Los Juegos Panamericanos Guadalajara 2011 vinieron a recuperar la fe y la esperanza, el orgullo perdido de un México asfixiado por el descrédito político y la inseguridad pública.
Ninguna acción, ningún discurso, ningún evento, ningún anuncio público o privado tiene más méritos, en lo que va del sexenio, que este cónclave deportivo internacional para presumir a los cuatro vientos: ¡Sí se pudo!
Y lo que en principio se antojaba como una justa deportiva regional, en una capital regional de México, se transformó en un megafestejo de clase mundial, ejemplar de principio a fin, envidia de cualquier comité organizador de una olimpiada.
México deslumbró no sólo en el medallero, mérito atribuible a las autoridades deportivas del gobierno de Felipe Calderón, sino también por mostrar al mundo una excelente capacidad de crear, organizar y concretar con pulcritud, brillantez y originalidad un evento que rivalizaría con cualquiera de su género hecho en el llamado primer mundo.
Pero ese mérito no es casualidad, y hay que reconocerlo. Detrás de los afanes y desafanes de estos Juegos Panamericanos está la apuesta de Emilio González Márquez, el gobernador panista de Jalisco, quien como presidente del comité organizador tiene bien ganada la medalla de oro.
Es cierto que junto con él también merecería una medalla de plata el alcalde priista de la capital anfitriona, Jorge Aristóteles Sandoval, vicepresidente del comité organizador. Sin dejar a un lado cuando menos una presea de bronce para el empresario Jorge Vergara, sin cuya visión para edificar el Estadio Omnilife no se habría contado con tan majestuosa escenografía.
Y es que con el espectacular cierre de los Panamericanos, nadie le escatima ni a Jalisco ni a Guadalajara, es decir, ni a su gobernador ni a su alcalde, la capacidad para concretar lo que para cualquiera podría parecer una misión casi imposible: presentar unos juegos no sólo impecables, sino majestuosos.
Por eso no pueden dejarse de lado los efectos políticos. Porque en la antesala de la carrera presidencial, y también la del relevo de gobernador en Jalisco, los Panamericanos surtieron su “efecto mariposa”.
Y si apenas unas semanas antes de la justa deportiva, Emilio González Márquez decidió declinar a contender en la interna del PAN en busca de la ansiada candidatura a la Presidencia 2012, hay quienes cuestionan si después del contundente éxito panamericano no valdría la pena reconsiderar.
La interrogante es simple. ¿Podrían Josefina Vázquez Mota, Santiago Creel o Ernesto Cordero mostrar el talento y la capacidad para organizar un evento de esta magnitud con los espectaculares resultados que dio el gobernador de Jalisco? Sobran los que dicen que no.
Es cierto que el beneplácito presidencial –y el de su partido– le garantiza a Emilio González Márquez la primera posición al Senado por Jalisco. Pero eso ya se daba por hecho cuando el gobernador declinó competir en la interna panista.


