Enrique Gánem - Dr. Atomic
17/12/2008 - 1 comentarioEn el mes de noviembre de este año, fue presentada por primera vez en
México la ópera titulada "Dr. Atomic", del multipremiado compositor
estadounidense John Coolidge Adams.
"Dr Atomic" trata sobre la
vida de una de las personas que más influencia tuvieron en la
estructura social y económica del mundo en el siglo XX.
Julius Robert Oppenheimer nació el 22 de abril de 1904. Su padre se dedicaba a la importación de telas, y ganó mucho dinero. Su madre era pintora, y tenía una cultura muy amplia. Probablemente por eso la lista de temas que mantuvieron su atención es casi interminable: matemáticas, ciencia, literatura francesa, el idioma griego, la psicoterapia, literatura oriental (leía el Bhagavad Gita en el sánscrito original), etc.
En 1926 entró en la universidad alemana de Göttingen. Ahí, su talento técnico y su don de gentes le permitieron formar un círculo de amistades legendarias, como Werner Heisenberg (formulador del célebre principio de incertidumbre, en el que se basa la Mecánica Cuántica), y otros científicos igualmente célebres como Wolgang Pauli, Paul Dirac y Enrico Fermi.
En 1940, en uno de los círculos de intelectuales, Oppenheimer conoció a Katherine Puening Harrington. Esta formidable dama era la viuda de Joe Dallet, activista político, que murió en batalla durante la Guerra Civil Española. Puening entonces se casó con un médico de California, pero al conocer a Oppenheimer decidió divorciarse para poder unirse al físico. El activismo político de Puening contrastaba con su parentela (era prima segunda de Wilhelm Keitel, el militar de más alto rango en el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial; fue enjuiciado en Nüremberg junto con los nazis de más alto rango, y fue ejecutado). En cualquier caso, sea por su interés activo en el comunismo, o por su familia, Puening se convirtió en uno de los motivos para que el FBI se interesara en Oppenheimer.
Para rematar, el hermano de Robert, Frank, su cuñada y hasta su amante Jean Tatlock eran comunistas activos (ella murió en el mes de Julio de 1944, aparentemente se suicidó, aunque algunos piensan que la preocupación que provocaba su influencia en Oppenheimer podría haber impulsado a los servicios secretos americanos a tomar medidas drásticas).
En 1942, cuando casi todas las noticias sobre la guerra eran malas en los Estados Unidos, el general Leslie Groves fue seleccionado para desarrollar un proyecto ultrasecreto, que tenía como objetivo fabricar la primera bomba atómica.
Para ese entonces, Oppenheimer era reconocido como el nuevo padre de la física teórica en los Estados Unidos; además de sus excelentes y variados trabajos en campos como la astronomía, la física nuclear e incluso la mecánica cuántica, con sus estudiantes siempre era amable, paciente y notablemente comprensivo; podía además explicar hasta las ideas más complejas con una claridad fascinante. A diferencia de muchos científicos, Oppenheimer sabía hablar de casi cualquier tema con inteligencia y buen humor, y sabía cuando no debía decir ciertas cosas.
Estos talentos, tanto el técnico como el social, hicieron que Groves pensara inmediatamente en él para dirigir el Proyecto Manhattan, a pesar de las objeciones del FBI; más tarde, Groves diría que fue una de las decisiones más acertadas de toda su vida.
En los años que siguieron, Oppenheimer tuvo que usar todo su talento; además de resolver complejos problemas teóricos, se convirtió en un administrador formidable. Esta insospechada capacidad como administrador permitió que la bomba nuclear, que sólo existía en novelas de ciencia-ficción en 1939, se convirtiera en el factor más importante en la configuración de la estructura política y económica del mundo actual.
La extraña e imposible amistad entre el fuerte y duro militar, y el frágil y tranquilo académico, produjeron el arma más destructiva de toda la historia. Esto sería tema suficiente para una ópera, pero falta más.
