La escena tuvo lugar hace poco más de seis años. El lugar: el Zócalo de la Ciudad de México.

Ríos de gente daban calor a un hombre cincuentón –Andrés Manuel López Obrador– que en ese entonces buscaba la Presidencia de México.

El carisma, la empatía, la conexión con los ciudadanos se respiraban en el ambiente.

Poco tiempo después, en julio de 2006, en ese mismo lugar, tras sufrir la derrota electoral más controvertida de la historia moderna de México, López Obrador convocó a sus huestes a sumarse en un abierto gesto de rebeldía.

Instó a sus seguidores a posesionarse de la avenida Reforma para legitimar su supuesto triunfo. Estrategia que después le haría perder adeptos.

Muchos se preguntan: ¿el hombre de entonces es el mismo que hoy está empeñado en llegar a la primera magistratura, o es otro?

No está claro. Lo que sí es un hecho es que la controversia persigue a AMLO.

Un sondeo telefónico realizado entre 400 mexicanos, hombres y mujeres, revela que lo ven más tolerante, menos soberbio, menos radical y más sensible, pero todavía no confían en él.

SÍ, PERO...

El sondeo lanzó el dardo.

¿Es auténtico o es un lobo con piel de oveja? El 50 por ciento de los entrevistados respondió lo segundo, que encarna la amenaza velada. Son los destellos de la campaña que dio en el blanco hace seis años en el sentido de que era un peligro para México. Y 35 por ciento atisbó elementos genuinos.

Al perredista lo persigue otra vez el estigma de que es un ave de las tempestades.

Pero el hombre de Tabasco exhibe hoy una cara humana, espiritual. Sorprende en el discurso y habla de la República Amorosa para conquistar la Presidencia de México con un gobierno emanado de la izquierda.

¿Le creen? Nuevamente surge la controversia.

Los mismos que ven al lobo con piel de oveja, advierten el cambio. Bueno... hasta cierto punto.

El 61 por ciento lo percibe más tolerante que hace seis años (38 por ciento no). El 62 por ciento lo ve menos soberbio (35 por ciento no), 54 por ciento considera que es menos radical (37 por ciento no) y 51 por ciento piensa que es más sensible (47 por ciento no).

¿Cambio insuficiente para convencer a los desconfiados electores?

En este sondeo telefónico nacional también se preguntó: Por lo que ha visto en los últimos meses, ¿cree usted que López Obrador es auténtico o falso en cada uno de los siguientes aspectos?

Cuando se acerca a los empresarios, 40 por ciento dijo que es auténtico, y 46 por ciento, que no, que es falso.

Cuando busca hacer las paces con Joaquín López-Dóriga, 53 por ciento de los entrevistados dijeron que es falso; 39 por ciento creen que es auténtico.

Quien toca las puertas del emporio televisivo, quien hace un guiño interesado y sorpresivo a la televisora, es el mismo que hace seis años fue crucificado ante las cámaras por la misma compañía.

Cuando se acerca a los grupos de izquierda buscando la unión extraviada, los momios están francamente divididos: 45 por ciento lo señala auténtico y 49 por ciento falso.

Y a pesar del esfuerzo que hace López Obrador para sorprender a los mexicanos con un discurso más humanista, espiritual, cristiano, son mayoría los que no se dejan sorprender.

El 54 por ciento señaló que es falso cuando promueve la República Amorosa (39 por ciento piensa que es auténtico). Y cuando exhorta a la gente a ser buena a través del amor y el respeto, los que no le creen, que lo ven falso, son mayoría: 54 por ciento. Y 39 por ciento siente que es auténtico.

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