Helen Thomas era la periodista que más años llevaba en la Casa Blanca. Interrogó a todos sus inquilinos desde 1960, de John F. Kennedy a Barack Obama. Un polémico comentario suyo, en favor de Palestina, terminó con su carrera. A sus 90 años, abandona su mítica butaca en la primera fila de la sala de prensa.
Intentó tener en mente, durante su larga carrera profesional en el periodismo, que uno vale lo que vale su última historia. En su caso, esa última historia ha resultado ser sobre ella misma.
Más de medio siglo de distinguido servicio al mejor reporterismo de Estados Unidos oscurecido por una frase. No cualquier frase. Una que no se ha perdonado, pero que está garantizada constitucionalmente por el derecho a la libertad de expresión.
“Que se larguen de Palestina” fue la respuesta que la anciana dio a un rabino que le preguntó, cámara en mano, por su punto de vista sobre la situación en Israel. “¿Algún otro comentario?”, insistió el improvisado reportero, que asistía a la Casa Blanca el pasado 27 de mayo con motivo de la celebración del Mes de la Herencia Judía junto a su hijo adolescente y un amigo de este, ambos tocados por la kipá judía.
“Recuerde, esa gente (los palestinos) vive una ocupación en su propia tierra. No es ni Alemania ni Polonia. Los judíos deberían irse a su casa”, declaró Thomas. “¿Cuál es su casa?”, quiso saber el rabino David Nesenoff, que posee una página Web llamada Rabbilive.com. “Polonia, Alemania, América o cualquier otro sitio”, finalizó Thomas.
Después de eso todo cambió. Thomas es ¿era? una autoridad en Washington, en la prensa y en la Casa Blanca. Pero en el actual escenario de los medios de comunicación, funcionando en ciclos de 24 horas siete días a la semana, su polémica opinión se esparció como la pólvora.
Thomas fue víctima de la misma lengua ácida con la que expuso al escrutinio público y desnudó de argumentos a decenas de secretarios de prensa presidenciales.
Ari Fleischer, primer portavoz de George W. Bush, lideró la campaña de correos electrónicos para lograr que la periodista fuera expulsada del selecto grupo de hombres y mujeres que cada día acceden a la Casa Blanca armados con lápiz y papel o blackberrys y portátiles y la despidiese su actual empresa, Hearst Newspapers, donde era columnista desde que se retirara del periodismo diario hace 10 años.
Ejemplos del trabajo de Thomas hay muchos. Por poner alguno: en 2002 tomó la palabra en una rueda de prensa y espetó a Fleischer: “¿Cree el presidente que los palestinos tienen derecho a luchar contra 35 años de brutal represión y ocupación militar?”. Fleischer considera que el final de Thomas es “trágico y triste”, pero que hizo lo que tenía que hacer al anunciar que abandonaba su cargo y su silla.



Comentarios(1)
Le falta al reportaje decir que, en medio de su muy probable demencia senil, esta poco agradecida señora debió recordar cuántos años se vio beneficiada por la comunidad Judía, ya que no fueron pocos los apoyos económicos que recibió. Además, ese no fue el único comentario por el que la dirección de Prensa de la Casa Blanca le pidió que ya no asistiera. Fue muy comentada la frase que, recién entrado Obama hizo ante colegas de varios medios "... maybe the Nazis was not so wrong", palabras muy pesadas para una economía poderosamente influenciada por el capital judío.
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