo está por cerrar. Abu Ghraib ya cerró. Pero en México, es al contrario. Calderón comenzó con cuatro cárceles federales y terminó con 12.

Los Malditos

Jesús Lemus: En el libro narro las pláticas que tuve con ellos. No ahondo en el por qué están presos. Ni los cuestiono sobre el status de su proceso.

Lo que yo quería dentro la cárcel era sacar una fotografía de cada uno de estos presos. No tenía cámara pero tenía forma de narrarlo y escribirlo. 

Quise hacer esto porque soy periodista y de repente me veo en un lugar donde veo una constelación de estrellas mediáticas y entonces digo: “esto lo hubiera querido hacer cualquier periodista”.

Lo hice también para sostenerme a mí mismo, para no sentirme abandonado, para evitar la depresión (…) para salir de aquella incertidumbre la que no sabía qué iba pasar.

No sabía si al día siguiente iban por mí y me iban a matar. O no sabía si realmente iba a pasar los 40 años que quería darme el juez.

Todo empezó un día que escuché como llegaba un preso al área de COC, un preso al que lo habían maltratado y casi lo medio matan a golpes, y me doy cuenta que era el “mocha orejas”. 

Reacciono como periodista y como periodista me digo a mi mismo: “Aquí está El Mocha orejas, a 7 metros”. 

¿Cuántos periodistas quisieran tenerlo a 7 metros para preguntarle algo? 

Pensé que a lo mejor hay gente que sí le interesa cómo viven los presos. 

Porque nosotros los enterramos. Nosotros llegamos como sociedad hasta donde comienza la historia de ellos en la cárcel. 

Todo termina cuando el preso ya está sentenciado. Se murió socialmente, pero el preso es una persona que está dentro de la cárcel y que está nada más privado de su libertad.

Es un ser humano consciente que vive y que siente. Que tiene familia y que tiene gente que lo quiere. 

Y eso fue lo que yo quise rescatar. Dar un testimonio de vida, de dentro, como viven ellos. Cómo vivíamos todos, porque yo también estaba ahí.

Yo espero este libro sirva para voltear los ojos hacia las cárceles. Estamos creando centros de exterminio en México y eso es lo que quiero llamar la atención.

Quiero que las autoridades encargadas de los derechos humanos, vean que los centros federales lleven a una readaptación a los internos.

Que no se trate de exterminarlos, ni de violentar sus derechos. Que se trate de corregirlos y de reincorporarlos. Eso es lo que yo quiero llamar la atención con estas historias.

Entrevistas en delirio

Jesús Lemus, autor del libro “Los Malditos”, advierte que el lector debe tomar las pláticas con reservas. 

Muchas fueron al borde de la locura o si se quiere, fantasiosamente. 

La vocación de periodista de Lemus lo llevó a hacer las entrevistas en Puente Grande, pero advierte que también tuvo otros motivos para hacer el libro. 

Dice que el que las quiera creer que las crea, pero eso fue lo que se escuchó en esas pláticas con “célebres” presos, sus compañeros de prisión.

‘EL MOCHA OREJAS’: ‘NO TENGO MIEDO A MORIR’

Parte de la entrevista a Daniel Arizmendi, secuestrador famoso por la mutilación a sus víctimas

¿Tienes miedo a la muerte?

–¿Y a poco tú no?. Todos le temen, tememos a la muerte, aunque digamos que somos muy cabrones; yo no le tengo miedo a morir, aunque hay veces que uno quisiera ya no despertar.

¿Estás arrepentido de lo que hiciste?

–La neta, sí eres periodista… Solo un periodista puede hacer esas pendejadas de preguntas. ¿Qué si estoy arrepentido? Sí. Sí me arrepiento de haber hecho lo que hice, pero pues aquí ya poco sirve el arrepentimiento.

Aquí ya no cuenta lo que uno piensa o diga. Aquí el arrepentimiento es solo como una pomadita que se la pone uno todos los días, cuando le duele la cárcel en los huesos, en todo el cuerpo, y por eso necesita tener uno arrepentimiento para untárselo en el cuerpo cuando no soporta uno este encierro.

–Pero, ¿sabes qué es lo peor de todo el arrepentimiento que le surge a uno estando aquí encerrado? Lo peor es no tener a quien decirle que uno está arrepentido y que aunque pudiera ya no volvería a cometer el mismo error que se cometió y que lo trajo a uno hasta aquí.

OVIDIO SÁNCHEZ LIMÓN: ‘COMÍ CARNE HUMANA’

Segmento de la entrevista con el jefe de Los Zetas en Guanajuato, San Luis Potosí, Aguascalientes, Zacatecas y Jalisco, lugarteniente de ‘El Lazca’ 

¿Y a poco tú has comido carne humana? –Le pregunto acosándolo un poco.

–Sí –contestó enfático, sintiendo mi incredulidad– cuando he estado en reuniones con “El Lazca”; como en tres ocasiones comí carne humana.

