Por William Pesek

 

Twitter necesita su propia Primavera Árabe. 

 

En los últimos 12 meses, la red social de microblogging jugó un papel importante para cambiar el mundo, y con sólo 140 caracteres por tweet.

 

De Egipto a Libia, a Siria y más allá, Twitter ayudó a los activistas a burlar el alcance de las redes de censura, los puso en contacto con otras personas igualmente agraviadas y provocó que gobernantes impopulares y de bajo rendimiento se pusieran a la defensiva. 

 

Bueno, pero eso fue antes; 2012 será recordado como el año en que Twitter vendió su alma corporativa, y justo cuando el mundo necesita una transparencia real y herramientas para hacerla efectiva.

 

Al bloquear mensajes en nombre de los gobiernos, Twitter estará haciendo el trabajo sucio para servir a los líderes, desde Pekín hasta Damasco. Al final, la pregunta más importante del día será: ¿Podrá Internet cambiar los regímenes autoritarios del mundo, o los gobiernos represivos cambiarán a la Web? Por desgracia, parece que la segunda plantea el panorama más viable.

 

Twitter ha dicho que retendrá un mensaje (tweet) en el país donde esté prohibido cierto tipo de contenidos, pero no retirará los tweets que sean ofensivos para todo su público.

Tales afirmaciones no son más convincentes que las de Google, que pasó años tratando de explicar por qué había ayudado a naciones como China a sofocar la información.

 

Finalmente, Google se concientizó y abandonó sus operaciones en la nación más poblada del mundo.

 

Es cierto, Twitter se encuentra en una situación difícil, ya que está dejando de ser una empresa rudimentaria de Internet para convertirse en una potencia mundial que busca ganar la bendición de Wall Street. A veces, Yahoo, Microsoft y Cisco Systems tuvieron sus propios arreglos con el Partido Comunista chino.

 

Lo que me pregunto es si existe una mejor manera de concretar el acercamiento entre los directores de las empresas de tecnología y naciones como China, de tal forma que no se permitan los peores impulsos de paranoicos líderes mundiales en nombre de las ganancias y de una cuota de mercado.

 

Los egipcios que valientemente tomaron la Plaza Tahrir en El Cairo para destronar a Hosni Mubarak, tuvieron suerte de hacerlo el año pasado. No deberíamos sobrevalorar los roles que jugaron Twitter y Facebook en el derrocamiento de ese régimen. Sin embargo, si los egipcios hubieran tomado la calle en 2012 en lugar de en 2011, es razonable dudar si la historia hubiera sido diferente. 

 

Un problema aún más grave es la manera en que los gobiernos socavan el desempeño económico de sus propias naciones. Y esto no lo leerás en Twitter o Facebook, sino en las páginas del clásico de 1949 de George Orwell, "1984".

 

Orwell inventó conceptos como "El Gran Hermano", "crimental" y "neolengua", y ofreció puntos de vista proféticos de cómo evolucionaría Internet. Si transferimos esto a la realidad, los acontecimientos ocurridos en Asia llegan a ser decididamente orwellianos. 

 

comments powered by Disqus