Por Pablo Guimón
Escuchar a Naj-wa es cautivador. Salta de un tema a otro. De ese mundo suyo al mundo de aquí y ahora.
Es todo menos superficial, pero no exactamente intensa. No se da demasiada importancia, se ríe de sí misma. Reconoce que con la madurez ha ganado sentido del humor.
Nimri, de madre vasca y padre libanés, nacida en Pamplona el día de los enamorados de 1972, tiene dos vidas: una en el cine y otra en la música.
Descubriendo El Último Primate
Cuando Najwa habla de su disco parece que hablara de una conspiración fabulosa. Lo opuesto a un trámite. Algo muy alejado de la rutina de componer, ensayar y grabar. Un proceso anárquico, lleno de giros bruscos y de decisiones trascendentales.
Primero, decidirse a cantar en español: “Me daba pudor. Pudor del de ponerme roja. Con el inglés estaba a salvo. Pero sentí que era el momento de salir del cascarón, y estoy muy contenta de haberme atrevido”.
Los colaboradores, y esto es una constante en el mundo de Najwa, tienen que ser almas complementarias.
El pianista Alfonso Pérez, el guitarrista Javier Pedreira, el baterista Borja Barrueta. Y Peter Wolf, productor, fugaz marido de Faye Dunaway y compañero de habitación de David Lynch en la escuela de arte, con quien Najwa mezcló y grabó efectos en Londres.
El resultado, claro, no es precisamente un disco fácil repleto de canciones pop. A todo el mundo le acababa fascinando el sonido, pero en la compañía me decían que no tenían ni idea de cómo vender ese disco. ‘¿Y eso es bueno o malo?’, preguntaba yo.
Tres años criando un dios noble
Najwa tiene tres años sin un solo
estreno, algo raro en su carrera.
Tres años en los que se ha dedicado,
dice, “a grabar y a criar a mi hijo”.
Su hijo tiene cinco años y se llama
Teo Nabil. Teo, “dios” en griego, y Nabil,
que quiere decir “noble” en árabe
(y “yo ando” en vasco).
Un niño al que mata a besos,
de quien dice que es “una madre
amiga”, y en quien ha encontrado
incluso un sorprendente
complemento a su propia
personalidad: “Teo es súper abierto,
sociable, educado…
como muy maduro”.
De la pantalla grande al búnker
Ahora se siente más cómoda como actriz. “Me está costando mucho menos interpretar”. Algo sorprendente para una mujer que tiene en su filmografía películas como Los Amantes del Círculo Polar, Abre los Ojos y Lucía y el Sexo.



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