“La culpa, querido Bruto, no es de las estrellas,
sino de nosotros mismos, que consentimos en ser inferiores”.

Shakespeare en “Julio César”

Contra la increíble versión oficial de que un experimentado piloto militar de la Presidencia entró a un banco de niebla a velocidad crucero –245 kilómetros por hora– en un vuelo visual y en una zona montañosa, se han planteado nuevos cuestionamientos. Y ya se habla de un posible atentado.

 

Francisco Blake

 

¿Cómo se puede explicar que no haya rastros de fuego, ni en el aparato, ni en la yerba donde cayó el helicóptero?

¿Por qué el helicóptero no se incendió al estrellarse?

¿Cómo es posible que los cinco tanques de combustible estuvieran vacíos si apenas habían transcurrido unos minutos después del despegue?

A una semana de ocurrida la tragedia en la que murieron el secretario de Gobernación, José Francisco Blake Mora, y siete personas más, hay razones suficientes para considerar el sabotaje.

Porque, además de los cuestionamientos a las tesis gubernamentales que sostienen que fue un accidente, hay un hecho irrefutable.

En los últimos seis años, es el tercer caso de un secretario de Estado que pierde la vida al desplomarse la aeronave en que viaja y en condiciones por demás extrañas.

Desde que el presidente Francisco I. Madero se subió a un avión –el 16 de noviembre de 1911– hasta el 21 de septiembre de 2005, cuando murió el secretario de Seguridad Pública Ramón Martín Huerta, no había ocurrido una tragedia semejante.

Entonces, ¿por qué no cabe la sospecha de que las muertes de tres secretarios en percances aéreos no son sólo producto de la “mala suerte”?

Ramón Martín fue el primer secretario que tuvo una muerte trágica. El helicóptero Bell en que viajaba cayó a tierra el 21 de septiembre de 2005.

El amigo de Vicente Fox nunca pudo llegar al penal de alta seguridad de La Palma (antes Almoloya).

El segundo fue el secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño. La tarde del 4 de noviembre de 2008, el LearJeat 45 que lo transportaba a la Ciudad de México se desplomó a unos metros de Los Pinos.

Y el último fue el secretario de Gobernación José Francisco Blake Mora, quien falleció el pasado 11 de noviembre.

Sin tener la certeza necesaria para asegurar que la tragedia se debió a un accidente o a un atentado, vale la pena analizar lo que se ha venido argumentando para confirmar el dicho inicial de que "todo apunta a que se trató de un accidente".

Analicemos.

‘TODO APUNTA A UN ACCIDENTE’

Desde las primeras horas, el Gobierno Federal se apresuró a establecer la hipótesis de que la presencia de nubosidad en la ruta había sido la causa principal de lo que parecía ser un accidente aéreo.

A tan sólo seis horas del desplome, el presidente Felipe Calderón, en conferencia de prensa, dijo que “las condiciones de nubosidad que prevalecían, precisamente a esa hora, en el trayecto que el secretario recorrería rumbo a Cuernavaca, a un evento con servidores públicos de procuración y administración de justicia de los estados, hacen pensar, ciertamente, en la probabilidad de un accidente”.

La misma hipótesis fue refrendada por las autoridades de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT).

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