Por C.P.C. y M.I. Jose Mario Rizo Rivas

Si quieres ser rico, primero debes saber y definir qué es ser rico para ti mismo y qué implicaciones tiene para tu vida. Sobre todo, debes saber cómo manejar el dinero y tener conciencia de cómo manejas tus recursos, cuántos activos obtienes constantemente y cuánto te queda para que lo puedas heredar a tu descendencia.

Pregúntate: ¿Qué es para ti la riqueza? ¿Estás contento con lo tienes y con lo que has logrado? ¿Has utilizado todos los talentos y capacidades que se te han dado? ¿Eres feliz? ¿Qué te hace falta?

Alguna vez me planteé estas preguntas y me puse a pensar en ellas durante un tiempo intentando responderlas. Como resultado de estas reflexiones, obtuve mi definición personal de riqueza, la cual quisiera compartir hoy con ustedes independientemente de que cada uno tenga su propio concepto.

El objetivo es que todos nos preguntemos si aquello que estamos siguiendo es la verdadera riqueza.

Estar contentos con lo que tenemos, es ser ricos. Hay quienes son felices en la adversidad y quienes son desgraciados en medio de las riquezas. Todo depende de la actitud con que soportamos desgracias y del modo que utilizamos las riquezas.

Así que el bienestar no proviene de las muchas riquezas, sino de las pocas necesidades. Piénsalo.

Cuando compramos una mascota y nos informamos de lo que necesita, encontramos que sus necesidades son realmente pocas. Si le damos más de lo que es necesario, enferma y muere. ¿Por qué no aplicamos este principio básico a nosotros mismos?

He pensado que jamás estimamos las ventajas de una vida sencilla. Me refiero a que para determinar la posibilidad de vivir, fijamos el mínimo de nuestras rentas, honorarios o salario, y estimamos que es imposible vivir con un ingreso menor.

Muchos han llegado hasta el suicidio porque creen insuficientes sus recursos materiales para vivir. Y ese mínimo que causó su desesperación, pudo haber sido suficiente para contentar a muchas personas de pretensiones más simples.

Creo entonces, que si existe algún rico que viva contento, es porque ha aprendido a estar contento, no por ser rico.

Sin duda que el dinero puede contribuir para que alcancemos alguna dicha, pero es por esta razón que solo debemos considerarlo como un medio y no como un fin.

Por eso vemos como un error muy frecuente el querer acumular el dinero de modo tal que para obtenerlo agotemos nuestra vida.

Sin duda, el hombre que trabaja y se afana sin descanso durante los mejores años de su vida, con la esperanza de reunir suficiente dinero para retirarse de los negocios y hacer de sus últimos años un eterno día de fiesta, quizá descanse hasta el sepulcro, al que bajará prematuramente. La naturaleza no puede ser forzada impunemente.

La riqueza no se trata de gastar nuestra vida movidos por estímulos ambiciosos, lo que es una tarea vana, ya que agotamos nuestros cuerpos por exceso de trabajo, por dormir poco, por comer mal, y por no procurar hacer actividades para mantenerlo saludable.

Por eso, únicamente debemos buscar el dinero que podamos disfrutar, pues aunque fuéramos mil veces más ricos no podríamos multiplicar en igual proporción nuestras necesidades, nuestros placeres, ni nuestro tiempo.

Además, debemos estar conscientes que con el dinero no podríamos adquirir talento, afectos, salud, vida, ni tantas otras cosas que deseamos y que nos producen satisfacción y felicidad.

La imaginación

Lo que nos hace felices o desgraciados no es la riqueza ni la miseria, sino la imaginación. La pobreza tiende a promover el éxito; la riqueza, todo lo contrario. Quien lo dude, que se fije en los que han crecido siendo ricos y qué multitud de ellos han caído, y cuántos han alcanzado éxito a pesar de su pobreza.

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