Dos reporteras de la revista Contralínea fueron asesinadas con lujo de violencia en la Ciudad de México.
Los cuerpos de Marcela Yarce Viveros y Rocío González Trápaga fueron localizados la mañana de este jueves primero de septiembre. Fueron abandonados en un parque, en las inmediaciones del Panteón de San Nicolás Tolentino, en la Delegación Iztapalapa de la Ciudad de México. Estaban desnudas, atadas de manos y con una soga en el cuello.
En entrevista con Reporte Indigo, Miguel Badillo, director de Contralínea, expresó su consternación por la saña con que ambas mujeres fueron asesinadas.
Dijo que las dos periodistas trabajaban para el área comercial de la revista. Yarce no estaba reporteando, sino que estaba asignada al área comercial, donde González Trápaga la apoyaba.
“Rocío apoyaba en la parte comercial, físicamente no tenía oficina, aunque Marcela sí ocupaba un espacio aquí”, explicó Badillo.
El miércoles por la noche, Marcela Yarce terminó sus actividades alrededor de las 21 horas y se despidió de sus compañeros. Una hora después, el subdirector de la revista habló con ella para ajustar los detalles de una junta que tendrían al día siguiente al mediodía.
Sin embargo, explicó el directivo, desde las primeras horas del jueves, las familias de ambas reporteras contactaron a compañeros de Contralínea para avisar que no habían llegado a dormir a sus domicilios.
Ante tal situación, familiares de las comunicadoras y personal de la revista acudieron a la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) para denunciar su desaparición.
Además de la denuncia, “hablamos con Marcelo Ebrard, con el procurador (Miguel Ángel Mancera) y con el subprocurador del caso”, explicó Badillo.
Por la tarde, cuando las autoridades del gobierno capitalino confirmaron la identidad de los cuerpos encontrados en Iztapalapa, se hizo pública la versión de que el móvil del crimen pudo haber sido un robo.
De acuerdo con esta versión –que el director de Contralínea dijo desconocer–, una de las reporteras, Rocío González, quien había trabajado anteriormente para Televisa, era propietaria de una casa de cambio en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. De ahí habría retirado el miércoles pasado una fuerte suma de dinero. Miguel Badillo evitó formular hipótesis en torno al homicidio de sus colaboradoras.
“No quiero especular en torno a esto. Hemos estado acosados, demandados. Han robado nuestras oficinas, todos saben que hemos tenido problemas por hablar en nuestra revista de la corrupción gubernamental y complicidad con el sector privado, lo que ha ocasionado un disgusto en varios sectores, públicos y privados”.
Vía telefónica, desde las oficinas donde atendía llamadas de colegas, amigos y familiares, agregó:
“En la revista hemos estado en permanente acoso. Hay un veto publicitario hacia nosotros por parte del gobierno de Felipe Calderón”.
La noche de este 1 de septiembre, los cuerpos de ambas reporteras fueron trasladados a las instalaciones del Servicio Médico Forense (Semefo), en la Colonia Doctores, para efectuar la autopsia de ley.
Miguel Badillo informó que una vez que las autoridades capitalinas entregaran los cuerpos a sus familiares, ambos serían velados en la agencia funeraria de Félix Cuevas, en la Delegación Benito Juárez.
Afligido por la muerte de sus colaboradoras, Badillo lamentó que la Ciudad de México, que se había mantenido como una especie de isla en medio del mar de violencia que azota al país, haya sido alcanzada por la ola criminal.


