En la última década, el documental se ha hecho de un merecido espacio en la cartelera mexicana. Todo inició, en buena medida, con Una Verdad Incómoda de Al Gore y los trabajos de Michael Moore. Más allá de la polémica de Presunto Culpable, casos como En el Hoyo y la gira Ambulante dejan claro que es un producto fílmico que el público ya disfruta.

Su importancia es innegable. El documental es en México y en el mundo, un vehículo de educación y concientización. Una voz que no se queda callada ante los problemas sociales, económicos y políticos de un país y que se atreve a buscar eco en millones de personas más y que contrapone o se enfrenta al status quo, la creencia arraigada o los poderes fácticos.

Así lo hizo Michael Moore con Roger y Yo, Bowling for Columbine y Fahrenheit 9/11. Así lo ha hecho Pino Solanas en Argentina desde hace un par de décadas, también cada uno de los filmes y cineastas que conforman la gira Ambulante, hablando de La Pesadilla de Darwin en África a Cocalero y Evo Morales en Bolivia. Llamados de atención sobre realidades mucha veces desconocidas o desatendidas, en el peor de los casos ignoradas por ciertas clases sociales.

Países que viven un reacomodo social o un despertar colectivo respecto a manifestarse y discutir públicamente ciertos temas hasta antes prohibidos (dependiendo del país y de la época, las temáticas pueden ser distintas).

El documental es un creador de conciencias colectivas, provocador de acciones sociales y generador de discusiones de la agenda nacional que en países como el nuestro resultan de una necesidad apremiante.

Por ello el documental es un pretexto para hacerlo, para llevar esta voz a más personas. Siempre lo ha sido, la única diferencia es que al menos en México, finalmente comienza a tener un mayor espacio de difusión en la cartelera comercial.

Ahí está lo ocasionado por Presunto Culpable. Una necesaria discusión nacional sobre el estado del sistema de justicia en nuestro país, sobre la impunidad y el abuso de poder. Más allá de la polémica sobre su supuesta censura en salas y los dimes y diretes legales presentados a favor y en contra, Presunto Culpable fue un filme que hizo que cientos de miles de mexicanos pudieran hablar de lo mal que está el sistema y buscar así un cambio.

En anteriores visitas al Festival Internacional de Cine en Guadalajara tuvimos oportunidad de ver documentales de calidad.

Desde la inspiradora historia de Don Enoc Fuentes en El Viaje del Cometa (el reportaje que realizamos al respecto, Una lección de vida… y de astronomía) hasta las clases de historia y ejemplo de vida de Don Gilberto Bosques en Visa al Paraíso (la portada en Piensa Indigo, El Schindler Mexicano) sin olvidar los comentarios a lúdicos y mexicanísimos retratos como el de Vuelve a la Vida en el Festival Internacional de cine de Morelia o la entrevista a Juan Carlos Rulfo y Carlos Hagerman por Los Que se Quedan.

Este año, ante una selección de películas mexicanas de ficción en competencia dispareja, fueron de nuevo los documentales los que alzaron la mano para demostrar su enorme valor.

Propuestas de fondo y forma que se asoman a temas de discusión pendiente o necesaria o que proponen maneras nuevas de contar historias verdaderas.

Miradas crudas y valientes que nos permiten comprender mejor nuestra historia, nuestra realidad y entorno, que nos critican como sujetos o sociedad, que nos llevan a polemizar y a hablar, a manifestarnos, a crecer como país.

En los siguientes meses, es probable que estos documentales estrenen comercialmente o se integren a la gira Ambulante (El Cielo Abierto de Everardo González ya es parte de la actual edición) y que cada vez más gente los pueda ver.