Al final de la guerra, Oppenheimer fue nombrado presidente de la nueva Comisión de Energía Atómica; esta agencia civil estaba dedicada a controlar el desarrollo de cualquier tecnología que dependiera de la manipulación del núcleo de los átomos. Además, el presidente Truman lo nombró miembro del comité de asesores que apoyaba a la Comisión Atómica de las Naciones Unidas; gracias en buena parte a sus esfuerzos, fue redactado el Reporte sobre el Control Internacional de la Energía Atómica. Este reporte sirvió como base para la creación del primer organismo internacional para el control de las armas nucleares; sin una organización así, la civilización se habría acabado a principios de la década de los 60s, cuando ocurrieron varias crisis que casi dispararon una guerra nuclear total. En retrospectiva, esto le habría valido ser cuando menos candidato al Premio Nobel de la Paz (una de las muchas paradojas de la vida de Oppenheimer; el gran constructor de la bomba atómica ayudó a evitar nuevas guerras).
A lo largo de su trabajo, Oppenheimer acumuló una gran cantidad de enemigos gratuitos, sobre todo durante su trabajo en Los Álamos; muchos se creían con la capacidad suficiente como para hacerlo mejor. Como Oppenheimer se opuso inicialmente al desarrollo de la bomba de hidrógeno (que es miles de veces más poderosa que la que destruyó a Hiroshima), algunos personajes como Edward Teller (el padre de la bomba de hidrógeno) comenzaron a crear una peligrosa fantasía; Oppenheimer era, en realidad, un comunista que buscaba la manera de detener un poco el enorme progreso militar americano, para permitirle a los rusos primero alcanzarlos, y luego tomar la delantera.
Cuando el senador Joseph Raymond McCarthy comenzó la infame cacería de comunistas en la década de los 50s, muchos artistas, científicos, periodistas, y en general, cualquier persona que pensara y se comportara de manera diferente a la "normal", tuvieron que enfrentar las preguntas de ese comité; muchos perdieron su trabajo definitivamente, y otros fueron encarcelados. Algunos individuos, incluso varios famosos como Walt Disney y Ronald Reagan, ofrecieron nombres de personas "sospechosas de comunismo" al comité para salvarse, o para tratar de deshacerse de sus rivales. Era inevitable que Oppenheimer fuera obligado a enfrentarlo.
La presentación de Oppenheimer fue desafortunada; la tensión nerviosa acumulada por años, lo ridículo de las acusaciones, y la repentina aparición pública de muchos enemigos desconocidos, le destrozaron los nervios. Sus declaraciones fueron inconsistentes y vacilantes. Al final, fue humillado públicamente, perdió su trabajo, y a casi todas sus amistades.
Oppenheimer murió en 1967, a los 62 años de cáncer de pulmón. Los últimos años los pasó cerca de su esposa, que supo de sus aventuras con Tatlock. Su imagen pública nunca se recuperó; para muchos, sigue siendo uno de los "monstruos" que querían acabar con la humanidad.
La vida de Oppenheimer fue trágica y llena de paradojas. Su enorme y variado talento de primer nivel siempre ocupó un segundo lugar en el mundo de la física. Por otra parte, y a pesar de sus convicciones pacifistas, desarrolló el arma más terrible de toda la historia, para tratar de detener al gobierno más terrible de toda la historia; las circunstancias del mundo, y su talento, lo convirtieron en cómplice de un enorme asesinato masivo (y casi en la destrucción de todo el mundo civilizado en 1962, durante la crisis de los cohetes en Cuba).
La última ironía de la vida de Oppenheimer tiene que ver con la astrofísica. En 1939, Oppenheimer y uno de sus estudiantes, George Michael Volkoff, determinaron que si una estrella tiene una masa superior a un cierto límite, inevitablemente formará un pozo negro (recuerde que ya le hablé de ellos, y que puede ver fácilmente todos los números anteriores de Índigo). Como era imposible demostrar la existencia de los pozos negros en aquella época, nadie, ni siquiera él mismo, le dio importancia a este trabajo. Cuando se confirmó su existencia en 1971, la perspectiva sobre este trabajo cambió. Muchos físicos piensan que, de estar vivo, recibiría el Premio Nobel de Física, lo único que le faltaba para estar completamente a gusto entre sus amigos (la mayoría habían recibido esa distinción para la década de los 60s).
La vida de Oppenheimer habría pasado desapercibida para el gran público de no haberse involucrado en el desarrollo del arma más terrible de toda la historia; por primera vez, se hacía posible destruir todo el mundo.
No es de extrañarse que, tanto por la importancia del trabajo como por su compleja personalidad, Oppenheimer sea el científico más representado en obras artísticas modernas de todo tipo.
