Después del terrible descalabro que sufrieron en las elecciones de julio pasado, parecía que las élites panistas por fin habían caído en la cuenta de los graves errores que habían cometido una y otra vez desde que ganó Vicente Fox en el año 2000.

En su diagnóstico del 11 de julio sobre la enfermedad del PAN, Germán Martínez coincidía en lo fundamental con los señalamientos de su colega y también ex presidente nacional albiazul, Manuel Espino.

Por lo que escribió Germán Martínez, parecía que al fin el calderonismo reconocía que los panistas "habían preferido armar estructuras electorales", es decir, formar rebaños de simpatizantes que, sin aprecio por la libertad, apoyan y oyen instrucciones sin deliberación. Reciben "línea".

La confesión era irrefutable. No admitía más sospecha que la de que se hubiese hecho sin un verdadero propósito de enmienda.

Sin embargo, pese a esto, el acto fue aplaudido por muchos panistas, incluidos, entre otros, los precandidatos "independientes" Santiago Creel y Josefina Vázquez Mota.

Sin embargo, tan sólo un mes después de aquel supuesto arrepentimiento, las cosas volvieron a ser como habían sido desde que Vicente Fox tomó posesión como presidente de la República.

Las élites panistas optaron por seguir armando sus "estructuras electorales", que en términos de Germán Martínez, pudieran ser los rebaños que los gobernadores, alcaldes o delegados del gobierno federal suelen armar para cooptar votos y dar líneas corporativas.

Lejos de enmendarse, los panistas volvieron a las andadas. El supuesto arrepentimiento quedó en llamarada de petate.

Lo sucedido en las últimas semanas, y muy especialmente el pasado domingo 14 de agosto, lo acredita así.

Ya no hay duda alguna. La opción preferencial de los principales precandidatos panistas es por la cultura del dedazo. Analicemos.

EL ULTIMÁTUM DE SAN CRISTÓBAL

Durante el gobierno de Vicente Fox, a todos los panistas les quedó claro que el favorito de la casa presidencial era Santiago Creel.

Y muy probablemente, tan sólo por ese hecho, los panistas de a pie le dieron la espalda Creel y optaron por Calderón, quien nadaba a contracorriente.

El panista común y corriente se decepcionó muy pronto de Fox y de su fallida promesa de cambio. Y tenía razón.

Santiago Creel no registró el hecho, y ese error, entre otros, le costó perder sorpresivamente la elección interna de su partido en 2006.

Pasados seis años, el ex inquilino de Bucareli parecía haber aprendido la lección. Tanto, que en la segunda semana de julio pasado, cuando Reporte Indigo le preguntó sobre la percepción que se tenía de él hace seis años, dijo:

"En política, muy pocas veces se reconocen errores. Yo cometí muchos errores en el 2005. En segundo lugar, no sólo es una cuestión de reconocimiento, es una cuestión de poner la voluntad para enmendar el error".

Y sí, el arrepentimiento y hasta el propósito de enmienda se empezaron a manifestar en su discurso.

Por eso, todavía el 8 de agosto, Creel se atrevió a decir ante los panistas: “Aquí no hay acarreados, ni tortas, ni refrescos, ni camiones. Aquí hay militancia libre. Son ustedes, los militantes libres, no los gobernadores, no los presidentes municipales, son ustedes los que nos han llevado al poder en el 2000 y en el 2006.

“Les vengo a decir que éste es un evento de la militancia, organizado por los militantes libres, y esto marca una auténtica diferencia”.

La cargada y la línea de cinco gobernadores panistas en favor de Ernesto Cordero en los últimos días de julio eran evidentes.

Pero algo sucedió en el camino de Santiago, que en menos de una semana, decidió desandar lo andado.