Colaborador Invitado / Padre Luis Arturo García
El autor es sacerdote Misionero del Espíritu Santo e historiador

 

Cuando revisamos el discurso de los “especialistas en religión”, no deja uno de esbozar una sonrisa al ver las cábalas que hacen para encontrar un sentido, sobre todo político-electoral, a la visita del papa Benedicto XVI en marzo de 2012.

 

En general, rayan en lo fantasioso, ingenuo y grotesco, pero, sobre todo, mostrando un inmenso analfabetismo funcional en el campo que presumen estar especializados.

 

Proclaman desde sus sacrofóbicos púlpitos el final del catolicismo argumentando la escasez global de sacerdotes, los bancos de iglesia vacíos en antiguos bastiones o la gran cantidad de escándalos por abuso sexual de ministros católicos.

 

Pero, en rigor, hoy la Iglesia Católica está atravesando el mayor periodo de crecimiento en su historia.

 

La población católica del mundo creció de 266 millones en 1900, a mil 181 millones en 2010, un incremento de 440 por ciento. En comparación, la población mundial aumentó 263 por ciento. Es decir, más allá del crecimiento por natalidad, se ha logrado atraer a nuevos conversos.

 

Contundentemente, el catolicismo está decayendo en Europa, y también estaría perdiendo terreno en Estados Unidos si no fuera por la inmigración.

 

Un estudio reciente llevado a cabo por el Pew Forum on Religion & Public Life comprobó que por lo menos 10 por ciento de los ciudadanos estadounidenses han dejado de ser católicos. Mientras un estudio hecho por la Conferencia de Obispos de Estados Unidos sostiene que “el auge de inmigrantes latinos dará como resultado que se triplique su número en sólo 35 años. En 1990 había 22 millones. En 2025 su número podría alcanzar 66 millones.

 

“La Oficina del Censo pronostica que el número total de norteamericanos aumentará en 100 millones entre 1990 y 2025, y 44 millones de dicho aumento provendrán de la inmigración”.

 

Así, el rostro del catolicismo se va transformando por su crecimiento en África, Asia y América Latina (donde hoy está el 49.8 por ciento de los católicos).

 

Tan sólo en el África subsahariana, el número de católicos aumentó asombrosamente en 6 mil 700 por ciento durante el pasado siglo: de alrededor de 2 millones a 130 millones de fieles.

 

Actualmente, la República Democrática del Congo tiene la misma cantidad de católicos que Austria y Alemania juntas. India tiene más católicos que Canadá e Irlanda en conjunto.

 

No es que el catolicismo se esté debilitando, sino más bien que su centro de gravedad sociocultural se está desplazando. Lo que a muchos nos cuesta entender es que lo que alguna vez fuera una religión considerablemente homogénea y blanca, concentrada en Europa y América del Norte, es ahora una diversidad que honra más al título de católico.

 

En un futuro, los grandes centros de reflexión teológica ya no serán sólo Lovaina, Múnich, Madrid ni Roma, sino Manila, Nairobi, Los Ángeles, México y Sao Paulo. El gran desafío que hoy enfrenta el catolicismo no es su decadencia, sino, más bien, manejar la transición a un catolicismo multicultural. Es desde esta perspectiva que tenemos que leer la visita de Benedicto XVI.

 

Ya hemos visto que el papa es un hombre que gusta de las acciones simbólicas, fundadas en la tradición cristiana occidental, así que el hecho de que la visita a Latinoamérica y el Caribe sea en plena Cuaresma es en esa perspectiva.

 

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