La actriz y autora Darina al Joundi es una bomba. Y el libro basado en su vida, una pura deflagración. Sobre los conflictos de su país, Líbano; sobre los daños visibles e invisibles de una guerra; sobre la desigualdad y la intolerancia que crecen en lo público y la desesperación que arrasa en lo privado.
Se titula El Día que Nina Simone Dejó de Cantar. Ese día fue aquel de enero de 2001 en que su padre, su referencia, su guía, murió. Y en sus páginas se encuentran párrafos como este:
“¿Y ahora qué hago? ¿Quién me va a proteger de estos monstruos? Eres tú quien me lo ha enseñado: ‘Ten cuidado, hija mía, todos los hombres de este país son unos monstruos con las mujeres. Están obsesionados por las apariencias, están maniatados por las costumbres, están corroídos por Dios, están devorados por sus madres, están mortificados por la pasta, se pasan la vida ofreciéndole el culo en bandeja al buen Dios, se bajan la bragueta como si armaran una metralleta, sueltan su sexo sobre las mujeres igual que si les lanzaran un pitbull. ¡Son unos perros!”.
Ella es libanesa, hija libre de un padre aún más libre; atea educada en colegios de tres religiones distintas (hebrea, musulmana, católica); actriz desde la cuna.
Darina al Joundi es explosiva en la ficción. Y en la realidad.
“¿Qué si añoro a mi padre? Pero si él está conmigo; a él le pregunto, le cuento… sus comentarios están siempre presentes. Yo hablo a los muertos, no vivo la muerte como tragedia; vives diferente si eres consciente de que la muerte está ahí, pegadita a ti”.
Él educó a Darina en los valores del laicismo y la libertad. Y ella se empapó de enseñanza. “El libro no narra mi vida de forma literal, he mezclado, unido, dramatizado y modificado la secuencia de acontecimientos. Ha sido como coger piezas de lo sucedido y juntarlas. Crear una ficción real. Porque todo es verdad: que me drogaba, que le contaba mi vida sexual a mi padre, que buscaba con fruición el peligro y la muerte…”.
Entre el sexo y la guerra
¿Sexo? abunda en su libro, desde la enumeración de sus muchos amantes hasta la adicción que suponía practicarlo bajo las bombas (“Si vamos a morir, qué más da”).
¿Y la guerra? Dice que es responsabilidad al 50 por cierto de su país. Desde que salió de Líbano ha vuelto una sola vez, en 2006: “La situación es rara ahora. Hay parte de la población que vive como en guerra, pero sin haberla, con la misma desesperación. Se necesita un psicoanálisis colectivo nacional. No ha superado su historia. Hay algunos políticos que hablan de laicismo, que es la única solución, pero nadie escucha”.

