Por David S. Meyer

 

El movimiento Occupy Wall Street, que ya cumple su cuarta semana y sigue ganando moméntum, nos recuerda que los miembros del Tea Party no son los únicos que están insatisfechos con el estado que guarda la nación.

Los dos grupos coinciden en su molestia por algunos asuntos, especialmente los rescates que hizo el gobierno de los grandes bancos de Estados Unidos (EU).

Han escogido diferentes tácticas para expresar su enojo. Los de Occupy Wall Street están acampando afuera del distrito financiero de Nueva York, mientras que los del Tea Party han elegido a ciertas personas para pelear contra el gasto del gobierno y el déficit, además de estar en contra de los reglamentos y la supervisión de las empresas, tanto grandes como pequeñas.

No es algo que les guste admitir, pero los miembros del Tea Party limpiaron el camino para los manifestantes del otro lado del espectro político. Demostraron que las protestas funcionan, incluso cuando el gobierno no funciona.

La mayoría de las personas eligen el camino de la protesta pública sólo cuando creen que es su mejor opción para obtener lo que quieren. No es que sea una vía extremadamente promisoria, simplemente puede funcionar más que cualquier otra.

Después de casi tres años de gobierno del presidente Barack Obama, los de Occupy tienen muy pocas razones para creer que su gobierno responderá a sus preocupaciones. Washington parece estancado, y la prioridad de los manifestantes –la inseguridad económica y la desigualdad política– no son las prioridades en la agenda. Así que protestaron en el Parque Zuccotti, en el centro de Manhattan, acamparon afuera del Ayuntamiento de Los Ángeles y marcharon en la Plaza Libertad en Washington.

No hace mucho, esto mismo era lo que estaba haciendo el Tea Party. Sus partidarios comenzaron a aparecer en asambleas y reuniones en 2009 para exigir un gobierno más responsable. Decían que las instituciones políticas ya no funcionaban como deberían hacerlo y que las preocupaciones de la gente común eran ignoradas. Los de Occupy están de acuerdo; sin embargo, representan a otro tipo de ciudadanos.

El éxito del Tea Party en las encuestas dificultó algunas maniobras del gobierno, como quedó claramente demostrado el verano pasado con la debacle que provocaron las negociaciones del techo de deuda. Los de Occupy observaron y aprendieron.

Una lección fue la virtud de la audacia. Los miembros del Tea Party que les gritaron a los miembros del Congreso en las asambleas donde se debatió la reforma de salud en el verano de 2009, captaron la atención de los medios y construyeron un movimiento nacional. Los de Occupy fueron por Wall Street, la capital del capitalismo, para crear un movimiento que hable por el "99 por ciento" de los estadounidenses cuyos intereses no son tomados en serio por Wall Street ni por el gobierno.

Hace menos de dos meses, me preguntaba a dónde se dirigía el movimiento en favor de aquellos que más sufren por este estancamiento de la economía. Argumentaba que para que pudiera surgir un movimiento de protesta poderoso, tendrían que invertir mucho las organizaciones progresistas establecidas y los sindicatos. Los de Occupy, hasta el momento, han demostrado lo contrario.

El llamado para ocupar Wall Street no surgió de alguno de esos grupos bien financiados y con experiencia, sino de Adbusters, una revista activista de Canadá que fue rápidamente apoyada por el colectivo de "hacktivistas" de Anonymous.

Al principio, fueron pocas las personas que llegaron al centro de Manhattan, mucho menos de los 20 mil que los organizadores esperaban. La cobertura en los medios nacionales fue mínima. Sin embargo, la noticia se propagó en línea a través de las redes de los activistas, y la protesta continuó con docenas de manifestantes durmiendo en la calle en noches lluviosas, guardando un espacio para una participación más amplia.