Por Alexander Stille
El telón parece cerrarse sobre la carrera política de Silvio Berlusconi –uno de los shows más extraños y duraderos del mundo–, quien dominó la vida italiana durante 17 años mientras jugaba una cantidad asombrosa de roles: magnate de televisión, dueño de un equipo de futbol, primer ministro, acusado, playboy internacional.

Berlusconi, que también es un vendedor extraordinario y un ilusionista supremo de los medios de comunicación, llegó al poder conjurando visiones de prosperidad sin precedente para las masas de Italia. Se declaró el "mejor primer ministro", así como el líder más grande del mundo. Por lo tanto, parece lógico que Berlusconi, quien prometió mucho y entregó muy poco, ahora deba salir del escenario dejando tras de sí una escena de devastación moral y financiera.
Berlusconi es el primer (pero no el último) magnate de los medios que gobierna un país, y lo hizo con base en el principio de que la percepción es realidad, es decir, que si haces que la gente crea en algo, se convierte en verdad.
Pero la realidad se ha entrometido: años de estancamiento económico, reformas prometidas pero nunca promulgadas, una deuda nacional que supera el 120 por ciento del Producto Interno Bruto y, por último, la espiral de los tasas de interés, que ha provocado la ilusión de ir a la baja. La percepción es crucial para los mercados financieros, pero al final debe estar ligada a algunos hechos económicos subyacentes. Este hombre con confianza política ha fracasado porque ha perdido la confianza de los mercados financieros y de las cancillerías de Europa.
En los últimos años, Silvio Berlusconi se convirtió en sinónimo de escándalo debido a su personalidad de mujeriego, a las fiestas salvajes que organizaba en el palacio presidencial con prostitutas pagadas y niñas menores de edad, y a una serie de juicios penales y casos de corrupción. También ha hecho declaraciones subidas de tono en las reuniones internacionales, refiriéndose al presidente electo Barack Obama como "bronceado" y jactándose de sus habilidades de playboy para obtener concesiones del presidente de Finlandia. Todo esto ha hecho que los extranjeros se vean tentados a sonreír, agitar la cabeza y decir: "¡Sólo en Italia!".
Aunque Berlusconi es un producto típico de una cierta parte de la vida italiana, esa explicación simplista ignora algo más importante. Es una figura retrógrada que encarna la antigua corrupción, el sexismo y el machismo. Pero también es una criatura política totalmente moderna, o posmoderna.
El dinero, la fama y el valor puro del entretenimiento son parte de la política en todas partes. Operando en un país con pocos controles y balances, Berlusconi fue capaz de combinar la inmensa riqueza de Bill Gates, el monopolio de los medios de comunicación de Rupert Murdoch y la fama de Arnold Schwarzenegger, mezclado todo esto con el control de la Casa Blanca y ambas cámaras del Congreso, para convertirse en un Ciudadano Kane del siglo 21.


