Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, el poder atómico era una pesadilla.
Una sola bomba hizo en Hiroshima un trabajo que, de otra manera, habría requerido a 2 mil bombarderos B-29.
Diez años después, existían armas mil veces más poderosas y no había un límite teórico para su poder. Parecía que el poder nuclear se comería al mundo en cuestión de unos pocos años.
El 27 de junio de 1954, la Unión Soviética conectó la Planta de Obninsk a la red eléctrica; por primera vez, un reactor nuclear comenzaba a producir electricidad en forma comercial.
La primera planta, de solo cinco megawatts, fue rápidamente seguida por otra, y otra más.
En 1955, Estados Unidos promovió la “Primera Conferencia de Ginebra” sobre el uso pacífico de la energía nuclear. El mismo año nació la Agencia Internacional de la Energía Atómica, destinada a asegurar el buen uso de la tecnología nuclear en el mundo.
En poco tiempo, la relación entre el átomo y la sociedad civil comenzó a mejorar. Los reactores parecían la fuente ideal de energía: una sola planta grande producía más energía que muchas plantas convencionales, era más barata de operar, su mantenimiento era más económico y casi no requería cambios de combustible nuclear.
Además, de su interior podían extraerse materiales de valor médico incalculable, como cobalto radioactivo empleado para el tratamiento del cáncer.
Otros materiales radioactivos, en cantidades diminutas, servían para diagnosticar otras enfermedades, para detectar grietas microscópicas en piezas de metal de uso rudo (como los álabes de una turbina) y hasta para rastrear el camino que siguen ciertas sustancias en el ecosistema (como los insecticidas).
La radioactividad controlada podría ser empleada para esterilizar alimentos sin afectar sus cualidades, como cuando los hierve.
También serviría para quitarle el polvo a los discos musicales (una vez vi un cepillo para remover el polvo de discos de acetato que tenía unos granitos “enriquecidos” con polonio radioactivo).
En la segunda mitad de los 50, aparecieron artículos en revistas populares que hablaban de la posibilidad de construir pequeños generadores, del tamaño de un frigobar, que podrían alimentar con electricidad a un hogar por décadas enteras.
En los años siguientes, varios países hicieron inversiones enormes en la energía nuclear.
Francia, llegó a generar más de 90 por ciento de su electricidad por medios nucleares (en la actualidad el porcentaje es 78.8).
El 26 de abril de 1986, la relación conyugal se echó a perder. Uno de los cuatro reactores de la planta nuclear de Chernobyl, en Ucrania, estalló en forma violenta durante una prueba mal planeada. En los meses siguientes, más de 366 mil personas tuvieron que ser evacuadas permanentemente.



Comentarios(1)
Entonces ¿cómo entender la polémica insistencia de parte de Estados Unidos, Israel y compañía en que Irán detenga su programa nuclear? ¿Son los iraníes la encarnación del diablo que quiere apoderarse del mundo, disfrazando sus oscuras intenciones de un inocente proyecto de moderna generación de electricidad por la vía atómica? ¿O realmente lo único que buscan es incrementar su capacidad de generación energética mediante la más eficiente tecnología? Desde el punto de vista técnico, ¿qué opinas?
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