Rick Santorum, aspirante republicano a la candidatura presidencial de Estados Unidos, ganó el 13 de marzo las primarias de su partido en Alabama y Misisipi, con lo que mejoró notablemente su posicionamiento y puso de manifiesto la reciente debilidad de Mitt Romney.

 

El precandidato ultraconservador y ultracatólico se impuso con 41 por ciento de los votos en Alabama y 38 por ciento en Misisipi. Newt Gingrich obtuvo el segundo puesto con 37 por ciento en Alabama y 33 por ciento en Misisipi. Romney quedó en tercer lugar con 30 por ciento de los sufragios en Alabama y 29 por ciento en Misisipi.

 

Lo más significativo de estos resultados –tal como lo dijo Santorum en un mitin realizado en Alabama– es que echan abajo la idea de la inevitable victoria de Romney.

 

Si bien es cierto que el remonte de Santorum es revelador, hay que tomar en cuenta que sólo tiene nueve victorias frente a las 18 de Romney. Y también está en desventaja en número de delegados. El ex gobernador de Massachusetts cuenta con más de 430 –de los mil 144 que necesitan los contendientes para asegurarse la candidatura–, mientras que el ex senador de Pensilvania tiene a su favor poco más de 200.

 

Para visualizar los estados donde los precandidatos avanzan o retroceden, es importante señalar que Santorum obtuvo otras victorias el 24 de marzo en Misuri, Oklahoma, Tennessee y Kansas, mientras que Romney resultó triunfador en los estados tradicionalmente democráticos de Massachusetts y Michigan, así como en los independientes de Florida y Ohio.

 

La derrota parcial de Mitt Romney puede explicarse por el hecho de que su discurso resulta ambiguo para una parte del electorado. Mientras que algunos lo ubican a la izquierda, otros lo consideran de derecha. Además, es mormón, y según las últimas encuestas, sólo 35 por ciento de los estadounidenses se sentiría a gusto con un mandatario practicante de dicha religión.

 

A este complejo panorama en el seno del Partido Republicano, se suma el anuncio de la pérdida de popularidad de Barack Obama. Según la encuesta publicada el 13 de marzo por The New York Times/CBS, sólo 41 por ciento de los consultados está a favor de la gestión del presidente, un desplome de nueve puntos porcentuales con respecto a febrero.

 

Aunque para la elección del 6 de noviembre también se han postulado tres candidatos independientes: Ralph Nader, Jesse Ventura y Michael Bloomberg; tres por el Partido Libertario: Wayne Allyn Root, Thomas L. Knapp y Gary E. Johnson, y uno más por el Partido Verde: Jello Biafra, es bien sabido que el partido final se juega entre republicanos y demócratas.

 

Según los sondeos realizados antes de que Romney perdiese a gran parte del electorado conservador, él y Obama quedaban casi empatados en la intención de voto.

 

Pero si la popularidad de Obama sigue cayendo, y Santorum se consolida como favorito entre las facciones más radicales del Partido Republicano, el panorama cambiará drásticamente. Para muchos, será sombrío y aterrador.

 

EL CAMPEÓN DE LOS VALORES

 

Las recientes victorias de Rick Santorum, que abren la posibilidad de que se convierta en el próximo inquilino del ala oeste de la Casa Blanca, no son cualquier cosa.

 

Se trata de un hombre que se define a sí mismo como el campeón de los valores estadounidenses. Y, desde esa trinchera, rechaza frontalmente la separación entre Iglesia y Estado.

 

Es tan sólida su convicción sobre este tema, que alguna vez dijo que le provocaba vómito un discurso de John F. Kennedy en el que afirmó que si llegaba a la Presidencia de Estados Unidos, no recibiría órdenes del papa.

 

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