He visto que a “El Lazca” le gusta comerla en tamales y cocida en limón, en tostadas, como si fuera carne tártara.

¿Qué parte del cuerpo es la que se come? –pregunto asombrado por el curso que ha tomado mi interrogatorio.

–Sólo la nalga y chamorro; de ahí se sacan los bistecs para preparar la comida. Una vez estuvimos en una reunión en la que juntó a toda la gente; fue en una posada que se hizo en Ciudad Victoria, y esa vez se mandó hacer pozole y tamales. 

–Los que colaboraron con la carne fueron tres centroamericanos que se pasaron de listos. A mí me tocó ver cómo los prepararon para ponerlos en el pozole y en los tamales.

MARIO ABURTO: ‘YO NO LO MATÉ’

Condenado por el asesinato de Luis Donaldo Colosio

El instinto de reportero me saltó y le solté la pregunta:

¿Sí mataste a Colosio?

 –Él me miró fijamente y sólo esbozó una sonrisa– 

Yo volví a insistir con la pregunta: ¿De verdad lo mataste, o solo te pusieron…?

–Es solo publicidad –me soltó casi en un susurro–, yo no lo maté; pero ¿cuándo le ganas el gobierno?. Si ellos dicen que tú fuiste, pos’ fuiste tú y no hay forma de decir que no. Y mientras, aquí me estoy acabando la vida por algo que ni siquiera estoy seguro de que haya hecho.

¿Cuánto te dieron de sentencia? 

–Me la dejaron en 45 años; me habían dado 48, pero luego me la bajaron a 42 y finalmente me la dejaron en 45…

Un chingo ¿no? –Le dije a manera de consolación y manifestando ese gesto solidario, de preso a preso, que solo se entiende cuando uno está dentro.

–Pos sí, pero ya qué le haces. Como que te resignas, como que te acostumbras… y van pasando los meses y se van acabando los años. Y cada vez está más cerca la salida. 

Y eso es lo que a veces lo mantiene uno en pie: la esperanza de poder ver a la gente que uno quiere, a las personas que lo esperan a uno allá afuera, a los que no te han dejado y no tiene olvidado, aunque para muchos seas un animal del mal.

–Y tú… ¿Quién eres? ¿De dónde saliste? Estás todo amarillo, ¿no te sacan al sol?

Soy periodista y me mandaron a la cárcel por criticar al gobierno federal y a la administración del PAN en mi localidad. Le cuento que estoy allí por gestiones del gobernador de Guanajuato, Juan Manuel Oliva, y de un grupo de empresarios políticos de mi localidad. Todo se lo suelto en frases concretas, como se acostumbra en la cárcel, para obviar tiempo.

Mario Aburto suelta una risa sonora que obliga al guardia voltear a vernos y a conminarnos a que guardemos silencio.

‘EL DUBY’: ‘LE PIDO A DIOS QUE ME AYUDE’

Segmento de entrevista a Álvaro Darío de León Valdés,  de la secta de los narco satánicos que secuestraba y mataba a sus víctimas en rituales relacionados con Satanás

¿De verdad ves al Diablo? 

–Todos los días… Pero lo escucho más seguido. Lo veo solo en las noches, cuando me acuesto, cuando ya quiero poner en blanco la mente para descansar, y es cuando se me presenta, cuando se me aparece.

–Se parece mucho a un perro negro, con saliva en la boca y con los ojos rojos, humeantes; como que me quiere decir algo y es cuando comienza a hablarme de todo y me cuenta los días que llevo aquí; me cuenta los días que faltan lo que voy hacer ahora que salga.

¿Estás arrepentido?

–Sí, me siento arrepentido y a veces le pido Dios que me ayude…

¿A Dios o al Diablo?

–A Dios. Y cuando el Diablo me habla me dice que me va llevar por estar arrepentido, y que si no me arrepiento, me va a mantener vivo para siempre.

RAFAEL CARO QUINTERO: ‘SOY CREYENTE’

Líder del Cártel de Guadalajara, fue condenado por narcotráfico y por el asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena

¿Cree usted que haya una vida después de esta?

–Soy creyente. Creo en Dios y considero que después de esta vida hay algo más. Tiene que ser así. –Me contestó con voz muy baja sin quitar la mirada que me mantenía a lo lejos pensando en las cosas que solo él conocía.

¿Cree usted que Dios perdone nuestros pecados?

Ante la pregunta volteó la cabeza lentamente y se me quedó mirando con aquellos minúsculos ojos negros que parecían sostener las dos largas, espesas, y negras cejas. Me observó con algo de curiosidad y esbozó una leve sonrisa.

–Sí lo creo, pero antes hay que ganarse perdón. Aquí estamos pagando todos los pecados que cometimos.

¿Usted ha cometido muchos, don Rafa?

–Aquí estoy pagando lo que me comí. –Me contestó con un tono de sarcasmo que reforzó con una naciente sonrisa en sus labios.


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