Todos tenemos historias con Paul McCartney. Yo lo conozco de toda la vida. Es casi como un amigo. Estoy seguro que, si tienes un corazón y un oído musical, también ha sido amigo tuyo.
Paul McCartney siempre ha sido mi Beatle favorito y reconozco que tengo el prejuicio –tonto– de creer que quienes dicen lo contrario, se quieren hacer los interesantes.
La primera vez que mis oídos escucharon su voz, el cometa Halley estaba en el cielo y yo todavía estaba en la cuna cuando mi familia me arrullaba con "We All Stand Together", conocida también como “La canción de las ranitas”, escrita para el corto animado "Rupert and the Frog Song". No me podía dormir sin escucharla, tanto, que mi papá tuvo que grabar un casete con la canción en loop eterno.
Desde entonces su música me ha marcado. Sinceramente envidio a mi hermano porque cumple años el mismo día que Paul. Yo solo comparto fecha de nacimiento con Yuri y ella nunca ha escrito nada que se le acerque a “Band on the Run”.
El mejor concierto que he visto fue uno suyo, en un atascado Anfield Stadium para celebrar a Liverpool como la “Ciudad Europea de la Cultura” en 2008.
Muy probablemente también tienes tus historias con Paul, quien llega a los 70 años con la dignidad intacta. Un enorme logro para una leyenda.
Paul a los 70
En el camino a los setenta, ha perdido de todo. Compañeros (John y George), una esposa (Linda), su propia vida (la leyenda urbana "Paul Is Dead"), la propiedad de sus canciones (Michael Jackson) y un montón de dinero (Heather Mills), pero sigue adelante.
A McCartney le ha tocado lo más difícil: sobrevivir a los demás Beatles. Es políticamente incorrecto decirlo, pero es más fácil morir y ser un ícono. Es más complicado envejecer con gracia y Paul se ha repuesto a la fase en la que lo consideraban el cursi de la década de los 80 para ser respetado por toda la industria musical.
Este octubre se cumple el cincuenta aniversario de “Love Me Do”, el sencillo que lo comenzó todo. Él es –lo siento Ringo– quien mantiene viva la magia de The Beatles.
McCartney en 2012
No ha sido un mal año para cumplir 70. En lo que va de 2012, McCartney ha lanzado un disco, clausurado la ceremonia de los Grammy a lado de Bruce Springsteen y Dave Grohl; ha atiborrado en la misma semana el Omni Life, el Estadio Azteca y al Zócalo de la Ciudad de México, al que puso a cantar “Ob-la-Di Ob-la-Da” con Mariachi y ha tocado en el Concierto del Jubileo de Diamante de la Reina Isabel II, 50 años de cuyo reinado Paul ha sido un referente británico.
Por si fuera poco, a finales de junio será el artista principal de la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Cualquier aprehensión de los británicos sobre su capacidad de tener una ceremonia a la altura de la de Beijing 2008, debe disiparse.
China no tiene a Paul McCartney. Mil chinos tocando el tambor en perfecto unísono no son rival. Un simple “Hey Jude…” que salga de su boca es suficiente para que el sonido marcial sea irrelevante. El show se convertirá en el momento en el que Paul se enfrente a su audiencia global más grande de todos los tiempos y la confirmación de que, por la música de The Beatles, todos queremos ser un poco ingleses. Nada mal para un septuagenario.
En perspectiva
Para poner en perspectiva a Paul McCartney, juguemos a buscar su equivalente en otros campos dado el impacto de su obra.
En literatura, el símil de Paul sería Shakespeare, ambos creadores prolíficos de trabajos que se han convertido en parte del consciente colectivo. En ciencia, no estaría mal poner sus logros como equivalentes a los de Albert Einstein, ambos creadores de una fórmula nueva para entender sus respectivos campos, la teoría de la relatividad para Albert, el álbum como concepto integrador en el caso de Paul con “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”.
En economía, McCartney sería Adam Smith y Muhammad Yunus hechos uno, al mismo tiempo impulsor de una visión moderna de su trabajo y creador de algo para uso de las masas sin importar su condición.
Si fuera deportista, sería la leyenda de tu deporte favorito. Jordan, Pelé, Senna, Federer.
En música no suena descabellado ponerlo junto a Beethoven, Mozart y Chaikovski. Una persona promedio en el mundo puede silbar más melodías con el sello Lennon-McCartney que las de esos tres compositores clásicos juntos. Además, estoy dispuesto a debatir el valor de “La Quinta Sinfonía” versus la mini suite que cierra Abbey Road.
Su música influyó a músicos de épocas variadas, The Beatles le abrió nuevos caminos al rock e impulsó a que toda una generación se dejara crecer el pelo, y más importante aún, los inspiro a tomar una guitarra. Sin Paul y compañía no habría ese boom de grandes bandas de rock de los 70.
La llegada del Britpop y la idea de “Cool Britannia” de los 90, que creó las épicas canciones de Oasis, Blur y Pulp, tienen una deuda enorme con McCartney y lo que hizo con sus compañeros en los 60.
Somos afortunados de vivir en la misma época de McCartney. No importa si te tocó la euforia de los 60, su época de Wings, su resurgimiento musical con el nuevo siglo o todas ellas.
La edad sobre la que cantaba Paul en “When I’m sixty-four” ha quedado atrás, pero la voz de McCartney continuará joven mientras exista gente dispuesta a escucharlos.
Sé que yo lo seguiré haciendo cuando el cometa Halley pase de nuevo en el 2061.
La conexión McCartney
Esta es la red de artistas de seis diferentes décadas que de alguna manera están conectadas con el hombre de Liverpool
Década '50
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El Rey grabó su versión de “Yesterday”, uno de los 2 mil 200 artistas en hacerlo.








