Durante muchos siglos, creímos que entendíamos algo cuando se nos ofrecía una explicación de algún fenómeno que parecía coherente.
Ahora, decimos que entendemos algo cuando tenemos un modelo (generalmente matemático) del comportamiento de un fenómeno y si ese modelo puede predecir su comportamiento actual y en el futuro.
Esta nueva perspectiva cambió al mundo para siempre; gracias a ella, fue posible descubrir que muchas “verdades obvias”, eran no solo falsas, sino absurdas (como la idea de que la Tierra era el centro del universo... por cuya defensa casi se quema vivo a Galileo).
Uno de los grandes descubrimientos realizados en el siglo 20 es que la eternidad no existe, cuando menos en este universo. Todo tiene un origen y un final (desde el más miserable de los insectos hasta las estrellas y el universo mismo).
Ahora conocemos datos exactos sobre el mundo: por ejemplo, el cosmos nació hace 13 mil 730 millones de años (con un error de más o menos 120 millones de años) y la Tierra tiene 4 mil 540 millones de años (con un error aproximado de 45 millones de años). Otros números son menos precisos.
Sabemos que existía la vida hace unos 3 mil 500 millones de años, y es muy probable que existiera incluso hace 3 mil 800 millones de años, pero no sabemos cuándo apareció por primera vez, ni siquiera de una manera razonablemente aproximada.
Lo mismo ocurre con otros números astronómicos. Hasta hace poco, en casi todas las enciclopedias se indicaba la velocidad orbital del Sol alrededor del centro de la galaxia como 250 kilómetros por segundo, y cada vuelta alrededor del centro galáctico tomaba unos 250 millones de años.
Ahora sabemos también que estamos a unos 15 años luz por encima del plano general de la galaxia (cada año luz equivale a unos 9 mil 461 millones de kilómetros, es decir, unas 63 mil 240 veces la distancia que nos separa del Sol y que una bala de pistola recorre en unos 18 años).
La velocidad orbital actual del sistema solar alrededor del centro de la galaxia es de 234 kilómetros por segundo.
Sabemos otras cosas más sobre el Sol y la Tierra. Aparentemente, el Sol nació en una “incubadora celeste”; casi todas las estrellas nacen en zonas ricas en polvo y gas, como la Nebulosa de Orión. Son raras las estrellas que nacen solas.
Aparentemente, nuestro Sol fue una de más de mil estrellas que se formaron más o menos al mismo tiempo y probablemente esta nube estelar permaneció unida por la gravedad durante algunos millones de años antes de dispersarse.
En los últimos años, los astrónomos han desarrollado técnicas para buscar a los hermanos perdidos del Sol.
Las estrellas que se formaron junto a la nuestra seguramente tienen la misma proporción de hierro, oxígeno, carbono y otros elementos que existe en nuestra estrella. Estas estrellas deberían tener una órbita similar a la nuestra.



Comentarios(1)
Muchìsimas gracias por compartir Don Enrique, realmente es muy poco lo que sabemos.
nos damos a la tarea de imaginar, creer a pie juntillas, pues pocas veces tenemos a nuestro alcance los conocimientos amablemente compartidos, fundamentados en bases cientìficas, tal còmo lo hace usted.
millones de estrellas luminosas para usted!
la gata roja
Post new comment