Lo conocí hace 18 años, en el despuntar de los 90, cuando lo invité a unirse al grupo de periodistas fundadores del periódico Reforma en la Ciudad de México.
Le propuse que creara un espacio coloquial diario, muy distinto a la columna semanal que publicaba entonces en otro diario de la capital. No la pensó dos veces. Se emocionó y dándole un trago a su jaibol en el San Ángel Inn, dejó caer esa traviesa sonrisa de “ya la hicimos”.
De su prodigiosa creatividad salieron en unos minutos mil y una ideas que terminaron de concretarse en su ahora famosa Gaceta del Ángel. Desde su debut, el 20 de noviembre de 1993, se volvió una deliciosa lectura obligada.
Su estilo incisivo, pícaro, irreverente, familiar, como el de la plática del tío o del abuelo que dispone de cientos de anécdotas, fue conquistando día con día la mesa del desayuno.
Su prosa y su anecdotario sedujeron y conquistaron lo mismo al ama de casa, que al estudiante, el ejecutivo o el político que ya lo detenían en la calle para preguntarle por la Tatcher, la Hillary, el Bucles o la Tractor.
Desde entonces comenzamos a tejer una amistad entrañable que se fortaleció en lo personal, en lo familiar y en lo profesional. Compartimos los encuentros y también los desencuentros con la vida.
Nuestras frecuentes comidas en La Taberna del León solían ser el cónclave divertido de dos perversos conspiradores que intrigábamos entre carcajadas.
Y es que para cuando llegaba a la mesa, Don Germánico –como le llamo- ya venía infectado de la adrenalina que le contagiaban decenas de mujeres que embelesadas lo escuchaban y lo cuestionaban en sus talleres de literatura.
Sabían todas que tener al Capitán Alatriste como maestro no era asistir a un curso de literatura. Sus pláticas suelen ser inagotables lecciones de vida encapsuladas en un interminable anecdotario de personajes, citas y lugares. Un don que solo pueden compartir aquellos que viven a plenitud cada instante de su existencia.
Su espíritu guerrero y libertario se manifestó en el boicot que los voceadores le impusieron en 1994 al periódico Reforma. Y con su poderosa y convincente pluma armó un ejército de voceadores ciudadanos.
Durante semanas, como otros tantos periodistas del diario, cada mañana ocupó los territorios de la avenida Insurgentes para vender con sus “soldados de la libertad” miles y miles de ejemplares de un diario que con esa batalla liderada por el Capitán Mil Horas, terminó de instalarse como referente obligado.
Como referente lo fueron también sus sátiras político-musicales con las que por años nos deleitó todos los fines de semana en La Planta de Luz, ese rincón donde pernoctaba su entraña bohemia, poética y romántica. Ahí se aparecía su otro yo, personificado en un Beatle que seduce a su Penny Lane.



Comentarios(2)
El maestro Germán Dehesa es el protohombre actual. El ideal de ciudadano moderno. De Ser Humano actuante y congruente, comprometido y responsable, crítico pero convincentemente propositivo, de caracter firme pero con unn sentido del humor que raya en lo pasmoso...
Sabedores de su enfermedad terminal, no nos queda más que agradecerle. Cualquier homenaje en vida, sabedores de su enfermedad, es lo mìnimo que como sociedad debemos hacer para agradecerle lo mucho que nos ha enseñado...Agradecerle todo, pues de él aprendí aquello de que: "Nunca es bien nacido, quien no es agradecido".
Un icono de la buena lectura. Felicidades Sr.Dehesa.
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