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La nueva capital de la astronomía mundial se ubica a más de 5 mil metros de altitud en el inhóspito desierto de Atacama, en Chile.
Es en el valle de Chajnantor donde se está construyendo desde 2004 la empresa astronómica más ambiciosa en la historia de la humanidad: el observatorio terrestre Atacama Large Millimiter/submillimeter Array (ALMA), cuya ambiciosa aportación es ayudarnos a comprender el origen del universo.
ALMA observará el universo usando longitudes de ondas de luz milimétricas y submilimétricas, que son más poderosas que la de los telescopios ópticos y de luz infrarroja. Esto les permitirá a los científicos ver galaxias que se encuentran en el amanecer cósmico, es decir, a unos cuantos millones de años después del Big Bang.
Con ALMA se podrán ver partículas a 13 mil millones de años luz de distancia y comprender de una mejor manera el origen del universo.
Por obvias razones, el interés de la comunidad científica ha sido total. Para su programa de ciencia inicial, Thijs de Graauw, el director de ALMA, solo pudo aceptar 100 proyectos de los más de 900 que recibió. Este centenar de proyectos -que incluyen investigaciones del Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics, la Universidad de Tokio y la Universidad de Chile- ocuparán los primeros nueve meses de uso de este telescopio.
Construir el observatorio más poderoso del mundo no es cosa de unos cuantos días. Pese a que ALMA "abrió los ojos" el pasado 3 de octubre con alrededor de 12 antenas -cada una de 12 metros de diámetro- será hasta 2013 cuando se termine la construcción de las 66 antenas que le darán todo su poder.
Estas 66 antenas le darán una capacidad de observación combinada como si se tratara de una sola antena de 14 kilómetros de diámetro.
Queda mucho por hacer en el valle de Chajnantor, pero vale la pena ir conociendo lo que se está haciendo con ALMA porque desde ahí se revelaran los más importes secretos del universo en los próximos 50 años.
Entrevista con Thijs de Graauw, director de ALMA



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