Por Peter Wilson

 

Hugo Chávez no filtra sus palabras. El hombre fuerte de Venezuela se llevó los titulares cuando llamó "el diablo" al ex presidente George W. Bush en una sesión de la Organización de las Naciones Unidas. Y también cuando afirmó que el presidente peruano Alan García era un ladrón, una vergüenza y un canalla.

 

Ese rasgo le ha ganado el cariño de los venezolanos, a quienes les gusta la extravagancia de su presidente y su manera de decir las cosas sin pelos en la lengua. Pero esta peculiar característica también podría llevarlo a la derrota en las elecciones presidenciales de este año, previstas para el 7 de octubre.

 

Desde que el gobernador Henrique Capriles Radonski ganó la elección primaria para ser candidato presidencial de la oposición, Chávez lo ha llamado cerdo y lacayo de Estados Unidos. Ha dicho que es un burgués enemigo de la revolución y un mediocre.

 

El presidente venezolano también se ha apresurado a advertir a los pobres que la victoria de Capriles los despojaría de todo lo que han ganado bajo su mandato y provocaría caos, inestabilidad y hasta la posibilidad de golpes de Estado y una guerra civil.

 

Los seguidores de Chávez tampoco se han mostrado amables. Personalidades de la radio y la televisión estatales han insinuado que Capriles Radonski, de 39 años y soltero, no sólo es gay, sino que también es parte de una conspiración sionista y miembro de una secta neonazi.

 

Acusaciones descabelladas y denuncias infundadas son habituales en la escena política de Venezuela. Lo inusual ha sido la reacción de Capriles, quien se ha reído de las denuncias formuladas por Chávez y sus seguidores. Al diario El Universal, le dijo: "Yo no voy a perder ninguna energía en esto cuando hay cosas más importantes por hacer".

 

Henrique Capriles Radonski ha prometido centrar su campaña en los temas importantes, no en personalidades, y nunca ha insultado públicamente a Hugo Chávez.

 

Sorprendentemente, a diferencia de las primeras tres elecciones que Chávez ganó con facilidad (1998, 2000 y 2006), esta vez podría triunfar Capriles, el popular gobernador de Miranda, el segundo estado más poblado de Venezuela.

 

"Tal vez los estrategas de Chávez pensaron que les convenía moverse rápidamente con ataques a Capriles para no permitir que se use la elección primaria como un trampolín de la campaña de la oposición", dice Julia Buxton, quien fue compañera del hoy candidato en la Universidad de Bradford, en Gran Bretaña. "Pero es un enfoque imprudente que puede tener el efecto contrario al presentar a la oposición como bastión de la tolerancia y el liberalismo".

 

Los signos de una reacción violenta ya empezaron a surgir.

 

La encuestadora Hinterlaces, una de las más grandes de Venezuela, ubicaba a Chávez con 55 por ciento de las preferencias en la semana previa a la primaria; la oposición tenía 44 por ciento. Pero encuestas rápidas de salida realizadas después de ese proceso mostraron una rápida reducción de esa brecha.

 

"En la pasada elección, Chávez era intocable, invulnerable", señala Oscar Schemel, presidente de Hinterlaces. Ya no. Desde entonces, la delincuencia se ha disparado. Y cada vez son más frecuentes los apagones, al igual que la escasez de alimentos básicos, como aceite comestible, café y harina de maíz.

 

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