Piensa #184 - Problemas profundos

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Problemas profundos

Cualquiera creería que un submarino podría arreglar la tragedia del derrame en el Golfo de México, pero debido a deficiencias tecnológicas aún no hay sumergibles capaces de alcanzar la profundidad a la que se encuentra el pozo.

Por Enrique Ganem 23/06/2010 - 0 comentarios Categoría: Ciencia

Cuando las computadoras se hicieron populares, al principio de los 60, todos pensaron que en 10 años cambiarían al mundo.

Eso realmente ocurrió, pero no como lo imaginamos. Por otra parte, las computadoras más sencillas de 1970 eran mucho más poderosas que los mejores equipos de 1960.

Esa tendencia siguió en las décadas siguientes. 

A pesar de esto, las computadoras aún no pueden diagnosticar enfermedades (todavía no ocupan el lugar de los médicos) ni pueden sostener una conversación decente y esto ha ocurrido porque los entusiastas ingenieros que predijeron la existencia de estas aplicaciones nunca midieron correctamente el verdadero tamaño de lo que querían hacer.

Algo similar ha ocurrido con la explotación de las riquezas del fondo del mar. El desarrollo de los minisubmarinos, después de la Segunda Guerra Mundial, fue mucho menos sonado que el de las naves espaciales. 

Para conquistar la Luna, solo basta con salir del fuerte campo gravitatorio terrestre. Una vez en el espacio, resulta facilísimo (relativamente hablando) diseñar y construir una máquina que mantenga vivos a unos cuantos tripulantes por unos cuantos días.

El módulo lunar era tan delgado, que si un técnico dejaba caer un destornillador, éste podría perforar su delgada piel; en algunos lugares apenas dos veces más gruesa que las hojas de papel aluminio de cocina.

En contraste, el “Trieste”, la primera y única nave en llegar a la región más profunda conocida del océano, en 1960, debió ser construido con una gruesa esfera de titanio y ventanas reforzadas de plexiglas (más resistente que el vidrio) para soportar la tremenda presión. 

De haberse abierto una grieta más delgada que un cabello humano, la terrible presión habría producido un chorro de agua tan potente, que habría cortado en dos inmediatamente a cualquier persona que encontrara en su camino.

La presión no es el único problema que debe enfrentar el diseñador de máquinas submarinas de precisión. 

La corrosión puede afectar a casi cualquier material, a veces en forma invisible. Una pinza puede parecer sólida, hasta que trata uno de apretar una tuerca; entonces estalla en pedazos. 

Resulta muy difícil diseñar sistemas eléctricos que puedan evitar la entrada de agua salada en su interior bajo la tremenda presión; a veces basta con una sola gota para producir un desastre. 

La lista de problemas que puede generar el océano sigue y sigue y está incompleta. 

Aún ahora hay sorpresas desagradables producidas por la curiosa forma en la que ciertos materiales se comportan bajo la terrible presión y baja temperatura que existe en el fondo de los mares. Por eso el desarrollo de los minisubmarinos ha sido excepcionalmente lento.

El reciente descalabro de la industria petrolera en el Golfo de México es un buen ejemplo de estas sorpresas. 

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