El pasado 22 de noviembre, el senador Manlio Fabio Beltrones dio a conocer su decisión de no participar en el proceso interno del PRI por la candidatura presidencial.

Con esta acción algunos como Enrique Peña Nieto echaron las campanas al vuelo, porque la declinación de Beltrones “sin duda abona a este clima y a esta necesidad de fortalecer la unidad del partido”.

Pero lo cierto es que la declinación del Senador puso de manifiesto que la supuesta unidad al interior del tricolor está todavía muy lejos de convertirse en realidad.

Y es que antes de proclamar que los priistas han resuelto sus problemas de unidad con la declinación del sonorense, habría que analizar primero el “por qué” Beltrones decidió anunciar su decisión en la forma en que lo hizo, así como el “para qué” de su acción.

Analicemos.

LA CONJURA DEL RIESGO DE LA DERROTA

Si alguien siempre tuvo muy claro que hubiera sido casi imposible derrotar a Enrique Peña Nieto en la contienda interna de su partido, ese fue Manlio Fabio Beltrones. No es un ingenuo.

Y es que si bien es cierto que el sonorense fue granjeándose poco a poco las simpatías y hasta la admiración de una gran parte de las élites empresariales y políticas de México, también es verdad que nunca alcanzó una posición competitiva en las encuestas de opinión de las grandes mayorías.

El buen marketing político es algo que simplemente no se les dio a sus asesores de propaganda.

De ahí que, aunque la decisión no dejó de ser una noticia para algunos, lo que resultó realmente fascinante fue la forma en cómo lo hizo.

En unas cuantas horas Manlio Fabio desapareció de la batalla que seguramente perdería, para continuar estando tan presente y tan vigente como si la guerra apenas iniciara.

¿Cómo logró el sonorense alejarse de la contienda sin dar la impresión de que había sido derrotado?

La estrategia fue rigurosamente planeada, sorpesiva y oportuna.

El senador cuidó que no hubiera ningún margen para que el adversario lo denostara. Su declinación sólo podría ser interpretada como una generosa aportación al triunfo de su partido en el 2012, y no como una vergonzante rendición frente al enemigo.

Su manifiesto al ser pronunciado sin reflejar la más minima emoción, pareció una especie de ultimátum críptico para disuadir al adversario de que lo que más les conviene a todos es celebrar un armisticio en el que no haya vencedores o vencidos.

UNIDAD, ¿PARA QUÉ?

Mientras que los precandidatos de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard, no regatearon en elogios mutuos al hacer público el nombre del candidato, en el tricolor las cosas fueron muy diferentes.

Para empezar, el anuncio del senador Beltrones –además de unilateral– fue mas frío que un témpano de hielo.

No sólo careció de cualquier elogio para exaltar la persona del ex gobernador Peña Nieto, sino que en el texto del manifiesto ni siquiera apareció su nombre.

Y en lugar de que la declinación de Beltrones abonara “a este clima y a esta necesidad de fortalecer la unidad del partido” –como lo han querido interpretar muchos incluido el propio Peña Nieto– del análisis del desplegado se desprende todo lo contrario.

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