El desarrollo tecnológico, al igual que cualquier otra gran empresa humana, involucra eventos inesperados que, con frecuencia, cambian la forma de los resultados finales.
En más de una ocasión, esos accidentes pueden descarrilar o retrasar el desarrollo de algo que ya sentíamos a nuestro alcance.
Uno de los grandes temas del siglo 21 es el de la energía: el desarrollo de sistemas de generación por medio de viento, mareas, hidrógeno e incluso la luz del Sol (por mencionar algunas de las fuentes alternativas más populares) parece sencillo.
Todo mundo se pregunta por qué no hemos abandonado al petróleo como fuente primaria de energía.
Después de todo, basta con colocar fotoceldas o molinos de viento con generadores en lugares con mucho Sol y mucho viento, y conectarlos a la red eléctrica general.
Si no se han desarrollado estos sistemas a una escala mayor seguramente es por la brutal ambición de las compañías establecidas (sobre todo las petroleras) y por la ceguera voluntaria de los gobiernos del mundo, con quien están indisolublemente coludidos.
Desde luego, no voy a negar que puede haber algo de cierto en los dos últimos cínicos renglones del párrafo anterior (basta con acordarse de la extraña Guerra del Golfo, para la cual nunca hubo una justificación medianamente decente).
Existen problemas que retrasan el desarrollo de estas tecnologías “verdes” y estas situaciones no tienen que ver con la falta de decencia o visión de grandes corporaciones o gobiernos, sino con aspectos que involucran tanto a la física como a la economía.
Uno de los grandes problemas que plantea la energía “verde” es que casi todas sus fuentes son intermitentes.
El Sol, el viento o las mareas no están disponibles las 24 horas del día.
Otras fuentes renovables, como las aguas negras procesadas con celdas de combustible, que convierten en electricidad la energía de la reacción química entre las sustancias orgánicas de esa agua y el oxígeno del aire, siempre están disponibles.
A esto hay que agregar que casi nunca existe una fuente masiva de energía (como las centrales clásicas, que en una sola instalación gigante pueden generar energía suficiente como para una ciudad entera).
El problema técnico que involucra el “amortiguar” el efecto intermitente de estas fuentes para garantizar un suministro uniforme de energía eléctrica es perfectamente soluble, pero no es barato, y lo mismo ocurre con la fragmentación en la producción.
Las compañías eléctricas de EU están construyendo sistemas que miden el consumo de cada usuario y la hora en que realizan el consumo.
Obviamente, si consume usted electricidad cuando se está produciendo mucha en una “granja” de molinos de viento, su costo será diferente que cuando lo hace en la noche o en un día calmo, cuando el viento no sopla.


Sr Enrique Gamen, me encantan sus comentarios y articulos, GRACIAS por compartir su pensamiento y reflexion!