La cineasta retrata el diario transcurrir de quienes pasan su vida en un lugar donde sólo hay mansiones y construcciones imponentes.
Pero no es una colonia residencial, sino el panteón Jardines de Humaya, un camposanto de Culiacán, Sinaloa, que refleja la gravedad que ha alcanzado la violencia en México.
“Ese crecimiento en la violencia se veía reflejado en la cantidad de muertos en el panteón, la cantidad de empleos que se estaban generando en el panteón”, explica Natalia, quien ganó el premio Sundance a Mejor Dirección en 2009.
La documentalista pasó alrededor de un año filmando la dinámica que se vivía al interior del cementerio. Concluyó su obra visual en diciembre de 2009 con la muerte de Arturo Beltrán Leyva, “El Jefe de jefes”.
Jardines de Humaya se encuentra a media hora del centro de Culiacán, camino a Mazatlán. Anteriormente albergaba a los fallecidos de pudientes familias de agricultores y empresarios locales.
Pero desde finales de los 80 también abrió sus puertas a los poderosos del hampa. Uno de los primeros fue Lamberto Quintero, un traficante de mariguana que inspiró el primer narcocorrido.
Y desde hace algún tiempo, las inhumaciones a todo lujo se han vuelto más frecuentes. Las imágenes del documental lo dicen todo: grupos musicales que acompañan al cortejo para decir adiós al fallecido, féretros lujosos y montañas de flores.
“También, el tamaño de los mausoleos era un reflejo de la fuerza y del poder que tiene toda esa gente”, explica Natalia Almada.
En vida, Ignacio Coronel, “El Nacho”, y Arturo Beltrán Leyva, “El Jefe de Jefes”, fueron acérrimos enemigos, pero hoy son vecinos en Jardines de Humaya. Sus mausoleos con impresionantes vitrales reciben mantenimiento cada semana.
En otros hay incluso salas alfombradas y figuras de Jesucristo que miden dos metros. También es común ver tumbas de niños que fueron enterrados con todos sus juguetes.
En una tumba de dos pisos con vidrios polarizados está enterrado Gonzalo Araujo Payán, el jefe de sicarios del Cártel de Sinaloa.
En Jardines de Humaya descansan la esposa y los hijos de "El Güero" Palma. Y una pequeña capilla alberga los restos de una leyenda del narco sinaloense: Inés Calderón Quintero, quien murió en 1988, no sin antes matar a dos policías en un enfrentamiento.
Martín, “El Velador”, es testigo de estas escenas casi a diario, y Natalia Almada las ha llevado al cine para acercarnos a una faceta más de la violencia que ha trastocado la vida del país.



Comentarios(1)
PUES YO ME PREGUNTO CUANDO DEJARAN DE ENALTECER ESE ESTILO DE VIDA , CUANDO EN REALIDAD UN VERDADERO HITO DE ESTA NARCO VIOLENCIA EN MEXICO ES LA GENTE QUE APESAR DE TODO LO SUCEDIDO SIGUE VIVIENDO DE MANERA HONESTA, ME IMAGINO QUE REALIZAR UN FILM QUE MUESTRE LO REALMENTE DIFICIL QUE ES SEGUIR VIVIENDO HONESTAMENTE ES SUMAMENTE DIFICIL Y VALGA LA REDUNDANCIA , PERO UN SECRETO ESCONDIDO PARA AQUELLOS BUSCADORES DE HISTORIAS ES QUE, NO SOLO ES COMPLICE AQUEL QUE JALA EL GATILLO O AYUDA EN ALGUN HECHO DELICTIVO, TAMBIEN LO ES AQUEL QUE CONOCE DE ALGO O A VISTO ALGO Y NO LO DENUNCIA , UN RETO FILMICO SERIA DESTAPAR ESE ENORME SECRETO SOCIAL EN LAS CIUDADES AZOTADAS POR LA VIOLENCIA DE COMO DESDE EL TENDERO DE LA ESQUINA , EL TRAPERO Y EL MAESTRO DE LA PRIMARIA SABEN MAS QUE LOS MISMOS AGENTES DE INTELIGENCIA MILITAR SEUDO ENCUBIERTOS QUE PRETENDEN DESENMARAÑAR ESTA GRAN TRAICION ALA NACION POR PARTE DEL PAN ...
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