Para muchos, Steve Jobs era una especie de dios de la tecnología, la innovación y los gadgets que cambian vidas e industrias. Y cuando decimos muchos, hablamos en los cientos de millones.

Basta ver el revuelo que causó en Twitter la noticia de su muerte: según la empresa de monitoreo de redes sociales SR7, se redactaron aproximadamente 10 mil tweets por segundo. La muerte de Jobs se convirtió en el evento con el mayor número de reacciones en la historia de Twitter. Desde Marco Antonio Solís hasta Barack Obama, parecía que todos tenían algo qué decir sobre su muerte la tarde del miércoles 5 de octubre.
A partir de que se masificó el uso de computadoras personales y se expandió la cantidad de usuarios de Internet en la segunda mitad de la década de los 90, Steve Jobs se hizo camino para ser la figura central de la vanguardia tecnológica como CEO de Apple. Pero el camino no fue fácil.
Jobs fue despedido en 1985 de esa compañía, pero regresó de manera triunfal en 1996-1997 para rescatar a la empresa que para entonces se encontraba en desventaja ante los productos que Dell, Gateway, IBM y Compaq estaban lanzando en el mercado de las computadoras.
En perspectiva, Steve Jobs dijo años después que haber sido despedido fue lo mejor que le pudo haber pasado: “La pesadez de ser exitoso fue reemplazada por la ligereza de ser un principiante otra vez, menos seguro de todo. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida”.
A partir de 1998, todo fue cuesta arriba. Apple entró en una era de ganancias sin comparación. Quizá se trate de uno de los regresos más espectaculares en el mundo de los negocios: 1998 marca el año cero de Apple, a.S.J. (antes de Steve Jobs) y d.S.J. (después de Steve Jobs).
Nadie en Silicon Valley podía igualar, mucho menos superar, su carisma para presentar nuevos productos y mejoras de servicio en los eventos conocidos como “keynotes” o conferencias. Si alguien podía entusiasmar a las masas con productos innovadores, era él.
The Economist recientemente le dedicó una portada con un titular perfecto: “Steve Jobs: El Mago”. Y no solo eso, el semanario dice que “su sentido de la teatralidad convirtió a muchos lanzamientos de productos de Apple en una especie de experiencias cuasi-religiosas”. Los que llegamos a seguir las crónicas de las conferencias en tiempo real a través de blogs, sabemos que esto es verdad.
Pero los productos no cambian patrones de consumo ni se venden solo con un excelente carisma y una imagen hip (jeans, tenis y cuellos de tortuga). La gran ventaja de Apple es que tenía en Jobs no solo a un efectivo e innovador CEO, sino al diseñador de productos más influyente de nuestra era.
Minimalismo, simpleza, efectividad, la limpieza en el diseño ante todo. El sentido de la estética y el estilo de Jobs marcaron la pauta en el diseño de gadgets de la década pasada. Menos siempre fue más para Apple, y Jobs tuvo la visión para fundir el mundo de la computación con el diseño como nadie lo había hecho.


