La cerveza que me da José Luis es roja, una “Oktoberfest Marzen” que sirve en un vaso que mandó traer de Viena. 

Antes de darle el primer trago, me hace una confesión.

La cerveza que estamos por probar está apenas en su etapa de
“lagering”, que es cuando se almacena a baja temperatura para su maduración y aclaración. No será hasta dentro de dos semanas cuando alcance su madurez y desarrolle a plenitud su carácter.

José Luis Calderoni no es un barman. Tampoco es un empleado de una empresa cervecera ni un ejecutivo de una industria trasnacional de bebidas.

Solo tiene 22 años, está en la universidad y la cerveza roja que me sirvió la elaboró en la comodidad de su cochera.

“La hice hace un mes, la fermenté dos semanas, todavía no está en su punto, le falta madurar, pero pues la saqué para que la probaran”.

Hay que admitirlo, para ser una cerveza “inmadura” es mejor que muchas de las que he probado.

EL ARTE DEL CERVECERO

“Un cervecero artesanal es como un artista”, dice José Luis orgulloso. 

“La cerveza artesanal no viene de máquinas, viene de las manos de artistas que están metiéndole pasión a un producto porque ellos quieren compartir con la gente”.

Pero para hacer una Oktoberfest como la que estamos degustando, hasta el más rudimentario cervecero necesita de un equipo básico.

En plena sala, José Luis despliega los instrumentos que le ayudan cada sábado a experimentar con sabores, olores y consistencias para hacer su bebida favorita.

Maltas, lúpulos, un macerador, un molino, ollas de cocimiento, mash paddle (paleta de madera), chiller o enfriador, barriles, entre otras cosas, son parte del equipo que nos muestra. 

Además nos habla de tiempos de fermentación, mediciones de registros, bacterias, mostos y levaduras.

Y es que José Luis no es ningún improvisado.

A los 18 años probó su primera cerveza “seria” en Alemania -una Paulaner de trigo- y a partir de ese momento descubrió su vocación.

Después de leer e informarse sobre todo lo que hay que saber de cerveza artesanal, quiso llevar su
hobby más allá e intentó tener estudios formales sobre el tema. Así que decidió trasladarse a Chicago a estudiar un diplomado en tecnologías cerveceras en el prestigioso Siebel Institute of Technology.

Pero no todos los cerveceros artesanales buscan hacer de este pasatiempo una forma de vida. 

De hecho José Luis es el fundador y presidente de una agrupación que reúne a seguidores de esta práctica. La llamaron los Regios Maltosos.

Al poco tiempo de llegar a Monterrey, José Luis se dio cuenta de que no estaba solo. Mientras estudiaba en Estados Unidos, un ejército de cerveceros caseros regiomontanos ya llevaba camino recorrido en este pasatiempo.

LOS REGIOS MALTOSOS

Se podría decir que los Regios Maltosos son un grupo de rebeldes. 

Al platicar con ellos se percibe una actitud de inconformidad. Según los Maltosos, la cerveza que venden en la
mayoría de los restaurantes, bares y tiendas tiene un sabor a "agua mineral".

Es por eso que poco a poco han ido llenando el mucho o poco espacio que tienen en su casa con sus kits cerveceros.

Las cocinas, cocheras y hasta las salas de estos hombres ahora son laboratorios en los que buscan encontrar la receta ideal; un producto del que puedan decir orgullosos: "Yo lo hice".

Y para eso se reúnen cada mes, para presentar sus creaciones y escuchar lo que los otros tienen que decir sobre su producto.

En cada reunión José Luis, como fundador y presidente, habla de un tema específico y técnico. En esta ocasión se discute sobre "los errores más típicos en los sabores".

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