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¿'Workaholics' o deprimidos?

La depresión masculina es más difícil de detectar. Aunque comparte algunos síntomas con la de las mujeres, factores socioculturales influyen para que se oculten detrás del trabajo, adicciones o una irratibilidad aparentemente inexplicable

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Si llegamos a recibir una invitación para asistir a una conferencia sobre depresión, lo primero que se nos vendría a la mente sería la imagen de un especialista del sexo femenino, frente a un auditorio repleto de mujeres.

Pensamos que son ellas quienes tienden a ser “presa fácil” de un estado depresivo, quienes flaquean con mayor frecuencia, las más vulnerables emocionalmente, las más proclives a dejar “caer” su estado de ánimo. 

La investigación en la epidemiología de los desórdenes psiquiátricos ha demostrado que las mujeres tienen el doble de riesgo de desarrollar un trastorno depresivo que los hombres.

Según la última Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica de 2003, en México un 4.5 por ciento de mujeres y un 2 por ciento de hombres sufren de depresión.

Esto obedece a cuestiones tanto biológicas, como factores socioculturales, además de que los síntomas de las mujeres cubren los diagnósticos clínicos de los sistemas de clasificación internacionales de depresión, señala en entrevista para Reporte Indigo, Clara Fleiz Bautista, doctora en Psicología Social por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Pero la depresión per se no hace una discriminación de género. La depresión masculina es un padecimiento real que no necesariamente se manifiesta según su definición estándar, ni “respeta” su sintomatología clásica, como suele suceder en el caso de los cuadros clínicos de las mujeres.

Para que la depresión pueda considerarse una condición médica, el individuo debe presentar una serie de síntomas como estado de ánimo decaído, pérdida de interés o placer en las actividades, falta de energía, cambios en el apetito, entre otros, la mayor parte del tiempo, casi todos los días, durante un periodo de dos semanas.

Son síntomas clásicos de la depresión que pueden desarrollarse tanto en hombres como en mujeres, comenta Fleiz, quien participó en un estudio del INPRF (Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente) en el que se realizaron entrevistas a profundidad a hombres de entre 30 y 50 años con y sin diagnóstico de depresión, para investigar cómo reconocen, enfrentan y manifiestan los estados depresivos.

De acuerdo a los hallazgos de su investigación de carácter cualitativo, la especialista comenta que los hombres “(…) cumplen menos con estos criterios (…)”, pues su manera de enfrentar este trastorno médico es distinta a la del sexo femenino.

“(…) además, muchas veces (los hombres) siguen funcionando aún cuando se sientan mal”, apunta Fleiz, debido a su rol como proveedores económicos y protectores del hogar, por ejemplo, no se permiten “fracasar”, ser vistos como “débiles” o “vulnerables” ante los ojos de los demás.

Y gran parte de esta diferencia en la manera de enfrentar la depresión, tiene que ver con cuestiones culturales, dice Fleiz. 

Por ejemplo, mientras que las mujeres con depresión deciden buscar ayuda en redes sociales de apoyo (familia, amistades) que son relevantes en su vida, señala Fleiz, los hombres tienden a aislarse o a ver en el alcohol o en el consumo de otras sustancias su “sesión de terapia”.

Otros hombres con depresión se refugian en ellos mismos o en el trabajo y hacen del mismo su adicción o, en los casos más graves, llegan al suicidio.

A diferencia de las mujeres con un trastorno depresivo que hacen evidente su tristeza y comúnmente se quejan de baja autoestima o tienen sentimientos de culpa, el hombre con depresión, que tiende a quejarse de problemas de sueño, dolores musculares y fatiga, “oculta” su desánimo en una “irritabilidad asociada”.

Una manifestación “muy común” en los hombres, destaca Fleiz, que los hace estar constantemente molestos o enojados, sin percatarse siquiera de que quizá estén deprimidos.

Las grandes 'pérdidas' 

En las entrevistas realizadas al grupo de hombres con diagnóstico de depresión, la doctora Fleiz tuvo oportunidad de conocer de primera mano cuáles fueron las razones o situaciones que los llevaron a “caer” en un estado depresivo y, por ende, a decidirse a buscar tratamiento.

Les resulta difícil asistir a los servicios de tratamiento o convencerse de que en realidad necesitan ayuda, dice Fleiz.

Entre los hallazgos que resultaron ser consistentes a lo largo de las entrevistas, Fleiz destaca un conjunto de “pérdidas” que reportaron los hombres como fuentes de su depresión: pareja, salud, empleo y abuso sexual.

Y son pérdidas que perjudican la imagen que el hombre tiene de su masculinidad.

Por ejemplo, entre quienes mencionaron haber perdido la salud a causa de alguna enfermedad crónica, adicciones a sustancias o por haber sufrido algún accidente, Fleiz encontró que el hecho de hacerse testigos del deterioro físico de su cuerpo constituyó el “detonante” de su depresión.

Y es que “culturalmente, se les enseña a los hombres a tener un cuerpo fuerte, sano, estético o musculoso, también que su cuerpo debe ser una máquina que resista a las enfermedades (…), un instrumento que responda ante las riñas (…), que aguante, que resista (…)”, comenta.

Fleiz comparte el testimonio de un hombre que a raíz de una lesión de corazón, sufrió una serie de “golpes” a nivel personal cuando estuvo en el hospital, donde tomó conciencia de la magnitud de la operación y el estado de su salud física, la antesala de su malestar depresivo:

“(…) ves que te cuelga una bolsa de agua, una sonda, te ves lleno de cables (…); el cardiólogo me dijo, ‘olvídate de tener una vida normal, tu corazón está dañado, no puedes tener sustos, no puedes tener sexualidad, olvídate del deporte’”.  

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