Tres hechos ocurridos en una semana pusieron de manifiesto que el PAN atraviesa por una de las peores crisis de su historia.

El primero fue el pasado 24 de septiembre, cuando el presidente de la República se apersonó sorpresivamente en la asamblea extraordinaria del Consejo Político Nacional de Acción Nacional.

En su discurso, Felipe Calderón hizo un diagnóstico que podría deprimir hasta al panista más optimista.

Dijo que el panismo se ha corrompido, que sus militantes están desunidos, que hay traidores en sus filas y que sus dirigentes sólo pierden el tiempo haciendo gráficas en los pizarrones, en lugar de entrar en acción con la gente.

Que más les vale renovarse o morir.

El segundo evento ocurrió al día siguiente.

Ernesto Cordero, el candidato favorito de Calderón, acudió a la celebración de los 20 años de gobiernos panistas en Guanajuato. Fue abucheado.

 

Ernesto Cordero, Josefina Vázquez Mota

 

Y el tercero fue la burla que hizo el presidente del PRI al día siguiente del abucheo blanquiazul: “El PAN está haciendo sus encuestas ciudadanas, nosotros tenemos encuestas también, y siendo fríos y claros en las encuestas, nuestra competencia es con Andrés Manuel López Obrador, para ser claros y sinceros”.

¿Por qué los panistas tendrían que renovarse o morir, como dice Calderón?

¿Por qué abuchearon a uno de los suyos, Ernesto Cordero, como si se tratara de un enemigo político?

¿Por qué los candidatos albiazules van tan abajo en las encuestas, como dice Moreira?

Analicemos.

PRIMER ACTO
‘RENOVARSE O MORIR’

El presidente Felipe Calderón se apersonó en la reunión del Consejo Nacional del PAN del pasado 24 de septiembre.

En principio, nadie sabía a qué iba el presidente a esa asamblea. Pero los consejeros panistas no tardaron mucho en caer en la cuenta de que Felipe Calderón había ido a regañarlos, sino es que a culparlos anticipadamente de una probable derrota electoral.

Y es que el presidente hizo una serie de señalamientos que bien podían ser interpretados como un mea culpa por los errores cometidos. Tal vez por eso les dijo que era urgente una renovación ética de los panistas.

Pero Felipe Calderón no paró ahí. También hizo severas acusaciones contra la dirigencia del partido y contra todos aquellos militantes panistas que se han resistido a someterse a sus designios.

Ante la mirada atónita de los consejeros, Felipe Calderón, como si fuera un predicador cristiano, dijo: "El Partido Acción Nacional, que durante décadas ha representado los valores de honestidad y el ejercicio de la política con principios, ha sufrido también un enorme desgaste precisamente en ese perfil de identidad al paso del ejercicio del gobierno y de las prácticas partidistas.

"Es imprescindible que nos impongamos la decisión de reconstruir desde los cimientos, desde los fundamentos éticos, las convicciones y las reglas de comportamiento en la vida pública y personal que permitan que el partido pueda conservar y acrecentar una superioridad moral, ética, que le permitió no sólo sobrevivir, sino vencer al autoritarismo.

"Yo convoco al partido a que emprendamos una verdadera restauración de las premisas axiológicas, tan necesarias en política, y que le dieron razón de ser al Partido Acción Nacional.

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