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Por cada dólar que gana el dueño de un casino, la sociedad debe gastar seis a consecuencia de los daños colaterales que provoca. 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la ludopatía es una enfermedad progresiva, incurable e incluso mortal. Se estima que 20 por ciento de quienes la sufren intentan el suicidio. 

Pero los daños se expanden. Cada ludópata perjudica a por lo menos 20 personas más a su alrededor. El 90 por ciento de ellos acaba con su patrimonio y recurre al robo, estafa o desfalco para seguir jugando. 

En este juego, la casa siempre gana y la sociedad pierde. Entre 50 y 70 por ciento de los ingresos permanentes de los casinos y las salas de apuestas provienen de los ludópatas. 

Se tiene proyectado que la ludopatía afectaría a por lo menos 5 por ciento de la población adulta en México para 2030. 

Si no se actúa hoy, en la coyuntura del incendio provocado en el casino Royale de Monterrey, la ludopatía seguirá destrozando no solo la vida de los aficionados al juego, sino la de las personas que los rodean. 

En esta edición de Piensa Indigo te decimos cómo se transforma la afición al juego en un trastorno de control de impulsos, con los daños que ocasiona en la sociedad.

 

Eran las siete de la noche y los elementos de rescate aún no terminaban de sacar los cuerpos de las personas que perecieron en el incendio del casino Royale la tarde del 25 de agosto, en la ciudad de Monterrey.

A pesar de los lamentables hechos, testigos aseguran que durante la tarde-noche algunas señoras llegaban a otros casinos preguntando si ese lugar sí era “seguro” para jugar.

Su afición por el juego, las maquinitas y el bingo era más fuerte que su instinto de supervivencia. Al parecer no conocían el temor, ni siquiera su capacidad de asombro las hizo titubear al acercarse a los casinos.

Al día siguiente de la tragedia, algunos centros de apuesta permanecieron abiertos y con una considerable asistencia. A lo largo de la jornada también se pudieron observar algunas personas muy molestas por el cierre de su casino favorito; unos en señal de luto y otros simplemente por precaución.

No cabe duda que la afición por el juego en nuestro país se ha incrementado considerablemente, al grado de que muchos individuos lo padecen como un problema fuera de control.

Sin temor a caer en la etiqueta de jugador “patológico”, es común que cualquier persona compre un boleto de lotería, juegue en una maquinita en Las Vegas o apueste en una quiniela en el estadio de futbol. Pero cuando este gusto o diversión se convierte en una necesidad imperiosa difícil de frenar, hablamos de ludopatía o juego patológico: un trastorno de control de impulsos.

En estos casos, las personas experimentan tensión y/o ansiedad que además de ir en aumento, generan una molestia que se vuelve obsesiva, entonces el individuo concentra sus pensamientos en actividades o lugares donde puede apostar o realizar juegos de azar.

Esta ansiedad no se disminuye hasta que la persona lleva a cabo la acción de jugar o apostar. Todo esto se incrementa aún más en momentos de estrés o en situaciones de conflictos personales.

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