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Opinión
Puntos sobre las íes

Es la novena vez que le pasa en sus magros dos primeros años de gobierno. Jaime “El Bronco” Rodríguez ya acumuló motín tras motín en los penales de Nuevo León.

Van 73 muertos. Un promedio de tres mensuales. Endosan las tragedias a la falta de control en los centros penitenciarios de Topo Chico y Cadereyta. Falso.

Esos penales sí tienen control. Le pertenecen al crimen organizado, no al gobierno del Estado ni al federal.

Si se quiere entrar en ellos hay que pedirle permiso a los capos que adentro dominan todos los negocios que giran en torno a los reclusos.

Se les cobra a sus familias por introducir comida, ropa, celulares, droga. Hay cuotas por visitas conyugales o no conyugales, por privilegios como tener televisión, computadoras, camas y espacios especiales.

Y ese es el único control que tiene el gobierno de El Bronco. El de que alguien que se dice enviado del gobierno del Estado colecta cada semana un portafolio con las utilidades que les generan esos negocios.

Y se admitan o no, cada penal está asignado a uno de los dos cárteles que dominan en el noroeste de México. Uno para los del Golfo y otro los Zetas.

Tras el último motín en Topo Chico, algunos de los reos problemáticos fueron trasladados al de Cadereyta.

Y la coexistencia de quienes eran enemigos afuera, estalló en violencia entre los que nunca debieron mezclarse adentro.

Desde octubre 13 del año pasado en que se dio el último motín en Topo Chico, en los días del primer informe de El Bronco. Los últimos dos motines se dieron en Cadereyta.

El cartel que exhibieron los amotinados diciendo“No Z ni Noroeste” deja claro quiénes buscan preservar el control.

Tras el penúltimo motín en Cadereyta, en marzo 28, una comisión de diputados anunció que acudiría a revisar personalmente la crisis penitenciaria visitando los penales.

El intento fue abortado porque el entonces secretario de Seguridad, general Cuauhtémoc Antúnez, no les garantizaba a los diputados su integridad física. La confesión era obvia: los reos son los dueños.

Dicen que la operación de los penales por el crimen organizado no es nueva. Vienen de unos dos sexenios atrás. Cierto. Pero nunca con tanto descontrol como ahora.

Cuando El Bronco asumió como gobernador independiente tenía muy claro el diagnóstico y prometió el remedio en un año.

 Había  que hacer una purga de reos y retomar el control de los penales con tecnología y una más estratégica operación.

Nada sucedió en 24 meses. Van dos procuradores, dos secretarios de Seguridad, dos directores penitenciarios, la crisis está peor.

Y en el contexto político de la partida de Jaime Rodríguez para irse a buscar la presidencia 2018, emerge la pregunta obligada.

¿Puede aspirar a ser presidente de México quien es incapaz de poner orden en un par de penales de la tierra que dice gobernar?

No hay que ser experto para decir que no.

El Bronco demuestra que es candil de dos penales y oscuridad de la Patria. 

¿Le endosamos la presidencia del país?


* Esta opinión no refleja la del periódico

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