“¡La Virgen de Guadalupe no se mueve! ¡Si alguien quiere verla, que vaya a la Basílica!”.

Según algunos comentaristas de televisión, eso fue lo que dijo el arzobispo primado de México cuando se sugirió la posibilidad de trasladar la tilma de Juan Diego a Guanajuato.

 

La anécdota –que probablemente surgió de alguna fuente bien informada–, así como lo acontecido durante la visita papal, confirmaron el conflicto que existe entre el Papa Benedicto XVI y Norberto Rivera.

 

Y es que las emotivas manifestaciones de millones de mexicanos sirvieron para evidenciar la fe que los católicos mexicanos tienen en la institución papal, pero también quedó bien claro que el sumo pontífice no se dejó intimidar ni chantajear por el arzobispo primado de México Norberto Rivera.

 

Independientemente de los análisis y reflexiones que se pueden hacer a propósito de la visita de Benedicto XVI a México, vale la pena, por lo pronto, abordar los detalles de lo sucedido con la figura de Norberto Rivera.

 

‘LOS PRIMEROS SERÁN LOS ÚLTIMOS’

 

“Los primeros serán los últimos, y los últimos los primeros, pues muchos serán los llamados y pocos los escogidos”, reza el versículo 20:16 del evangelio según San Mateo.

Y parece que eso fue lo que le pasó al cardenal Norberto Rivera Carrera durante la visita del Papa.

 

A diferencia de ocasiones anteriores, la presencia del arzobispo primado de México pasó tan desapercibida, que prácticamente se eclipsó durante la visita de Benedicto XVI.

 

Norberto Rivera se confundió entre sus colegas mexicanos y latinoamericanos que asistieron al encuentro. Sin embargo, quienes están bien informados sobre estos asuntos sostienen que no tendría por qué haber sido de otra manera.

 

Además de los conflictos que pudiera haber entre la curia vaticana y el Arzobispado de la Ciudad de México, la visita papal se realizó en una diócesis diferente de la que gobierna el cardenal Norberto Rivera.

 

Por tal motivo, quien funge como obispo anfitrión es quien debe aparecer, casi todo el tiempo, junto al Papa. Eso, por más “primado” que sea el arzobispo primado de México.

Y es que la calidad de “primado”, dicen los que saben, no le da al arzobispo de la Ciudad de México una autoridad superior a la conferida a cualquier obispo.

 

El arzobispo primado ni siquiera es una figura intermedia entre el Papa y el resto de los obispos de un país.

 

Lo de “primado” se debe únicamente a que ese arzobispado fue el primero que se

constituyó en la Iglesia Católica.

 

Sin embargo, otros sostienen que considerando que el arzobispo de la Ciudad de México gobierna una de las diócesis más grandes del mundo –y que dentro de su jurisdicción se encuentra la Basílica de Guadalupe–, el Papa podría haber tenido alguna distinción hacia el cardenal Rivera.

 

Pero el hecho es que no la tuvo.

 

El Papa nunca hizo referencia alguna al cardenal, aunque no era requisito protocolario que lo mencionara en sus alocuciones.

 

En cambio, quienes siguieron de cerca la visita advirtieron que el Papa tuvo consideraciones especiales para tres prelados mexicanos: monseñor José Guadalupe Martín Rábago, arzobispo de León; monseñor Aguiar Retes, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), y el cardenal Javier Lozano Barragán.

 

Se podrá decir que Martín Rábago recibió un trato especial porque fue el anfitrión.

comments powered by Disqus