Durante varios días Kevin Fetter, encargado de limpieza de una gasolinera en Ontario, siguió la órbita de un objeto no identificado en el cielo de su natal Brockville. Ahí, Kevin pasa las noches sin que muchos autos lleguen a la gasolinera. Tiene tiempo de mirar al cielo.
La noche del avistamiento, con su telescopio conectado a un DVD, Fetter grabó los movimientos del objeto y los subió a Heavens Above.
De inmediato, otros comenzaron a observar su ubicación y altitud.
La red de aficionados encontró que el objeto seguía una línea bastante peculiar: Irán, Irak y Afganistán.
También pasaba por las dos Coreas, países que hoy se encuentran de nuevo en conflicto álgido.
Y aquí es cuando la historia de Kevin se pone cálida. Su indiscreción llegó a oídos de las autoridades espaciales del gobierno de Estados Unidos. El objeto resultó ser un satélite espía que vigila una de las zonas más bélicas del planeta.
Gary E. Payton, secretario de programas espaciales de la Fuerza Aérea, tuvo que decirle a The New York Times que el objeto era en realidad un satélite de "apoyo", lanzado desde Cabo Cañaveral el 22 de abril y bautizado como X-37B.
El oficial militar agregó que la nave de 5.5 toneladas, tiene celdas solares, no lleva armas y es parte de un programa de satélites espías. Sin embargo, matizó Gary, su misión no representa "capacidades de ofensiva".
Pero su trayectoria y la secrecía con la que fue lanzado, hacen pensar que los fines del X-37B en realidad no son pacíficos. Jonathan McDowell, astrónomo de Harvard, afirma que es la primera vez que el gobierno de EU realiza un lanzamiento espacial rodeado de misterio y falta de información.
A 410 kilómetros por hora, en una órbita que tarda 90 minutos en dar la vuelta al planeta, el X-37B se ha convertido en todo un fenómeno para los astrónomos amateurs.
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