Bajo el título “Preguntas cuyas respuestas podrían transformar a México”, la mañana del martes 27 de marzo apareció un espléndido documento en los principales diarios de circulación nacional.
Un bien planteado reto de políticos, empresarios, artistas e intelectuales para propiciar un pensamiento profundo de transformación entre los candidatos de la contienda presidencial 2012.
Los planteamientos son agudos en torno a temas cruciales como la seguridad y el papel que deben jugar el Ejército, la policía y el Ministerio Público.
Abundan los cuestionamientos económicos sobre el fortalecimiento de la hacienda pública por la ruta de reducir las exenciones tributarias, hacer reformas para eliminar los monopolios y permitir la inversión privada en Pemex y la CFE.
Se enlistan también preguntas sobre el tema crucial de la educación. Ampliar la jornada escolar a ocho horas diarias, tener computadoras para todos, hacer una evaluación universal de los maestros así como eliminar los privilegios sindicales y las cuotas sindicales obligatorias.
Ni qué decir de viejos debates sobre la renovación de los apartados sindicales, los sindicatos únicos, la llamada “toma de nota” y la retención automática de cuotas sindicales de los trabajadores del Estado por parte de Hacienda.
El bien montado planteamiento pasa por cuestionar a los candidatos sobre sus planes para atraer inversiones por 80 mil millones de dólares para alcanzar el esperado crecimiento de 6 por ciento anual, además de la ya tan debatida reforma laboral.
También hay preguntas torales en torno a temas políticos como la definición del poder ciudadano, la reelección de alcaldes y legisladores, las candidaturas independientes, el referéndum y el plebiscito, así como la segunda vuelta presidencial.
Al final, la invitación queda abierta para que los candidatos contesten las preguntas por escrito o que sostengan una reunión con los firmantes para debatir las respuestas en un foro público universitario.
En síntesis, quienes integraron este excelente ejercicio político-intelectual suscrito por 48 abajo firmantes, dieron un buen campanazo mediático al plantear esos cuestionamientos.
Pero, sin el afán de ser aguafiestas, ni mucho menos de cuestionar la muy sana intención del ejercicio, al leer algunos de los importantes nombres que firman el desplegado, surgen algunas preguntas.
Y no se trata de invalidar los planteamientos, que, repetimos, son incisivos, profundos y definitorios para el futuro de México. Pero a algunos de los que preguntan, valdría la pena preguntarles.
Sobre todo a aquellos que directa o indirectamente fueron secretarios de Estado en los últimos gabinetes sexenales, algunos de los cuales vivieron los mismos dilemas que hoy plantean y que en su tiempo no pudieron o no quisieron confrontar.
Y es que la lista incluye a un ex secretario de Gobernación de la actual administración y a un influyente asesor del gobierno anterior que tuvieron en sus manos la posibilidad de responder a los cuestionamientos sobre seguridad, Ejército, policía y Ministerio Público.
¿Por qué no lo hicieron cuando ocuparon la primera cartera política del país? ¿Por qué no fueron lo suficientemente exigentes en esas demandas cuando tenían a su alcance el oído presidencial?
En el desplegado también se asoman los nombres de ex secretarios de Hacienda que, en su momento, y con muy buenas intenciones, privatizaron las telecomunicaciones y la banca.
Pero esas sanas intenciones terminaron por una deficiente ejecución que dio lugar a la creación de los oligopolios que padecemos los mexicanos, con deficientes y muy caros servicios que no pasan la prueba del ácido cuando se aplican los estándares de competitividad mundial.
¿Por qué los cuestionadores de hoy no nos blindaron ayer a los ciudadanos en su paso por la cartera económica más importante del gabinete?


