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Al terminar de leer esto te cuestionarás si tu libro favorito fue escrito en su totalidad por tu autor preferido, o si la letra de la canción que tantas emociones te evoca fue terminada o creada por una pluma alterna. 

Los escritores fantasma, escritores negros o “ghost writers” son profesionales contratados para trabajar bajo las sombras, pero tienen el talento de cualquier autor de renombre. A veces se les considera en los créditos como “colaboradores”; pero oficialmente no son catalogados como “autores” o “creadores”.

Algunos son contratados por políticos para realizar sus autobiografías o por novelistas para el apoyo de algunos de los personajes. 

“Enigma” es la palabra que mejor los describe. El misterio los rodea e incluso -en algunos casos- los vuelve más atractivos que el propio autor original.   

El término “escritor negro” fue utilizado en 1845 por el escritor y periodista Eugène de Mirecourt en contra de Alejandro Dumas y Compañía, quien lo balconeó de la siguiente manera: 

“Rasque un poco en la piel de Dumas y encontrará al salvaje. Come patatas que saca ardiendo de la ceniza del fogón y las devora sin quitarles la piel: ¡un negro! Como necesita 200 mil francos al año, alquila desertores intelectuales y traductores a salario que los degradan a la condición de negros que trabajan ¡bajo el látigo de un mulato!”. 

Mirecourt desprestigió a Dumas por firmar como “autor exclusivo” en novelas como “Los Tres Mosqueteros” y “El Conde de Montecristo”, cuando en realidad se sabe que también participó la pluma de Auguste Maquet. 

Y es que reivindicar el trabajo de los escritores fantasma es un arma de doble filo para los autores que sí aparecen en los créditos. Revelar su participación representa una amenaza para muchos escritores, a pesar de que con el apoyo de sus fantasmas las ventas de sus libros se disparan junto con sus carreras. 

El trabajo de los “ghost writers” es un secreto a voces, pero esto no es nuevo. 

Miguel Ángel no podría haber hecho él solo La Sixtina; las exitosas series de televisión tienen un extenso equipo detrás de sus guiones. Mozart fue contratado para ser un músico fantasma y crear partituras para hacer parecer que los aristócratas de la época eran seres dotados. 

La credibilidad de los grandes se pone en duda, la majestuosidad de las firmas es compartida, el talento proviene de varias fuentes y la magia que nos hace soñar, a veces, es un mito. 

¿Es acaso ético que el autor se apropie del talento y la pasión de otros? ¿Será que para ser un gran autor, se tiene que contar con el apoyo de otro a sus espaldas? 

En algunos casos se podría decir que sí, aunque la pregunta es abierta y a la espera de que cada uno de nosotros la reflexione e interprete.  

EL PAPEL DEL FANTASMA

Nivela la balanza entre autor y narrador, esa balanza que en ocasiones se inclina hacia donde el peso del egocentrismo y el talento mismo del creador se carga. 

Un escritor fantasma borra líneas indelebles y enciende llamas distintas a las del propio autor, creando un trabajo de sinergia entre la imaginación del maestro y su apoyo; una fusión entre la idea principal que comienza con una historia y en lo que se convierte cuando se imprime o publica. 

EN LA SOMBRA