Por Harold Meyerson

 

"En los últimos tres años, Barack Obama ha ido reemplazando nuestra sociedad basada en el mérito con una sociedad que recibe beneficios y derechos", escribió Mitt Romney el mes pasado en USA Today.

 

En los próximos comicios, según dijo Romney a los editores de The Wall Street Journal en diciembre, "se hará una elección muy simple" entre la visión de una "Europa social demócrata" de Obama y "una sociedad de oportunidades basada en el mérito –una sociedad al estilo estadounidense–, donde las personas se ganan las cosas en función de su educación, de su trabajo, de su disposición para asumir riesgos y de sus sueños".

 

Las afirmaciones de Romney son el elemento clave de sus críticas –y también las de su partido–, no sólo contra Obama, sino también contra el liberalismo estadounidense en general.

 

Pero lo que no explican es cómo y por qué la economía estadounidense ha ido en declive en las últimas décadas, en buena parte porque no parecen estar conscientes de que las democracias sociales de Europa ahora se ajustan mucho más que la nuestra a la descripción de las "sociedades de oportunidades basadas en el mérito".

 

La mejor manera de medir el estatus de una nación basada en el mérito consiste en evaluar su movilidad económica intergeneracional: ¿los niños se mueven por encima y por debajo de la escala económica como resultado de sus propias capacidades, o su situación económica simplemente replica la de sus padres?

 

Lamentablemente, como la clase media estadounidense se ha reducido a lo largo de las últimas décadas, la visión de EU como tierra de oportunidades se ha convertido en una farsa.

 

Como lo demuestra un artículo de Julia Isaacs, de Brookings Institution, la frecuencia con la que los ingresos de los hijos se aproximan a los de sus padres es superior en EU (tres veces más frecuente que en Dinamarca, Noruega y Finlandia, y 1.5 veces más que en Alemania). Las democracias sociales de Europa –donde los impuestos, los derechos y la tasa de sindicalización son muy superiores a los de EU– se basan más en los méritos que EU.

 

Ésa no es la única variable por la que las democracias sociales de Europa tienen mayor dinamismo que nuestra creciente plutocracia esclerótica. Las tasas de desempleo en naciones del norte de Europa –a partir de octubre, la tasa de desocupación fue de 6.5 por ciento en Alemania, 4.8 por ciento en los Países Bajos y 7.4 por ciento en Suecia– son sustancialmente más bajas que las nuestras (9 por ciento en ese entonces). Dinamarca, Suecia, Finlandia y Alemania, en particular, tienen considerables excedentes comerciales, mientras que EU posee el déficit comercial más alto de la historia de la humanidad.

 

Hay, por supuesto, múltiples razones por las que las naciones del norte de Europa nos están superando. Pero si los derechos y la socialdemocracia fueran impedimentos para emprender, como dice Romney, Alemania no sería la economía más exitosa del mundo industrial avanzado, seguida muy de cerca por los países escandinavos.

 

Los secretos del éxito de la socialdemocracia están a la vista. En Escandinavia, el compromiso del gobierno con respecto a la capacitación de los trabajadores y la reubicación del trabajo significa que no existe una presión política para mantener en operación las empresas fallidas; es una política que favorece la creación de empresas innovadoras.

 

En Alemania, la administración y los sindicatos cooperan para mejorar los productos y procesos, en parte debido a que los consejos de administración están formados por representantes de los propietarios y los trabajadores.

 

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